"Cuando estábamos en el agua, pensé que eran los últimos minutos de nuestra vida"
Santiago Zurita es un héroe de 15 años que mantuvo a flote a su madre y a su abuelo cuando la lancha en que viajaban volcó. La familia Zurita va a pescar hasta dos veces por semana. Una ola los golpeó de costado y les hizo perder el control. Video
12 Octubre 2011 Seguir en 
Parecía que no había manera de eludir a la muerte. La lancha se hundía, no tenían salvavidas y la zona del lado del dique El Cadillal en la que estaban atrapados alcanza los 35 metros de profundidad. Santiago Zurita creía que no existía ninguna posibilidad de llegar a la orilla. Ni su madre ni su abuelo saben nadar; su padre se había golpeado la espalda cuando la embarcación se volcó y luchaba para poder mantenerse a flote. Miró a su alrededor y no había nadie que los pudiera auxiliar. La esperanza desaparecía junto con la caída del sol.
"Cuando estábamos ahí, pensé que eran los últimos minutos de nuestra vida; pensé que los cuatro íbamos a morir en el agua", dijo Santiago durante una entrevista con LA GACETA. El lunes, alrededor de las 19.10, él y su familia sufrieron el accidente cuando navegaban rumbo a la costa. "Vamos a pescar una o dos veces por semana. Nunca habíamos tenido un accidente como este. Mi abuelo venía conduciendo la lancha y, como queríamos llegar a la orilla antes de que se hiciera de noche, le dije que acelerara", agregó.
José Zurita escuchó a su nieto y apuró la marcha. Esa tarde, varias embarcaciones de gran porte habían circulado por el embalse, provocando un oleaje mayor al que ellos estaban acostumbrados. Escucharon el ruido de una botella que chocó contra el casco y casi al mismo tiempo una ola los golpeó en el costado. Sin darles tiempo a reaccionar, la lancha se dio vuelta, quedó suspendida en el aire por un instante y todos cayeron al agua. "El casco quedó dado vuelta y el peso del motor comenzó a hundir la lancha", dijo Daniel Zurita, padre de Santiago. "Mi hijo nos salvó la vida. Él es el verdadero héroe de esta historia", aclaró Josefina Martínez, la madre del muchacho.
La fuerza del golpe hundió a Santiago varios metros por debajo del agua. Con gran esfuerzo volvió a la superficie y trató de ubicar dónde estaban su mamá y su abuelo. "Mi papá sabe nadar y sabía que iba a poder salvarse. Con desesperación comencé a buscarlos. Nadé y me topé con mi abuelo que se estaba ahogando. Aproveché para abrazarlo y lanzarlo hacia el bote, que aún no se había hundido. Me acerqué de nuevo hacia él, nos hundimos de nuevo y conseguí sacarlo a flote. Eso pasó varias veces hasta que llegamos a la lancha", explicó el joven.
Santiago tiene 15 años y cuando logró llegar a la lancha se subió al casco y sostuvo a su abuelo con sus brazos para que no se hundiera. Su madre había logrado llegar hasta la embarcación y con su brazo izquierdo se tomó de la pierna del muchacho. Daniel también había nadado hacia la lancha. Allí, los cuatro comenzaron a luchar para no hundirse.
La desesperación
Los minutos pasaban y nadie aparecía para ayudarlos. La lancha continuaba hundiéndose lentamente. Los cuatro habían hecho todo lo que estaba a su alcance para mantenerse con vida, y el silencio ganó protagonismo. Todos comprendieron lo que estaba pasando. "Mi abuelo comenzó a decirme que lo suelte, que nos salváramos nosotros porque ya no quedada tiempo; pero no había manera de que lo suelte, él me crió y es como mi segundo padre", afirmó Santiago.
En ese momento Josefina, que también se hundía, comenzó a pensar en dejar de sujetar la pierna del adolescente. "No quería que mi hijo se ahogue", recordó entre lágrimas la mujer. Era una situación extrema y la familia Zurita no tenía manera de escapar.
Comenzaron a discutir porque sabían que ninguno iba a dejar al otro, y la desesperación se hizo eterna. Pero, justo en el momento en que sólo la punta del bote quedaba a flote, dos lanchas llegaron al rescate.
"Un joven que había visto el accidente llegó hasta nosotros y nos arrojó sus salvavidas. Junto con él llegó la Policía Lacustre y entre las dos embarcaciones consiguieron sacarnos del agua. Fue un milagro, porque apenas subimos a las otras lanchas, la nuestra se hundió por completo", señaló Josefina.
