El agente González cortó el cordón umbilical y le salvó la vida a un recién nacido prematuro

María Lazo y su marido Daniel Gómez viven con escasos recursos y esperan con paciencia el alta médica de Samuel, el primer hijo. El traumático nacimiento ocurrió en Alderetes. El niño tenía seis meses de gestación y está internado. Buen estado de salud

SOCIOS. El agente Manuel González saluda a María Lazo; hace más de un mes él y Daniel Gómez, su marido, la ayudaron en el parto. LA GACETA / FOTO DE ANALIA JARAMILLO
SOCIOS. El agente Manuel González saluda a María Lazo; hace más de un mes él y Daniel Gómez, su marido, la ayudaron en el parto. LA GACETA / FOTO DE ANALIA JARAMILLO
Por Carlos Frías 01 Diciembre 2011
Daniel Alejandro Gómez estaba desesperado. Las contracciones que soportaba su mujer eran cada vez más fuertes. María Aurelia Lazo sentía que el dolor le quitaba la fuerza para caminar. El nacimiento de su primer hijo se había adelantado y ellos no tenían los medios para recibirlo. Daniel cruzó corriendo la puerta de la casa de su madre. A esa hora, nadie caminaba por las calles del barrio ampliación El Progreso, en Alderetes. Era la madrugada del martes 25 de octubre. Recién cuando llegó a la remisería, ubicada cerca del barrio en donde vive junto con su esposa, se detuvo. Buscaba un auto pero no lo encontró. En un breve diálogo le contó a la operadora lo que estaba pasando y volvió corriendo al lado de su mujer.

Al regresar a su casa, se enfrentó con lo peor: María había comenzado su trabajo de parto. Gómez no sabía qué era lo que tenía hacer. Miró a su madre, que vive con ellos, y tampoco encontró una respuesta. El cuerpo del niño comenzaba a dejar a su madre y nadie los podía ayudar. Sólo en ese instante consiguió dominar sus nervios. "Estaba muy nervioso. El bebé venía al revés. Cuando estaba saliendo, su cuerpo giró y quedó boca abajo con su cabeza atrapada", contó Gómez. "Mi hijo no podía salir. Metí mis manos en el cuerpo de mi mujer, hice fuerza y conseguí sacarlo", agregó. En ese momento, Samuel Gómez Lazo, lloró por primera vez.

La semana previa al nacimiento, María tuvo graves problemas de presión. Su marido tenía miedo de que le pudiera pasar algo durante el parto y por eso quería llevarla al hospital para que quedara internada. Sin embargo, Samuel se adelantó a todos sus planes y, con sólo seis meses de gestación, decidió salir al mundo. Su padre, que lo recibió con sus propias manos, lo recostó a los pies de su madre. Pero la felicidad iba a ser demasiado corta.

El aviso llegó a tiempo
Samuel estaba acostado. Después de su primer llanto, su respiración disminuyó y su cuerpo empezó a ponerse morado. Fue allí cuando el agente Manuel Ernesto González, que vive en Las Talitas y presta servicio en la patrulla motorizada de Alderetes, entró en acción.

La operadora que habló con Gómez, había llamado a la Policía. González, fue enviado para verificar el relato que la mujer había transmitido. "Eran alrededor de la una cuando llegué. Había mucha gente, con mi compañero les pedimos que se retiraran. Crucé por un enorme patio que tiene la casa. Al entrar a la pieza, vi que el niño estaba muy morado y que todavía estaba unido a su madre por el cordón umbilical", detalló González.

El agente se acercó a la cama y pidió que le alcanzaran tijeras y alcohol. Sacó unos guantes de látex que siempre lleva en su chaleco y mentalmente repasó las clases de primeros auxilios que recibió durante su instrucción. Él sabía que si no cortaba el cordón umbilical, Samuel se iba a morir.

"Recordé los documentales que vi y con mis dedos medí la distancia a la que tenía que hacer el corte. No podía fallar, pero era la primera vez que intervenía en un parto", dijo González. Afortunadamente, no se equivocó. Los padres del niño y el agente afirman que luego de ser separado de su madre, Samuel volvió a respirar.

Los médicos, que se dirigían en dos ambulancias desde la capital hacia Alderetes, trasmitieron por radio el resto de los cuidados que se debía tener con el recién nacido. En ese momento, su madre comenzó a empeorar. La placenta todavía estaba dentro suyo. El agente volvió a intervenir. Agarró con la mano el resto del cordón que había quedado y jaló hacia afuera. María se estremeció de dolor. El policía le pidió que resistiera un poco más y, en un segundo intento, logró sacar la placenta y librarla de su padecimiento. El parto al fin había terminado.

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