Una muy oportuna fogata

La Madrid logró desviar al ejército de Tristán

Por Carlos Páez de la Torre H 12 Septiembre 2011
El 24 de setiembre de 1812, el ejército realista de Pío Tristán planeaba ingresar a nuestra ciudad por el norte. Una maniobra del joven oficial Gregorio Aráoz de La Madrid lo hizo torcer el rumbo y entrar por el oeste. Cayeron así en el Campo de las Carreras donde lo aguardaba, desplegado en línea de batalla, el ejército de Manuel Belgrano. En sus memorias, La Madrid narra el suceso.

Al amanecer del 24, cuenta, Belgrano lo mandó, con doce soldados de los Dragones, a observar al enemigo que avanzaba desde Los Nogales. "Encontré la vanguardia enemiga que marchaba a pocas cuadras delante del ejército y con un cuerpo de caballería a la cabeza, por entre los pajonales de que abunda aquel campo".

Cuando los tuvo más cerca, dice, "me presenté a su vista, provisto ya de unos tizones de fuego que mandé sacar de un rancho, y mandé a mis soldados prender fuego a las pajas por tres puntos paralelos a mi frente". A la vez, envió un mensaje a Belgrano, avisándole que los realistas tomaban rumbo al poniente, y que la quema los forzaba "a recostarse a la falda del cerro".

La vanguardia de Tristán mandó una partida en persecución de La Madrid; "pero yo, tiroteándola en retirada, me burlaba de ella mandando quemar el campo por todo el frente que iba avanzando", narra. El fuego era atizado por "un ligero viento que soplaba", y "los obligaba a recostarse más a la costa". Afirmaba que "así me conduje a su frente hasta haber obligado a todo el ejército, por medio del incendio, a despuntar El Manantial". Sólo podrían rumbear a la ciudad "por el puente que queda al sur-sureste de Tucumán, y como a una legua del pueblo".

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