Sin embargo, cuando llegaron a la costa, la familia Zurita no pudo respirar en paz. "A mi abuelo se le subió la presión y la ambulancia que hay en El Cadillal tiene chofer pero no hay médicos. Tuvimos que llevarlo al hospital y recién allí pudieron estabilizarlo. Estamos muy agradecidos con los policías que nos rescataron, pero tendrían que ser más; sólo hay tres por guardia para controlar todo el dique. Además, alguien debería darles un mejor equipamiento", concluyó Santiago, el héroe de la familia Zurita.
"Cuando estábamos ahí, pensé que eran los últimos minutos de nuestra vida; pensé que los cuatro íbamos a morir en el agua", dijo Santiago durante una entrevista con LA GACETA. El lunes, alrededor de las 19.10, él y su familia sufrieron el accidente cuando navegaban rumbo a la costa. "Vamos a pescar una o dos veces por semana. Nunca habíamos tenido un accidente como este. Mi abuelo venía conduciendo la lancha y, como queríamos llegar a la orilla antes de que se hiciera de noche, le dije que acelerara", agregó.
José Zurita escuchó a su nieto y apuró la marcha. Esa tarde, varias embarcaciones de gran porte habían circulado por el embalse, provocando un oleaje mayor al que ellos estaban acostumbrados. Escucharon el ruido de una botella que chocó contra el casco y casi al mismo tiempo una ola los golpeó en el costado. Sin darles tiempo a reaccionar, la lancha se dio vuelta, quedó suspendida en el aire por un instante y todos cayeron al agua. "El casco quedó dado vuelta y el peso del motor comenzó a hundir la lancha", dijo Daniel Zurita, padre de Santiago. "Mi hijo nos salvó la vida. Él es el verdadero héroe de esta historia", aclaró Josefina Martínez, la madre del muchacho.
La fuerza del golpe hundió a Santiago varios metros por debajo del agua. Con gran esfuerzo volvió a la superficie y trató de ubicar dónde estaban su mamá y su abuelo. "Mi papá sabe nadar y sabía que iba a poder salvarse. Con desesperación comencé a buscarlos. Nadé y me topé con mi abuelo que se estaba ahogando. Aproveché para abrazarlo y lanzarlo hacia el bote, que aún no se había hundido. Me acerqué de nuevo hacia él, nos hundimos de nuevo y conseguí sacarlo a flote. Eso pasó varias veces hasta que llegamos a la lancha", explicó el joven.
Santiago tiene 15 años y cuando logró llegar a la lancha se subió al casco y sostuvo a su abuelo con sus brazos para que no se hundiera. Su madre había logrado llegar hasta la embarcación y con su brazo izquierdo se tomó de la pierna del muchacho. Daniel también había nadado hacia la lancha. Allí, los cuatro comenzaron a luchar para no hundirse.
La desesperación
Los minutos pasaban y nadie aparecía para ayudarlos. La lancha continuaba hundiéndose lentamente. Los cuatro habían hecho todo lo que estaba a su alcance para mantenerse con vida, y el silencio ganó protagonismo. Todos comprendieron lo que estaba pasando. "Mi abuelo comenzó a decirme que lo suelte, que nos salváramos nosotros porque ya no quedada tiempo; pero no había manera de que lo suelte, él me crió y es como mi segundo padre", afirmó Santiago.
En ese momento Josefina, que también se hundía, comenzó a pensar en dejar de sujetar la pierna del adolescente. "No quería que mi hijo se ahogue", recordó entre lágrimas la mujer. Era una situación extrema y la familia Zurita no tenía manera de escapar.
Comenzaron a discutir porque sabían que ninguno iba a dejar al otro, y la desesperación se hizo eterna. Pero, justo en el momento en que sólo la punta del bote quedaba a flote, dos lanchas llegaron al rescate.
"Un joven que había visto el accidente llegó hasta nosotros y nos arrojó sus salvavidas. Junto con él llegó la Policía Lacustre y entre las dos embarcaciones consiguieron sacarnos del agua. Fue un milagro, porque apenas subimos a las otras lanchas, la nuestra se hundió por completo", señaló Josefina.
Sin embargo, cuando llegaron a la costa, la familia Zurita no pudo respirar en paz. "A mi abuelo se le subió la presión y la ambulancia que hay en El Cadillal tiene chofer pero no hay médicos. Tuvimos que llevarlo al hospital y recién allí pudieron estabilizarlo. Estamos muy agradecidos con los policías que nos rescataron, pero tendrían que ser más; sólo hay tres por guardia para controlar todo el dique. Además, alguien debería darles un mejor equipamiento", concluyó Santiago, el héroe de la familia Zurita.







