Y pasó nomás. El gobernador, José Alperovich, no salió de lo previsible y propuso para cubrir un cargo estrátegico en la Justicia a la persona que todos presagiaban que iba a sugerir. Es que la llegada de Sergio Gandur a la Sala IIIª de la Cámara en lo Contencioso Administrativo; es decir, al fuero que puede avergonzar o envalentonar al poder político, estaba tan cantada como la presencia de los vendedores ambulantes en estas fiestas de fin de año.
Al menos, desde que se supo que el hijo del vocal de la Corte Suprema de Justicia Antonio Gandur había entrado en la terna elevada por el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) nadie en el alperovichismo manejaba otra alternativa. ¿Por intuición? Quizá. Pero en realidad, cualquier dirigente con un poco de calle sabe que en política siempre es bueno hacer sentir que a uno le deben favores. Y, aunque en el oficialismo se preocupen por aclarar que la discrecionalidad a la hora de elegir un candidato a juez está dentro de las facultades legales del gobernador, no podrán evitar todas y cada una de las suspicacias que se abrieron -y que ellos mismos fogonean- en torno de la última elección del mandatario. Porque Alperovich nuevamente se apartó del orden de mérito sugerido por el órgano responsable de seleccionar magistrados y escogió a Sergio Gandur, quien se encontraba detrás de Ana María de la Vega Madueño de Díaz Ricci y de Cristian Daniel Schurig.
En el mundo de fantasía que se recrea alrededor del alperovichismo las versiones respecto de por qué el gobernador eligió a Gandur (h) y no a otro se multiplicaron. Pero, sin entrar en subjetividades, lo único objetivo es que Alperovich hizo lo que todos pensaban que iba a hacer y lo que menos bien queda frente a la sociedad. Los elementos que abonan las más diversas elucubraciones son, también, extraidos de la realidad más pura y concreta. A saber.
El padre del candidato elegido fue uno de los magistrados de la Corte que, en julio pasado, avaló -por la excepcionalísima vía del per saltum- la re-reelección del gobernador frente a los planteos de inconstitucionalidad. Gandur, luego, se retiró del CAM -no fue elegido por sus pares del alto tribunal para representarlos- justo después de que el concurso en el que intervenía su hijo -y del que el juez se excusó de entender, vale aclarar- llegó a instancias definitorias. Y, finalmente, desde hace tiempo en los pasillos de tribunales y de la Casa de Gobierno se sugiere que el próximo juez supremo en jubilarse será, precisamente, el propio Gandur. Quizá, esta teoría encuentre su sustento más en la edad del magistrado (77 años) y en los deseos de los propios oficialistas de colocar al cuarto vocal (sobre cinco) de la Corte Suprema. Igual, hay quienes ya arrojan año para el eventual retiro: 2012.
De nuevo, la decisión del gobernador pone en una situación incómoda a varios de los integrantes del CAM. Por ejemplo, a los representantes de los colegios de abogados, que tiempo atrás cuestionaron al mandatario por desatender el orden de mérito y perjudicar en un concurso, directamente, al postulante Carlos "Chiqui" López, ex secretario de la Fiscalía Anticorrupción. ¿Pondrán ahora el grito en el cielo, cuando la arbitrariedad de la que dispone por ley Alperovich benefició al hijo de un vocal de la Corte y ex compañero en el CAM?
Al finalizar su mandato en el Consejo, en octubre, Gandur concluyó que luego de un proceso de debate social se había entendido que la designación de los magistrados "no era una cuestión menor" porque, en gran medida, "de ello dependía la independencia de uno de los poderes del Estado". Hasta aquí, hay indicios para presumir que ciertos vicios no cambian.
Al menos, desde que se supo que el hijo del vocal de la Corte Suprema de Justicia Antonio Gandur había entrado en la terna elevada por el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) nadie en el alperovichismo manejaba otra alternativa. ¿Por intuición? Quizá. Pero en realidad, cualquier dirigente con un poco de calle sabe que en política siempre es bueno hacer sentir que a uno le deben favores. Y, aunque en el oficialismo se preocupen por aclarar que la discrecionalidad a la hora de elegir un candidato a juez está dentro de las facultades legales del gobernador, no podrán evitar todas y cada una de las suspicacias que se abrieron -y que ellos mismos fogonean- en torno de la última elección del mandatario. Porque Alperovich nuevamente se apartó del orden de mérito sugerido por el órgano responsable de seleccionar magistrados y escogió a Sergio Gandur, quien se encontraba detrás de Ana María de la Vega Madueño de Díaz Ricci y de Cristian Daniel Schurig.
En el mundo de fantasía que se recrea alrededor del alperovichismo las versiones respecto de por qué el gobernador eligió a Gandur (h) y no a otro se multiplicaron. Pero, sin entrar en subjetividades, lo único objetivo es que Alperovich hizo lo que todos pensaban que iba a hacer y lo que menos bien queda frente a la sociedad. Los elementos que abonan las más diversas elucubraciones son, también, extraidos de la realidad más pura y concreta. A saber.
El padre del candidato elegido fue uno de los magistrados de la Corte que, en julio pasado, avaló -por la excepcionalísima vía del per saltum- la re-reelección del gobernador frente a los planteos de inconstitucionalidad. Gandur, luego, se retiró del CAM -no fue elegido por sus pares del alto tribunal para representarlos- justo después de que el concurso en el que intervenía su hijo -y del que el juez se excusó de entender, vale aclarar- llegó a instancias definitorias. Y, finalmente, desde hace tiempo en los pasillos de tribunales y de la Casa de Gobierno se sugiere que el próximo juez supremo en jubilarse será, precisamente, el propio Gandur. Quizá, esta teoría encuentre su sustento más en la edad del magistrado (77 años) y en los deseos de los propios oficialistas de colocar al cuarto vocal (sobre cinco) de la Corte Suprema. Igual, hay quienes ya arrojan año para el eventual retiro: 2012.
De nuevo, la decisión del gobernador pone en una situación incómoda a varios de los integrantes del CAM. Por ejemplo, a los representantes de los colegios de abogados, que tiempo atrás cuestionaron al mandatario por desatender el orden de mérito y perjudicar en un concurso, directamente, al postulante Carlos "Chiqui" López, ex secretario de la Fiscalía Anticorrupción. ¿Pondrán ahora el grito en el cielo, cuando la arbitrariedad de la que dispone por ley Alperovich benefició al hijo de un vocal de la Corte y ex compañero en el CAM?
Al finalizar su mandato en el Consejo, en octubre, Gandur concluyó que luego de un proceso de debate social se había entendido que la designación de los magistrados "no era una cuestión menor" porque, en gran medida, "de ello dependía la independencia de uno de los poderes del Estado". Hasta aquí, hay indicios para presumir que ciertos vicios no cambian.







