Los increíbles lujos de la familia Gaddafi

Descubrieron cepillos de dientes con empuñaduras de oro macizo y camas redondas. Galería de Imágenes.
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RICO DESCANSO. Este sillón descubierto es de oro macizo. FOTO TOMADA DE ELPAIS.COM / REUTERS

MAGREB, Argelia.- Depuesto el régimen de Muammar Gaddafi, su familia optó por la huida. Su esposa, Safia, y tres de sus hijos -Aisha, Mohamed y Hanibal- cruzaron la frontera de Argelia, confirmó el Ministerio de Exteriores argelino. Se ignora el paradero del coronel y sus hijos Saif al Islam, Jamis y Mutasim, los más detestados por la mayoría de los seis millones de libios. Son quienes han dirigido la salvaje represión que se abatió sobre Libia desde mediados de febrero.

Mientras tanto, comenzaron a conocerse algunos de los lujos en los que vivían. En el complejo militar de Bab al-Aziziyah, informó el diario "La Nación", Gaddafi guardaba una infinita colección de disfraces y uniformes militares. Por ello, algunas veces se mostraba vestido con suntuosidad oriental, como los califas de "Las mil y una noches", y en otras, de mariscal de campo: con llamativas charreteras y la casaca cargada de medallas. En sus palacios, que ocupaban él y sus hijos, era pródigo en lujos y caprichos.

En la mansión amurallada de Al-Saadi, el hijo futbolista fracasado del Gaddafi, cuyas almenas miran al mar Mediterráneo, se encontraron cepillos de oro en los lujosos baños, de puro mármol. Allí, vivía Dina, su perra doberman, que disfrutaba de su propia suite y de su propio cuarto de baño, y solía comer filet mignon, su plato preferido. Un criado se encargaba de lavarle los colmillos tras cada banquete.

También de allí, los rebeldes se llevaron como trofeo media docena de jeans Diesel, la marca preferida del futbolista. En un estacionamiento subterráneo hallaron media docena de vehículos, un Laborghini, una Hummer, un BMW, un Audi, un Mercedes, un Ferrari. Y, en los predios de la mansión, una cancha de fútbol profesional con césped artificial y torres de iluminación. Según las historias que corren, Al Saadi pagó una vez a Maradona un millón de dólares para que lo entrenara.

En lujosa residencia de Aisha Gaddafi, abogada de profesión, sólo el pabellón de juegos de sus niños era un verdadero parque de diversiones, y en una sala adyacente había una biblioteca infantil con cerca de 2.000 libros. Si a su hermano Al Saadi le gustaban los jeans Diesel, las preferencias de Aisha iban por las chaquetas de cuero Dolce & Gabbana, de las que tenía una amplia colección en sus roperos.

Llenos de furia y resentimiento, los rebeldes ingresaron a las residencias armados de piquetas, barras y palos, y en cuestión de horas destruyeron todo, sin olvidar llevarse lo que pudieron: copas de cristal de bohemia, manteles, espejos, alfombras, cuadros, sillones, camas, televisores de plasma. Y los cepillos de dientes con mangos de oro. (Especial-AFP)

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