Adiós a una querida profesora de literatura

28 Dic 2011
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DOCENTE. Aída Frías de Zavaleta. LA GACETA FOTO DE ENRIQUE GALINDEZ-ARCHIVO

Un sauce abre el Libro de Buen Amor. Las glosas de un arcipreste enamoradizo saltan y se entreveran con la Abadesa encinta, de Gonzalo de Berceo, con la pícara Celestina, con las coplas de Manrique: "Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir..." En la siesta de El Mollar, donde muchas horas de su vida han soñado y amado, la mirada expresiva se sumerge en las Luces de bohemia en busca de Divinas palabras, en Niebla, en Castilla...

Ha visto la luz el 14 de octubre de 1930. Los libros son sus amigos. La Universidad le abre los brazos de destacados maestros: María Delia Paladini, Mariano Moríñigo y Emilio Carilla, que la elige para sucederlo su cátedra.

Se gradúa en la UNT de profesora en Letras con magna cum laude y en 1971 cursa un posgrado en Madrid. La época medieval la cautiva: "me atraía esa sociedad y lo que se podía desprender de los textos. Ese hombre tenía muchos temores a lo desconocido, al más allá, y ello se reflejaba en su manera de vivir".

Un barbado gallego la envuelve con las galanterías de ese feo, católico y sentimental en las Sonatas. El aventurero Ramón del Valle-Inclán la hace soñar y también hacer: crea el Grupo de Trabajo 79, germen del Instituto de Literatura Española. La cultura sefaradita la rodea y se zambulle en su rescate tucumano. Escribe varios trabajos de investigación. En 1981 funda el primer club de lectura para niños y adolescentes de la provincia y preside el Círculo del Magisterio.

Ojos expresivos. Mirada dulce. Trato amable. Despierta en sus alumnos el amor por sus amores: poetas, novelistas, dramaturgos españoles. "El hombre medieval estaba totalmente encerrado en el marco dado por la presencia omnipotente de la Iglesia; era muy rígida la división de estamentos. Bueno, hoy están las leyes del mercado, como si continuara ese corset que embreta a los grupos sociales", reflexiona.

Sus ojos de 81 años se cerraron el sábado pasado. Aída "Panchita" Frías de Zavaleta, querida profesora, no pudo recibir la Nochebuena en El Mollar. Tal vez el marqués de Bradomín le haya besado la mano bajo el sauce del silencio.

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