Una gema que quiere volver a brillar en el corazón de los cerros taficeños
Construida a finales de la década de 1970, la hostería de Tafí Viejo recibió a un gran número de contingentes. Colgada de la montaña como si fuera una perla, el edificio tiene 14 habitaciones, una gran cocina con comedor, terraza y una piscina que puede ser la envidia del cualquier club. Sin embargo, años de olvido y un conflicto legal la convirtieron casi en una ruina
Don Víctor Carrizo recuerda como si fuera ayer el día que Tafí Viejo lució por primera vez su más preciosa perla: la Hostería Municipal Atahualpa Yupanqui. Fue una noche de verano, al final de la tumultuosa década de 1970. "Se la veía desde la avenida Alem. Cuando caía el sol, parecía como si la luna se instalara en la montaña", dice mientras cierra los ojos arrugados y serenos. Por aquellos días, los gloriosos talleres ferroviaros todavía funcionaban, aunque tenían los días contados. Tal vez haya sido la declinación de los trenes lo que, de alguna manera, sumió en el olvido a la coqueta hostería. "La muerte del ferrocarril fue un golpe muy duro para esta ciudad. Yo creo que fue entonces cuando comenzó la decadencia del edificio. Es una pena", agrega don Víctor, vecino de la hostería.
Colgado del cuello del cerro como si fuera una gema, el edificio tenía todas las comodidades para recibir a grandes contingentes: 14 habitaciones amplias con baño privado y camas para 70 personas, cocina con todos los chiches, un comedor enorme, terraza en el primer piso, una piscina en forma de riñón, un quincho y hasta un bello parque arbolado que se perdía en la espesura del bosque. Además, tenía un sistema de iluminación que realzaba su fachada. Por las noches, cuando las luces se encendían, se podía ver a la hostería brillar en toda su gloria desde el centro de la ciudad. "Es un lugar soñado, donde se puede respirar aire puro", asegura René Bustos, director de Deportes de la Municipalidad de Tafí Viejo y responsable directo de la hostería.
El ocaso
Por el edificio pasaron innumerables contingentes de turistas. Incluso se realizaron varios encuentros, tanto de agrupaciones juveniles, como de jubilados. Pero tras el cierre de los talleres, en los años 80, la llegada de turistas fue decreciendo, hasta que a mediados de los años 90, la hostería fue clausurada por completo. En esos tiempos, el olvido, la falta de presupuesto y, sobre todo, la desidia de los gobiernos municipales impactaron en la edificación.
Aun cerrada, la hostería atrajo en aquellos años de convertibilidad y excesos, a contingentes que pedían hospedaje a pesar de las condiciones precarias del edificio. Sus 16 hectáreas sirvieron también para organizar competencias de mountain bike, motocross y hasta jornadas de teatro.
Pero lo cierto es que la decrepitud ya se había instalado en las espaciosas habitaciones. Hoy, la hostería es una triste metáfora de la palabra olvido. Recorrerla es casi un paseo entre ruinas. Aunque el edificio sigue en pie y se mantiene firme, hay muchas señales de decadencia: vidrios rotos, ausencia de luces, goteras, cañerías herrumbradas, paredes enmohecidas y pisos hundidos. Así y todo, la belleza del lugar es tan apabullante, que hay gente que incluso pide hospedaje sabiendo que el edificio no está en condiciones. "Hasta el lunes tuvimos un contingente de jóvenes de Santiago del Estero que vinieron para un encuentro. Al final no querían irse porque decían que se ya habían acostumbrado a vivir en el Paraíso", dice Bustos. Lo mismo sucedió con Juan Martín "Látigo" Coggi, que meses atrás visitó Tafí Viejo y se hospedó en la hostería.
El problema
¿Por qué se llegó a esto? Según el intendente de Tafí Viejo, Javier Pucharras, la hostería sufrió años de abandono. "Nosotros estuvimos inhibidos durante mucho para poder ocuparnos de ella, porque había un litigio jurídico", cuenta. En marzo de 2002, la municipalidad (por entonces manejada por Alejandro Martínez) realizó un convenio con una firma privada a fin de convertir a la hostería en un destino de alto vuelo para contingentes de jubilados y estudiantes. Sin embargo, el proyecto nunca llegó a concretarse. Las obras que se habían iniciado para mejorar las instalaciones se interrumpieron de golpe entre acusaciones cruzadas por incumplimiento de contrato y la firma privada terminó enjuiciando al municipio. Eso congeló cualquier posibilidad de hacer algo en el lugar. "Nosotros heredamos el juicio y nos mantuvimos al margen. Reconozco que nada se hizo, pero aún así, la hostería nunca estuvo inoperable. El tema legal se resolvió hace unos meses, y ahora estamos analizando proyectos para desarrollar en el lugar", dice Pucharras.
