05 Febrero 2012 Seguir en 
La Reserva Federal de EEUU (FED) anunció la posibilidad de una tercera ronda de flexibilización cuantitativa, que significa nueva emisión de dólares contra la compra de bonos soberanos. ¿Por qué? Porque Europa no lo está haciendo y toda la carga está recayendo sobre el Banco Central Americano. El mercado se acostumbró a esperar dos cosas: un permanente desacierto europeo y su correspondiente neutralizador desde la FED.
Cada error de política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) fue neutralizado por un acierto de Ben Bernanke (titular de la FED). Europa hace política monetaria como si el mundo estuviese transitando tiempos de normalidad; se olvida de que en economía hay dos manuales: uno para tiempos normales y otro para las crisis. Nadie en Europa parece haber leído el último. Allí siguen sin entender que el principal rol de un shock monetario no es solucionar un problema, sino comprarle tiempo al paquete alternativo para que, eventualmente, lo solucione. Está muy bien que el énfasis europeo sea fiscal, pero el error radica en que al ajuste se lo está dejando sólo, sin amortiguador monetario.
Europa es el gran "free-rider monetario" de esta crisis: en lugar de observar la primera ronda de flexibilización cuantitativa en Europa -como debiera ser el caso-, se verá la tercera ronda desde EEUU (QEIII: Quantitative Easing III). En el actual contexto de bajo crecimiento en el G2, los dos bloques están adoptando enfoques radicalmente opuestos y con resultados evidentemente diferentes: EEUU hace política monetaria históricamente expansiva y su economía real reacciona lenta, pero consistentemente. Europa incomprensiblemente sigue insistiendo en un ajuste fiscal, que tendrá consecuencias contractivas en un bloque que probablemente ya esté en recesión. El "Viejo Continente" se acordó de ser ortodoxo fiscalmente unos 50 años tarde: en un contexto recesivo actuar de este modo es un grave error y generará el fracaso de cualquier plan que se intente delinear en esos términos, sin un socio monetario.
Es cierto que cuando un país está sobreendeudado lo correcto es "achicarse"; pero si la austeridad se implementa en un contexto de inestabilidad explosiva, quizá termine agravando el problema. Para solucionar las deudas se requiere no sólo austeridad, sino crecimiento; preocupa ver a Europa concentrada sólo en un lado del problema. Debería implementar una combinación de política monetaria agresiva en el corto plazo para "comprar tiempo" y dejar que su política fiscal austera termine colocando a la Europa PIIGS en un sendero estable.
Detrás de estos desatinos Bernanke intenta, otra vez, reflactar la economía mundial. Comprende que anclar expectativas en este contexto es crucial. Entiende que estos no son tiempos para discutir sobre optimalidades; son tiempos de suma urgencia en donde el hacedor de política está eligiendo "la menos peor". Hace días la FED anunció que el compromiso de mantener tasas "en cero" se extendía hasta "al menos fines del 2014" y sugirió la chance de una QEIII. Bernanke siempre necesitó de un socio monetario en Europa; al no aparecer, sigue obligado a actuar en soledad, protegiendo la economía americana no sólo de sus mucho problemas, sino, además, de las incoherencias monetarias europeas. Lo paradójico es que si EEUU implementa un QEIII, esos dólares terminarán comprando deuda PIIGS, lo que será totalmente funcional a la inacción europea. La agresividad monetaria que el mercado le viene pidiendo al BCE terminará indirectamente siendo activada desde la FED. No es la primera vez que esto pasa: en la segunda mitad de 2010, con su QEII, la FED salvó Europa y tranquilizó las curvas de bonos soberanos PIIGS.
El incomprensible manejo de la política monetaria en Europa no se nota tanto porque hay un Bernanke del otro lado del Atlántico. Con el QEIII, él probablemente está intentando neutralizar los horrores monetarios del BCE. Mientras Europa decide estilo 1920, Bernanke sigue reescribiendo la forma de hacer política monetaria, luchándole solo a la peor crisis financiera que vivió la humanidad. Europa sigue pagando muy baratos sus desaciertos porque la FED continúa neutralizando su inconsistencia.
