José Alperovich se levantó con la idea de reformular la política tributaria de 2012, pero a la hora de la siesta enfrió todo análisis que implique un aumento de impuestos. ¿Por qué ha cambiado tan repentinamente de parecer? ¿Los estudios preliminares eran tan superfluos que lo llevaron a decir, públicamente, que es probable que deba subir el Inmobiliario porque el valor estaba retrasado? ¿Había necesidad de comerse un amague recaudatorio con las medidas anunciadas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires? Las respuestas pueden ser múltiples, pero las más adecuadas sólo se mantienen en el círculo íntimo del gobernador de la provincia.
Está claro que a Tucumán una suba del Inmobiliario no le significará un ingreso extra anual de $ 1.000 millones, tal como lo prevé la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el proyecto de Presupuesto 2012. La tentación recaudatoria siempre está latente. Alperovich se dejó arrastrar por el "efecto Macri". El ingreso extra que un reajuste tributario le dejaría a la Dirección General de Rentas no superaría los $ 36 millones. Demasiado poco para cubrir el costo político de una medida, a todas luces, impopular. Y aquí radica, tal vez, el quid de la cuestión. ¿Puede Alperovich darse el gusto de anunciar aumentos impositivos a 23 días de una elección presidencial? La respuesta es un no rotundo. Otra vez exteriorizó un pensamiento en voz alta, como antes sucedió con la inmundicia en los accesos a la ciudad, dichos que incomodaron al mismísimo intendente de la capital, Domingo Amaya.
En definitiva, ¿puede haber novedades respecto de algunos cambios en la política fiscal? El interrogante seguirá latente hasta tanto el Poder Ejecutivo eleve, antes de fines de mes, el proyecto de Presupuesto 2012. En el Ministerio de Economía afirman que no habrá cambios. Pero la sensación colectiva seguirá siendo la duda. En la cabeza del contribuyente se instaló la idea de un impuestazo. Y no fue por una interpretación periodística o por algún rumor de la oposición. Fue producto de las propias palabras del gobernador. La idea está. Tal vez durmiendo sólo una siesta.
Está claro que a Tucumán una suba del Inmobiliario no le significará un ingreso extra anual de $ 1.000 millones, tal como lo prevé la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el proyecto de Presupuesto 2012. La tentación recaudatoria siempre está latente. Alperovich se dejó arrastrar por el "efecto Macri". El ingreso extra que un reajuste tributario le dejaría a la Dirección General de Rentas no superaría los $ 36 millones. Demasiado poco para cubrir el costo político de una medida, a todas luces, impopular. Y aquí radica, tal vez, el quid de la cuestión. ¿Puede Alperovich darse el gusto de anunciar aumentos impositivos a 23 días de una elección presidencial? La respuesta es un no rotundo. Otra vez exteriorizó un pensamiento en voz alta, como antes sucedió con la inmundicia en los accesos a la ciudad, dichos que incomodaron al mismísimo intendente de la capital, Domingo Amaya.
En definitiva, ¿puede haber novedades respecto de algunos cambios en la política fiscal? El interrogante seguirá latente hasta tanto el Poder Ejecutivo eleve, antes de fines de mes, el proyecto de Presupuesto 2012. En el Ministerio de Economía afirman que no habrá cambios. Pero la sensación colectiva seguirá siendo la duda. En la cabeza del contribuyente se instaló la idea de un impuestazo. Y no fue por una interpretación periodística o por algún rumor de la oposición. Fue producto de las propias palabras del gobernador. La idea está. Tal vez durmiendo sólo una siesta.
Está claro que a Tucumán una suba del Inmobiliario no le significará un ingreso extra anual de $ 1.000 millones, tal como lo prevé la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el proyecto de Presupuesto 2012. La tentación recaudatoria siempre está latente. Alperovich se dejó arrastrar por el "efecto Macri". El ingreso extra que un reajuste tributario le dejaría a la Dirección General de Rentas no superaría los $ 36 millones. Demasiado poco para cubrir el costo político de una medida, a todas luces, impopular. Y aquí radica, tal vez, el quid de la cuestión. ¿Puede Alperovich darse el gusto de anunciar aumentos impositivos a 23 días de una elección presidencial? La respuesta es un no rotundo. Otra vez exteriorizó un pensamiento en voz alta, como antes sucedió con la inmundicia en los accesos a la ciudad, dichos que incomodaron al mismísimo intendente de la capital, Domingo Amaya.
En definitiva, ¿puede haber novedades respecto de algunos cambios en la política fiscal? El interrogante seguirá latente hasta tanto el Poder Ejecutivo eleve, antes de fines de mes, el proyecto de Presupuesto 2012. En el Ministerio de Economía afirman que no habrá cambios. Pero la sensación colectiva seguirá siendo la duda. En la cabeza del contribuyente se instaló la idea de un impuestazo. Y no fue por una interpretación periodística o por algún rumor de la oposición. Fue producto de las propias palabras del gobernador. La idea está. Tal vez durmiendo sólo una siesta.
Está claro que a Tucumán una suba del Inmobiliario no le significará un ingreso extra anual de $ 1.000 millones, tal como lo prevé la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el proyecto de Presupuesto 2012. La tentación recaudatoria siempre está latente. Alperovich se dejó arrastrar por el "efecto Macri". El ingreso extra que un reajuste tributario le dejaría a la Dirección General de Rentas no superaría los $ 36 millones. Demasiado poco para cubrir el costo político de una medida, a todas luces, impopular. Y aquí radica, tal vez, el quid de la cuestión. ¿Puede Alperovich darse el gusto de anunciar aumentos impositivos a 23 días de una elección presidencial? La respuesta es un no rotundo. Otra vez exteriorizó un pensamiento en voz alta, como antes sucedió con la inmundicia en los accesos a la ciudad, dichos que incomodaron al mismísimo intendente de la capital, Domingo Amaya.
En definitiva, ¿puede haber novedades respecto de algunos cambios en la política fiscal? El interrogante seguirá latente hasta tanto el Poder Ejecutivo eleve, antes de fines de mes, el proyecto de Presupuesto 2012. En el Ministerio de Economía afirman que no habrá cambios. Pero la sensación colectiva seguirá siendo la duda. En la cabeza del contribuyente se instaló la idea de un impuestazo. Y no fue por una interpretación periodística o por algún rumor de la oposición. Fue producto de las propias palabras del gobernador. La idea está. Tal vez durmiendo sólo una siesta.