Y mientras se arma el debate, la perla aguarda su momento, para volver a brillar en el corazón del cerro.
Colgado del cuello del cerro como si fuera una gema, el edificio tenía todas las comodidades para recibir a grandes contingentes: 14 habitaciones amplias con baño privado y camas para 70 personas, cocina con todos los chiches, un comedor enorme, terraza en el primer piso, una piscina en forma de riñón, un quincho y hasta un bello parque arbolado que se perdía en la espesura del bosque. Además, tenía un sistema de iluminación que realzaba su fachada. Por las noches, cuando las luces se encendían, se podía ver a la hostería brillar en toda su gloria desde el centro de la ciudad. "Es un lugar soñado, donde se puede respirar aire puro", asegura René Bustos, director de Deportes de la Municipalidad de Tafí Viejo y responsable directo de la hostería.
El ocaso
Por el edificio pasaron innumerables contingentes de turistas. Incluso se realizaron varios encuentros, tanto de agrupaciones juveniles, como de jubilados. Pero tras el cierre de los talleres, en los años 80, la llegada de turistas fue decreciendo, hasta que a mediados de los años 90, la hostería fue clausurada por completo. En esos tiempos, el olvido, la falta de presupuesto y, sobre todo, la desidia de los gobiernos municipales impactaron en la edificación.
Aun cerrada, la hostería atrajo en aquellos años de convertibilidad y excesos, a contingentes que pedían hospedaje a pesar de las condiciones precarias del edificio. Sus 16 hectáreas sirvieron también para organizar competencias de mountain bike, motocross y hasta jornadas de teatro.
Pero lo cierto es que la decrepitud ya se había instalado en las espaciosas habitaciones. Hoy, la hostería es una triste metáfora de la palabra olvido. Recorrerla es casi un paseo entre ruinas. Aunque el edificio sigue en pie y se mantiene firme, hay muchas señales de decadencia: vidrios rotos, ausencia de luces, goteras, cañerías herrumbradas, paredes enmohecidas y pisos hundidos. Así y todo, la belleza del lugar es tan apabullante, que hay gente que incluso pide hospedaje sabiendo que el edificio no está en condiciones. "Hasta el lunes tuvimos un contingente de jóvenes de Santiago del Estero que vinieron para un encuentro. Al final no querían irse porque decían que se ya habían acostumbrado a vivir en el Paraíso", dice Bustos. Lo mismo sucedió con Juan Martín "Látigo" Coggi, que meses atrás visitó Tafí Viejo y se hospedó en la hostería.
El problema
¿Por qué se llegó a esto? Según el intendente de Tafí Viejo, Javier Pucharras, la hostería sufrió años de abandono. "Nosotros estuvimos inhibidos durante mucho para poder ocuparnos de ella, porque había un litigio jurídico", cuenta. En marzo de 2002, la municipalidad (por entonces manejada por Alejandro Martínez) realizó un convenio con una firma privada a fin de convertir a la hostería en un destino de alto vuelo para contingentes de jubilados y estudiantes. Sin embargo, el proyecto nunca llegó a concretarse. Las obras que se habían iniciado para mejorar las instalaciones se interrumpieron de golpe entre acusaciones cruzadas por incumplimiento de contrato y la firma privada terminó enjuiciando al municipio. Eso congeló cualquier posibilidad de hacer algo en el lugar. "Nosotros heredamos el juicio y nos mantuvimos al margen. Reconozco que nada se hizo, pero aún así, la hostería nunca estuvo inoperable. El tema legal se resolvió hace unos meses, y ahora estamos analizando proyectos para desarrollar en el lugar", dice Pucharras.
Y mientras se arma el debate, la perla aguarda su momento, para volver a brillar en el corazón del cerro.








