EDITORIAL

Lo bueno y lo negativo de las redes sociales

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Desde siempre el hombre suele ser reacio a las cosas nuevas porque estas le generan la incertidumbre por lo desconocido. De allí el refrán que reza: "Más vale viejo conocido que nuevo por conocer". Todo avance, sea tecnológico o de otro tipo, inspira desconfianza porque no se sabe si realmente es beneficioso hasta que se lo prueba y se pierden los primeros miedos, si la experiencia es satisfactoria. Se suele pasar entonces de una etapa de elogio de la invención, a otra de crítica y a una tercera instancia, que fluctúa entre la aceptación y la demonización. 
Algo así ha ocurrido con la llegada de internet que despertó la inmediata adhesión de los jóvenes y las lógicas suspicacias de los mayores. Se produjo la tan mentada globalización que cosechó -y lo sigue haciendo- defensores y críticos. Los primeros destacan que esta revolución en las comunicaciones ha contribuido a acercar a los seres humanos entre sí, a poner al alcance de todos el conocimiento, la información. Voluminosas enciclopedias o diccionarios, por ejemplo, están online y pueden ser consultados desde la computadora, sin salir de la casa. Las redes sociales son sistemas abiertos que nos permiten vincularnos con personas, aunque no las conozcamos. A través de ellas podemos reencontrarnos con parientes o amigos lejanos a los que les hemos perdido el rastro.
Un ejemplo de ello es el caso de esta joven madre tucumana que un día de 2004 perdió el rastro de su hijo -por entonces de cuatro años-  cuando su esposo rompió el régimen de visitas acordado y se lo llevó. Acudió a la Justicia y a la Policía, pero no obtuvo resultados positivos. Transcurrieron siete años. Hace poco tiempo, puso el nombre de su vástago en Facebook. "Aparecieron muchos perfiles, pero a mí me llamó la atención uno que no tenía foto. Entré en él y descubrí que tenía, como amigos, a mi ex marido y a una ex cuñada mía. Entonces no dudé un minuto. Descubrí que el perfil tenía una dirección de Punta Alta, conseguí un exhorto del juez y fui en julio a encontrarme con él", le contó a nuestro diario.
En la actualidad, internet se ha popularizado y cada vez son mayores los adeptos a las redes sociales, como Facebook, Twitter, Youtube, Hi5, MySpace o Badoo. Si bien internet nos proporciona múlples beneficios, también encierra peligros para los niños y los jóvenes, vinculados con la pornografía y la pedofilia, o los riesgos de publicar datos o fotografías demasiados personales que pueden ser usados por otros individuos con fines inconfesables. También las personas pueden desarrollar una adicción a internet, es decir una conducta compulsiva que lleve a reemplazar actividades como la comunicación con la pareja, los amigos y los congéneres, tanto en el ámbito laboral como social, por los medios electrónicos.
En contrapartida, las redes sociales pueden promover el diálogo, el intercambio, la solidaridad y la creación de relaciones positivas. Las herramientas tecnológicas y de comunicación no son buenas ni malas en sí mismas. Dependen del empleo que les dé el ser humano. Por ejemplo, la televisión puede ser un medio fantástico para educar (los canales Encuentro, Discovery, Film&Arts, National Geographic, Canal (á), Animal Planet) o un medio meramente comercial, de entretenimiento o de alienación. 
Las redes sociales internet son un reflejo de la vida de las personas; está en cada una de ellas darles un empleo positivo o negativo.

Tras siete años de búsqueda, una joven madre tucumana logró recuperar a su pequeño hijo a través de Facebook.
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