Surgen dos preguntas: si Bernanke hubiese seguido el mismo sendero de política monetaria que el BCE, ¿dónde estarían hoy los activos de riesgo y la economía real?; y, si el mundo entero hubiese aplicado la receta monetaria europea, ¿qué tan diferente sería la actualidad a la de 1930?
Cada error de política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) fue neutralizado por un acierto de Ben Bernanke (titular de la FED). Europa hace política monetaria como si el mundo estuviese transitando tiempos de normalidad; se olvida de que en economía hay dos manuales: uno para tiempos normales y otro para las crisis. Nadie en Europa parece haber leído el último. Allí siguen sin entender que el principal rol de un shock monetario no es solucionar un problema, sino comprarle tiempo al paquete alternativo para que, eventualmente, lo solucione. Está muy bien que el énfasis europeo sea fiscal, pero el error radica en que al ajuste se lo está dejando sólo, sin amortiguador monetario.
Europa es el gran "free-rider monetario" de esta crisis: en lugar de observar la primera ronda de flexibilización cuantitativa en Europa -como debiera ser el caso-, se verá la tercera ronda desde EEUU (QEIII: Quantitative Easing III). En el actual contexto de bajo crecimiento en el G2, los dos bloques están adoptando enfoques radicalmente opuestos y con resultados evidentemente diferentes: EEUU hace política monetaria históricamente expansiva y su economía real reacciona lenta, pero consistentemente. Europa incomprensiblemente sigue insistiendo en un ajuste fiscal, que tendrá consecuencias contractivas en un bloque que probablemente ya esté en recesión. El "Viejo Continente" se acordó de ser ortodoxo fiscalmente unos 50 años tarde: en un contexto recesivo actuar de este modo es un grave error y generará el fracaso de cualquier plan que se intente delinear en esos términos, sin un socio monetario.
Es cierto que cuando un país está sobreendeudado lo correcto es "achicarse"; pero si la austeridad se implementa en un contexto de inestabilidad explosiva, quizá termine agravando el problema. Para solucionar las deudas se requiere no sólo austeridad, sino crecimiento; preocupa ver a Europa concentrada sólo en un lado del problema. Debería implementar una combinación de política monetaria agresiva en el corto plazo para "comprar tiempo" y dejar que su política fiscal austera termine colocando a la Europa PIIGS en un sendero estable.
Detrás de estos desatinos Bernanke intenta, otra vez, reflactar la economía mundial. Comprende que anclar expectativas en este contexto es crucial. Entiende que estos no son tiempos para discutir sobre optimalidades; son tiempos de suma urgencia en donde el hacedor de política está eligiendo "la menos peor". Hace días la FED anunció que el compromiso de mantener tasas "en cero" se extendía hasta "al menos fines del 2014" y sugirió la chance de una QEIII. Bernanke siempre necesitó de un socio monetario en Europa; al no aparecer, sigue obligado a actuar en soledad, protegiendo la economía americana no sólo de sus mucho problemas, sino, además, de las incoherencias monetarias europeas. Lo paradójico es que si EEUU implementa un QEIII, esos dólares terminarán comprando deuda PIIGS, lo que será totalmente funcional a la inacción europea. La agresividad monetaria que el mercado le viene pidiendo al BCE terminará indirectamente siendo activada desde la FED. No es la primera vez que esto pasa: en la segunda mitad de 2010, con su QEII, la FED salvó Europa y tranquilizó las curvas de bonos soberanos PIIGS.
El incomprensible manejo de la política monetaria en Europa no se nota tanto porque hay un Bernanke del otro lado del Atlántico. Con el QEIII, él probablemente está intentando neutralizar los horrores monetarios del BCE. Mientras Europa decide estilo 1920, Bernanke sigue reescribiendo la forma de hacer política monetaria, luchándole solo a la peor crisis financiera que vivió la humanidad. Europa sigue pagando muy baratos sus desaciertos porque la FED continúa neutralizando su inconsistencia.
Surgen dos preguntas: si Bernanke hubiese seguido el mismo sendero de política monetaria que el BCE, ¿dónde estarían hoy los activos de riesgo y la economía real?; y, si el mundo entero hubiese aplicado la receta monetaria europea, ¿qué tan diferente sería la actualidad a la de 1930?







