Verano de 2012

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 04 Enero 2012
El taxista se queja. "Maestro, ¡qué malaria que hay en la calle!", exclama. Y enero es así. Miles de tucumanos buscan un destino de placer para sacarse el estrés y recargar las pilas. El tachero insiste. "Mire, señor: nosotros no laburamos tanto, pero hay muchos autos en la calle para lo que es Tucumán en esta época", me habla y mirándome desde el espejo retrovisor. Los hoteleros pueden dar fe de ello. Durante el primer trimestre del año, la ocupación hotelera no llega a superar el 30% en San Miguel de Tucumán. Sin embargo, 30.000 almas suben a los Valles o se escapan hasta San Pedro de Colalao por un poco de aire fresco. Otros 15.000 hacen un turismo más gasolero y de fin de semana. Son los que cada sábado y cada domingo del verano van a los balnearios, a pescar o a ver los espectáculos que se ofrecen en el anfiteatro de El Cadillal.

Hacer turismo en Tucumán no es caro. Uno puede llegar a gastar $ 20 en un día y subirse a un colectivo para recorrer San Javier o Villa Nougués, y darse una escapada hasta la Cascadita. Hay para todos los gustos, suele decir Bernardo Racedo Aragón, el titular del Ente Tucumán Turismo. Y afirma que es un mito pensar que Tafí del Valle tiene precios europeos en temporada. Según los cálculos oficiales, un lugar top puede llegar a costarle a un veraneante cerca de $ 600 diarios, incluyendo entretenimientos, alojamiento y hasta media pensión. Ese es un turismo aspiracional, tanto como elegir Punta del Este. El placer tiene su precio. Y quien haya ido a Brasil, Chile, la costa Atlántica o Carlos Paz lo sabe. En definitiva, no importa tanto el destino; sólo pasarla bien.

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