Un verano como otros, pero distinto. Las temperaturas elevadas, la humedad agobiante, el sopor insoportable fueron y son una versión del clima que se repite. Lo que lo está haciendo distinto son las pocas tormentas: esta vez ha caído menos agua que otros años. Hay lugares en Tucumán -como en gran parte del país- afectados por la sequía, en especial las zonas este y sur de la provincia. Pero la lluvia caída en nuestras ciudades y los efectos corrosivos de una humedad ambiental inclemente han sido suficiente para que "reaparezcan" o se "visibilicen" destrozos en los pavimentos, el crecimiento explosivo de la maleza y matorrales por todas partes, especialmente en los sitios más descuidados. Podría decirse que estas inclemencias forman parte de nuestra idiosincracia. La pregunta entonces es: ¿por qué los gobiernos (municipal, provincial y nacional) y organismos con responsabilidad en la prevención y el cuidado de las obras y los activos físicos de la provincia y la calidad de vida de los comprovincianos no incorporan como prioridad y como temas de agenda pública este escenario cíclico? La excepción podría estar en los operativos que se llevan a cabo en la ruta a los Valles, donde la atención a los efectos de las lluvias sí muestran la preocupación oficial. Por estos días, en gran parte de la capital y en la mayoría de las ciudades y pueblos del interior los destrozos de las tormentas agigantaron los baches y roturas que ya se conocían antes del verano en pavimentos, calles, plazas, paseos, accesos. Un caso testigo: la avenida Juan B. Justo en buena parte de su recorrido y los yuyales que se expanden en espacios verdes, esquinas, escuelas, platabandas y en centros educativos o recreativos. Una tarea básica de coordinación entre jurisdicciones y organismos para armar operativos a fin de enfrentar los efectos negativos de la temporada es una respuesta al alcance de la mano. Sería incluso un gesto de defensa a una de las prioridades de la gestión: la política pavimentadora. A menos que las autoridades esperen la advertencia de alguien reconocidamente mediático y con capacidad de multiplicar el reclamo. Y en un punto, los Gobiernos deberían estar agradecidos de que la Providencia no haya provocado más lluvia hasta ahora.
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