07 Febrero 2012 Seguir en 
"Frecuentemente hay personas que salen en defensa del patrimonio histórico, cultural y arquitectónico de nuestra ciudad en una lucha estéril porque las autoridades que deberían de ocuparse obligadamente por preservar estos símbolos culturales ignoran sus obligaciones porque jamás responden o dicen al menos esta boca es mía.
Muchos piden que la casa Sucar y tantas otras de valor arquitectónico no sean demolidas y sean incorporadas al patrimonio del estado provincial. ¿Para qué? ¿Para que se transformen en deposito de papeles viejos de alguna repartición pública?¿ o para que más tarde sea demolida para hacer el estacionamiento de funcionarios?
Sencillamente nuestro gobierno es siempre el gran ausente en preservar la historia, lo que demuestra que para nuestras autoridades lo antiguo es decrépito y por lo tanto descartable, por citar algunos ejemplos, el edificio del ex banco provincia y la mismísima casa de gobierno que presentan un estado deprimente y si no lo creen invito a cualquiera a que vaya a pasear por el subsuelo de este 'palacio de gobierno' y verá en sus corredores miles de cables colgando al descubierto que albergan nidos de aves y de murciélagos, también hay una capilla de la religión católica donde se oficiaban misas y que ahora sugestivamente fue dejada fuera de servicio y es usada para amontonar sillas rotas, papeles viejos y cuanta otra chatarra inventariada que no se deciden a tirar.
Toda esta pobreza cultural sería comprensible que existiera pues no están demasiado a la vista, pero hay otros objetos que existen para ser vistos como los relojes históricos de edificio que están abandonados, que los devora el óxido, la desidia y por qué no la estupidez. Estos objetos deberían lucir como en sus mejores épocas y ser símbolo de cultura y de tecnología de épocas lejanas.
El gobernador Celedónio Gutiérrez, allá por 1830, compró en Europa el reloj para el cabildo (actualmente ubicado en la Iglesia Catedral) con la vocación de traer este objeto que era un símbolo tecnológico del progreso. Seguramente el general Celedónio Gutierrez no imaginó nunca que este símbolo iba a ser abandonado y olvidado hasta quedar convertido en una ruina.
Los otros relojes históricos de nuestra ciudad sufren la misma suerte, por ejemplo el reloj del Parque 9 de Julio, el reloj del correo que parece que en la era de los e-mails ya no le importa a nadie, el reloj del ex banco provincia, el de la ex Italo, los dos relojes públicos de la estación del ferrocarril Mitre. Todos estos objetos, sin lugar a dudas deberían ser el símbolo del prestigio de la ciudad y no mostrar hacia quienes nos visitan esa imagen deprimente del abandono. Si a nuestro gobierno no le alcanzan los recursos económicos para preservar estos objetos cuyo cuidado es relativamente barato, no creo que gasten millones en preservar edificios para que corran la misma suerte de todo lo que compra el estado".
María Carolina Martínez
maria.carol.matinez@gmail.com
A dónde deben dirigirse los lectores
Para enviar fotografías y mensajes a la sección "Lectores dicen" los interesados deben escribir a redaccion@lagaceta.com.ar. Sólo se aceptarán textos e imágenes que no estén escritos con mayúsculas y que consignen nombre y apellido, e-mail, domicilio real y teléfono, aunque sólo serán publicados el nombre y el correo electrónico. LA GACETA.com, de acuerdo al caso, podrá reservarse la identidad de los lectores. LA GACETA ©
Muchos piden que la casa Sucar y tantas otras de valor arquitectónico no sean demolidas y sean incorporadas al patrimonio del estado provincial. ¿Para qué? ¿Para que se transformen en deposito de papeles viejos de alguna repartición pública?¿ o para que más tarde sea demolida para hacer el estacionamiento de funcionarios?
Sencillamente nuestro gobierno es siempre el gran ausente en preservar la historia, lo que demuestra que para nuestras autoridades lo antiguo es decrépito y por lo tanto descartable, por citar algunos ejemplos, el edificio del ex banco provincia y la mismísima casa de gobierno que presentan un estado deprimente y si no lo creen invito a cualquiera a que vaya a pasear por el subsuelo de este 'palacio de gobierno' y verá en sus corredores miles de cables colgando al descubierto que albergan nidos de aves y de murciélagos, también hay una capilla de la religión católica donde se oficiaban misas y que ahora sugestivamente fue dejada fuera de servicio y es usada para amontonar sillas rotas, papeles viejos y cuanta otra chatarra inventariada que no se deciden a tirar.
Toda esta pobreza cultural sería comprensible que existiera pues no están demasiado a la vista, pero hay otros objetos que existen para ser vistos como los relojes históricos de edificio que están abandonados, que los devora el óxido, la desidia y por qué no la estupidez. Estos objetos deberían lucir como en sus mejores épocas y ser símbolo de cultura y de tecnología de épocas lejanas.
El gobernador Celedónio Gutiérrez, allá por 1830, compró en Europa el reloj para el cabildo (actualmente ubicado en la Iglesia Catedral) con la vocación de traer este objeto que era un símbolo tecnológico del progreso. Seguramente el general Celedónio Gutierrez no imaginó nunca que este símbolo iba a ser abandonado y olvidado hasta quedar convertido en una ruina.
Los otros relojes históricos de nuestra ciudad sufren la misma suerte, por ejemplo el reloj del Parque 9 de Julio, el reloj del correo que parece que en la era de los e-mails ya no le importa a nadie, el reloj del ex banco provincia, el de la ex Italo, los dos relojes públicos de la estación del ferrocarril Mitre. Todos estos objetos, sin lugar a dudas deberían ser el símbolo del prestigio de la ciudad y no mostrar hacia quienes nos visitan esa imagen deprimente del abandono. Si a nuestro gobierno no le alcanzan los recursos económicos para preservar estos objetos cuyo cuidado es relativamente barato, no creo que gasten millones en preservar edificios para que corran la misma suerte de todo lo que compra el estado".
María Carolina Martínez
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