Del dicho al hecho, un largo trecho

Por Claudia Gómez López - Arquitecta - Dra. en Urbanismo

18 Sep 2011
Un aspecto de la realidad que describe el censo del 2010 es el importante crecimiento del parque habitacional en el país, siendo el promedio el de una vivienda cada tres habitantes. Este dato es propio de una realidad "relativamente equilibrada", al menos, "mejor" que la que reflejaban censos anteriores. Sin embargo todos sabemos que a un ciudadano de clase media le cuesta cada vez más acceder a una vivienda propia y puede hacerlo a través de barrios construidos por el estado o con ayuda de la familia. Un ciudadano de clase media baja NO PUEDE acceder a la vivienda si no es a través del Estado. Un ciudadano pobre NO TIENE vivienda, vive en un asentamiento marginal en condiciones de extrema precariedad y su máxima aspiración es la de reclamar al estado la tenencia de un lote y el acceso a un plan de mejoramiento barrial. ¿ Cómo se explica entonces la asimetría entre la realidad en la que vivimos y la realidad que describe el censo?

Hay que tener en cuenta la existencia de un parque habitacional desocupado (edificios vacíos en el centro producto de especulaciones económicas), numerosos barrios cerrados con baja densidad de ocupación, gran crecimiento de villas con viviendas de fin de semana o vacaciones por un lado contrarrestan la cruel realidad del crecimiento y proliferación de asentamientos marginales y áreas con grandes déficit, más un importante parque habitacional construido por el estado en las peores zonas de la ciudad, cada vez más alejadas y desarticuladas de la misma.

El censo refleja la paradoja del crecimiento inequitativo: crece la ciudad empeorando las condiciones de vida de la población. Las ciudades son cada vez más anárquicas, desarticuladas y evidencian procesos de segregación socio espacial que no se condicen con la anhelada sustentabilidad ambiental, gran desafío a alcanzar en el SXXI. Es que el hábitat (lugar de condiciones apropiadas para la vida un individuo) ha empeorado drásticamente y la ciudad se ha convertido en el escenario de mundos irreconciliables que no comparten un proyecto de vida en común.

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