No es momento para negociar con el Gobierno nacional. La mano viene dura para las provincias y, por esa razón, los funcionarios provinciales disimulan sus viajes en esos deseos propios de fin de año, de tener un 2012 tranquilo y previsible. El espíritu festivo se observa en el consumo. Los tucumanos han invadido el centro volcando casi todo lo que recibieron como salario y aguinaldo en este mes de bonanza. Hay filas de gente hasta en la Dirección General de Rentas. Más allá de rechazar ese reajuste en el impuesto Inmobiliario, a los cumplidores no les queda otro remedio que compensar aquel aumento con una bonificación del 20%. El tiempo parece jugar en favor de los funcionarios. Las quejas se disiparán con las vacaciones... y a otra cosa, mariposa.
Transformado en una suerte de Papá Noel, Amado Boudou cumplió su palabra con Tucumán: completó el envío de los $ 250 millones que le prometió al gobernador José Alperovich para que el efecto del aumento de los sueldos de este año en el sector público no sea tan fuerte como lo previsto originalmente.
Los adelantos financieros se ejecutaron con la confianza propia que la gestión de Cristina Fernández ha depositado en el alperovichismo. Pronto aparecerán los convenios respectivos para dejar firme ese nuevo endeudamiento para Tucumán. La deuda pública se ha estabilizado en torno de los $ 5.000 millones, de acuerdo con el último informe elaborado por los contadores fiscales del Tribunal de Cuentas. Y esto implica que se está consolidando la kirchnerdependencia de Tucumán. Para bien, o para mal, según la lectura que prefiera realizar. Política, financiera y económicamente, la suerte de la provincia está en manos de la Casa Rosada. Pero las ayudas federales han servido para que Tucumán cierre las cuentas de este año con un superávit final cercano a los $ 30 millones. Y es lo que quedó del festival del gasto público (se usaron más de $ 10.000 millones) en un año signado por las elecciones que permitieron al oficialismo renovar el poder por cuatro años más.
Diciembre también ha sido un buen mes de cosecha en las transferencias de fondos coparticipables. La proyección es que a Tucumán le correspondan más de $ 600 millones del dinero federal, un 34% más que lo enviado en igual mes de 2010. Pero la soja sigue preocupando. El derrame de las retenciones a las exportaciones de la oleaginosa no ha sido tan benévolo con las 24 jurisdicciones del país. El Fondo Federal Solidario (Fondo Soja), constituido por aquellas retenciones, sienten el pleno impacto de la crisis global. Es posible que Tucumán, por ese concepto, reciba este mes no más de $ 15 millones, casi la mitad de lo esperado para repartir entre municipios y comunas rurales con el fin de ejecutar obras públicas.
La gestión alperovichista sigue escribiendo cartitas a los Reyes Magos que moran en la Casa Rosada. Y es posible que hasta febrero no haya grandes novedades acerca de si habrá más regalos a las provincias o realmente se aplicará un ajuste que implicará que varios distritos vuelvan a lidiar con el déficit. No es el caso de Tucumán, pero los funcionarios creen que si hay más aportes para las provincias endeudadas, deberían gestionarse no menos de $ 320 millones. Con esa plata se cubriría el 80% de los vencimientos de la deuda previstos para 2012.
Las vacaciones funcionan como una anestesia que los gobiernos aplican a la sociedad, con el fin de calmar los dolores que producen las decisiones impopulares (ajuste de tarifas y subas de impuestos). Los usuarios tienen la esperanza de que los Reyes Magos también atiendan sus reclamos y que las próximas boletas no lleguen con aumentos. Creer o reventar.
Transformado en una suerte de Papá Noel, Amado Boudou cumplió su palabra con Tucumán: completó el envío de los $ 250 millones que le prometió al gobernador José Alperovich para que el efecto del aumento de los sueldos de este año en el sector público no sea tan fuerte como lo previsto originalmente.
Los adelantos financieros se ejecutaron con la confianza propia que la gestión de Cristina Fernández ha depositado en el alperovichismo. Pronto aparecerán los convenios respectivos para dejar firme ese nuevo endeudamiento para Tucumán. La deuda pública se ha estabilizado en torno de los $ 5.000 millones, de acuerdo con el último informe elaborado por los contadores fiscales del Tribunal de Cuentas. Y esto implica que se está consolidando la kirchnerdependencia de Tucumán. Para bien, o para mal, según la lectura que prefiera realizar. Política, financiera y económicamente, la suerte de la provincia está en manos de la Casa Rosada. Pero las ayudas federales han servido para que Tucumán cierre las cuentas de este año con un superávit final cercano a los $ 30 millones. Y es lo que quedó del festival del gasto público (se usaron más de $ 10.000 millones) en un año signado por las elecciones que permitieron al oficialismo renovar el poder por cuatro años más.
Diciembre también ha sido un buen mes de cosecha en las transferencias de fondos coparticipables. La proyección es que a Tucumán le correspondan más de $ 600 millones del dinero federal, un 34% más que lo enviado en igual mes de 2010. Pero la soja sigue preocupando. El derrame de las retenciones a las exportaciones de la oleaginosa no ha sido tan benévolo con las 24 jurisdicciones del país. El Fondo Federal Solidario (Fondo Soja), constituido por aquellas retenciones, sienten el pleno impacto de la crisis global. Es posible que Tucumán, por ese concepto, reciba este mes no más de $ 15 millones, casi la mitad de lo esperado para repartir entre municipios y comunas rurales con el fin de ejecutar obras públicas.
La gestión alperovichista sigue escribiendo cartitas a los Reyes Magos que moran en la Casa Rosada. Y es posible que hasta febrero no haya grandes novedades acerca de si habrá más regalos a las provincias o realmente se aplicará un ajuste que implicará que varios distritos vuelvan a lidiar con el déficit. No es el caso de Tucumán, pero los funcionarios creen que si hay más aportes para las provincias endeudadas, deberían gestionarse no menos de $ 320 millones. Con esa plata se cubriría el 80% de los vencimientos de la deuda previstos para 2012.
Las vacaciones funcionan como una anestesia que los gobiernos aplican a la sociedad, con el fin de calmar los dolores que producen las decisiones impopulares (ajuste de tarifas y subas de impuestos). Los usuarios tienen la esperanza de que los Reyes Magos también atiendan sus reclamos y que las próximas boletas no lleguen con aumentos. Creer o reventar.







