A cara o cruz

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 22 Septiembre 2011
El esquema de poder se afianzó sobre la base del dinero. Y parece que esta receta no cambiará. Los gobernadores se acostumbraron al menú que sirvió el kirchnerismo desde que la economía inició el largo proceso de expansión. La crisis financiera global aún no hizo mella en la actividad que, para este año, crecerá en torno del 8%. Y así se sustenta el kirchnerismo. Y lo ha volcado en el mismo proyecto de Presupuesto para 2012. Anuncia que el período de bonanza puede llegar a sostenerse durante el año que viene, pero condiciona las voluntades. Advierte a las provincias que volverá a aplicar la Ley de Responsabilidad Fiscal, pero mantiene la flexibilidad para que los gobernadores sigan gastando más allá del límite del 15%, establecido originalmente. Todo sea por la necesidad de sostener las políticas anticíclicas ante tanta volatilidad externa.

José Alperovich tiene asegurados, de cajón, unos $ 7.800 millones de transferencias coparticipables para el año que viene. Y todo parece indicar que esa cifra se puede estirar a $ 10.000 millones, si se toma en cuenta la verdadera evolución que ha tenido la recaudación fiscal nacional. Para el poder de turno siempre ha sido un buen negocio declarar ingresos de menos. Es una forma de dosificar su fortaleza. Y prolongar su mandato.

El gobernador de Tucumán necesita consolidar su proyecto político en los próximos dos años. Tantas reelecciones pueden erosionar su imagen y cambiar el curso de la vida institucional de la provincia. La reforma constitucional es sólo una cuestión de tiempo. De la misma manera, la reestructuración del gabinete. Este fin de semana, en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), puede haber decisiones en este sentido. Alperovich y el ministro de Desarrollo Productivo, Jorge Gassenbauer, tienen previsto asistir a la Expocruz. Y hablar sobre la creación de la figura de un jefe de gabinete tucumano. En los hechos, Gassenbauer ocupa ese rol. Los tiempos apremian. Si madura la decisión, un proyecto de ley partirá con destino a la Legislatura para renovar el organigrama del Poder Ejecutivo. Debe ser antes de la presentación del Presupuesto 2012, antes de fines de octubre. La nueva estructura no se limitaría sólo a cuestiones legales y técnicas. Pretende ser un órgano con decisiones políticas directas en la gestión. Eso es lo que demora su concreción.

Mientras tanto, Alperovich ordena votar por Cristina el 23 de octubre. De ese resultado dependerá la asistencia financiera que pueda recibir una de las provincias más endeudadas del país, con más de $ 4.500 millones. Como fiel alumno del kirchnerismo, el gobernador también disciplinará antes de los comicios presidenciales a intendentes, comisionados rurales, legisladores y concejales. Necesita mostrar -otra vez- poderío electoral para colocarse entre los más mimados de la Casa Rosada. Y está preparando una herramienta con la cual encolumnará a los dirigentes con cargos institucionales: un fideicomiso que administrará los $ 500 millones del Fondo Federal Solidario, el dinero que se coparticipa a las provincias, municipios y comunas rurales para la ejecución de obras públicas y que se origina en el reparto del 30% de las retenciones a la soja.

La cara de esta moneda es la centralización de las decisiones distributivas del dinero destinado a infraestructura. También del control directo sobre la ejecución. Todo dentro de la Casa de Gobierno; tal vez nada lejos del Palacio del Ejecutivo. Es la cruz que, quizá, deban llevar intendentes y comisionados rurales durante los próximos cuatro años, la misma que porta el Gobierno provincial cada vez que debe rendir examen en la Casa Rosada. A eso le llaman fidelidad.

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