Charly García tenía razón, "estoy verde, no me dejan salir", canta un operador turístico como poniéndose a tono de lo que pasa en la Argentina con el dólar. Nadie escapa a las generales de la ley kirchnerista. A toda costa, el Gobierno aplicó un cerrojo cambiario con el que intenta frenar la salida de capitales, mientras las familias argentinas no saben qué hacer para conseguir los billetes verdes que les permita veranear en otras latitudes. En la Casa de Gobierno tucumana también hay preocupación, aunque creen que la puerta del despacho de Mercedes Marcó del Pont, en el Banco Central, siempre estará dispuesta para autorizar al compra de dólares. Sucede que el Estado provincial requiere no menos de U$S 2,5 millones mensuales para abonar los cupones de los títulos dolarizados que emitió. En la city local, los pequeños ahorristas miran con más desconfianza a las personas que se les acerca. Sucede que, en los últimos días, se toparon con los inspectores de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) que les preguntan por qué, para qué y en qué usará los dólares que adquieren en las agencias de cambio o en los bancos. La psicosis sobre esta suerte de corralito es tal que, algunos depositantes retiraron sus dólares frente al avance del Estado, con sus regulaciones, disposiciones y otras resoluciones. De todas maneras, los anticuerpos oficiales son casi instantáneos; quienes tomen aquella conducta tendrán que pagar más impuestos a los Bienes Personales. La presión sobre los ahorros es agobiante.
Los operadores de la city tucumana no arriesgan porcentaje de la caída en la demanda de dólares. Sólo afirman que fue importante respecto de lo que suele ser el flujo para esta época del año. La mayor parte del movimiento tradicional para esta fecha responde a viajeros previsores que quieren atesorar la moneda extranjera y programar sus vacaciones fuera de la Argentina. Hoy eso no es posible si es que no hay autorización oficial. Hay temor de que si alguien confiesa que se va a pasear al exterior, le caiga a su domicilio una auditoría integral que quiera saber hasta el último detalle acerca de dónde surgió el dinero para comprar los benditos dólares.
Según se comentó ayer, el 70% de las operaciones superiores a U$S 1.000 dólares son rechazadas por la AFIP. Sólo avalan la compra de entre U$S 300 y U$S 500 por persona.
La cotización del dólar sigue estable. En Tucumán se opera a $ 4,32 por unidad, aunque el "blue" ha llegado a valer $ 4,82. Claro está que, con esa diferencia de 50 centavos, entre el "blanco" y el paralelo, son pocos -casi nadie- los que están dispuestos a pagar tan alto precio. "Si hay operaciones con blue, estas se cierran no más de $ 4,72", comentó un operador. Pero la necesidad sigue teniendo cara de hereje.
El Gobierno nacional comienza a acuñar una frase muy cara a las sensaciones económicas de los argentinos: "hay que pasar el verano". Por eso seguirá manteniendo, a toda costa, el tipo de cambio, sacrificando tantas reservas internacional del Banco Central como se necesite, hasta llegar a marzo. Sucede que entonces verá el puerto; la soja alimentará nuevamente las arcas públicas y así, el círculo virtuoso volverá a ser tan verde, como lo fue a principios de este año.
Las intervenciones en el mercado se mantendrán y, si alguien intenta salirse de la raya, seguramente el Estado le mandará la AFIP, dice un economista en una charla de café. Desde afuera, donde esperan a los turistas argentinos, muchos se preguntan sobre cómo es posible que un país que crecerá este año al 8%, no tenga la suficiente tranquilidad cambiaria para captar inversiones. "No llores por mí, Argentina", cantarían los inversores, como Serú Girán.
Los operadores de la city tucumana no arriesgan porcentaje de la caída en la demanda de dólares. Sólo afirman que fue importante respecto de lo que suele ser el flujo para esta época del año. La mayor parte del movimiento tradicional para esta fecha responde a viajeros previsores que quieren atesorar la moneda extranjera y programar sus vacaciones fuera de la Argentina. Hoy eso no es posible si es que no hay autorización oficial. Hay temor de que si alguien confiesa que se va a pasear al exterior, le caiga a su domicilio una auditoría integral que quiera saber hasta el último detalle acerca de dónde surgió el dinero para comprar los benditos dólares.
Según se comentó ayer, el 70% de las operaciones superiores a U$S 1.000 dólares son rechazadas por la AFIP. Sólo avalan la compra de entre U$S 300 y U$S 500 por persona.
La cotización del dólar sigue estable. En Tucumán se opera a $ 4,32 por unidad, aunque el "blue" ha llegado a valer $ 4,82. Claro está que, con esa diferencia de 50 centavos, entre el "blanco" y el paralelo, son pocos -casi nadie- los que están dispuestos a pagar tan alto precio. "Si hay operaciones con blue, estas se cierran no más de $ 4,72", comentó un operador. Pero la necesidad sigue teniendo cara de hereje.
El Gobierno nacional comienza a acuñar una frase muy cara a las sensaciones económicas de los argentinos: "hay que pasar el verano". Por eso seguirá manteniendo, a toda costa, el tipo de cambio, sacrificando tantas reservas internacional del Banco Central como se necesite, hasta llegar a marzo. Sucede que entonces verá el puerto; la soja alimentará nuevamente las arcas públicas y así, el círculo virtuoso volverá a ser tan verde, como lo fue a principios de este año.
Las intervenciones en el mercado se mantendrán y, si alguien intenta salirse de la raya, seguramente el Estado le mandará la AFIP, dice un economista en una charla de café. Desde afuera, donde esperan a los turistas argentinos, muchos se preguntan sobre cómo es posible que un país que crecerá este año al 8%, no tenga la suficiente tranquilidad cambiaria para captar inversiones. "No llores por mí, Argentina", cantarían los inversores, como Serú Girán.







