Trípoli está al borde de una catástrofe social

Los rebeldes no consiguen controlar todo el territorio libio, mientras que Muamar Gaddafi sigue con paradero desconocido. En la capital se descubren violaciones a los derechos humanos por parte de ambos bandos en lucha, y se agudiza la escasez de alimentos y de medicamentos. Las distintas visiones internacionales sobre un conflicto que aún no tiene definición a la vista

28 Ago 2011
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CAMPO DE BATALLA. Voluntarios recogen el cadáver de un seguidor de Gaddafi, abatido en Tadjoura, para sepultarlo. REUTERS

TRÍPOLI.- Una semana después de que los rebeldes tomaran el control casi por completo de Trípoli, los residentes se animaron ayer a salir a las calles para afrontar el trabajo de sepultar a los muertos en fosas comunes, mientras aparecían evidencias de matanzas en varios barrios.

El hedor de los cuerpos en descomposición y la basura incendiada dominaba la ciudad, que lidiaba con una escasez en el suministro de agua y energía que puede llevar a una catástrofe humanitaria.

Los mayores combates están centrados ahora en Sirte, la ciudad natal de Muamar Gaddafi, de 120.000 habitantes. Los insurgentes tienen decidido tomar por la fuerza el enclave fiel al líder de paradero desconocido, si fracasan las negociaciones encaradas para una entrega pacífica del lugar.

En contraposición, la intensidad de las batallas disminuyó en la capital, donde fueron apareciendo más evidencias de ejecuciones sumarias a soldados leales a Gaddafi y se hallaron cadáveres en un hospital abandonado por los médicos. También hay numerosos testimonios de fusilamientos efectuados por el Ejército a opositores al régimen. Estos hechos fueron denunciados por igual por organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos.

En el distrito capitalino de Tadjoura, los vecinos prepararon una fosa común para los cuerpos de 22 africanos que serían mercenarios reclutados para luchar a favor de Gaddafi (uno tenía las manos atadas en la espalda). "Los rebeldes les dijeron que se rindieran, pero ellos se negaron. Decidimos enterrarlos de acuerdo a la ley del Islam", relató Haitham Mohammed Khat?ei.

Reportes de asesinatos a sangre fría por ambos bandos han surgido en los últimos días, oscureciendo el ambiente en una ciudad donde muchos residentes celebraron con alegría la caída del Gobierno, tras 42 años con la conducción férrea de Gaddafi, quien sigue escondido. Algunas versiones afirman que huyó a Argelia, lo que fue desmentido desde ese país.

El presidente del Consejo Nacional de Transición (CNT), Mustafa Abdel Jalil, pidió a sus combatientes que no lleven a cabo asesinatos por venganza, en un intento de afirmar su autoridad y restablecer el orden en Trípoli, pero el éxito de su pedido está en duda.

Las Naciones Unidas, la Unión Africana (aún no reconoció a los rebeldes en el poder), la Liga Árabe y la Unión Europea instaron a todas las partes en conflicto a abstenerse de recurrir a represalias.

Lejos de la normalidad
En los hechos, la vida está lejos de la normalidad en la capital, cuyos dos millones de habitantes lidian con cortes en los servicios básicos y falta de elementos de primera necesidad. "Hay una escasez generalizada de combustible, alimentos y suministros médicos", advirtió el titular de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. El suministro de electricidad es esporádico y el agua corriente escasa, lo que obliga a ir las mezquitas para llenar baldes en los pozos de sus patios. En los barrios acomodados continúan los saqueos, y la embajada de Italia fue incendiada por seguidores del líder depuesto.

Gran Bretaña prometió 3 millones de libras (U$S 4,9 millones) en una ayuda urgente para la Comisión Internacional de la Cruz Roja para tratar a los 5.000 heridos, entregar alimentos a las 690.000 personas obligadas a dejar sus casas y reunir a familias divididas.

"La falta de ayuda médica es uno de los mayores problemas -afirmó el portavoz de la Cruz Roja, Steven Anderson- y la importación se ha reducido. Se agotan incluso los medicamentos contra el cáncer, la diabetes y la deficiencia renal".

La escasez ha empeorado, aún cuando Jalil anunció el jueves que había descubierto grandes cantidades de provisiones, que eliminarían cualquier déficit. Algunos comercios abrieron sus puertas, con precios notoriamente elevados: el combustible cuesta 20 veces más que antes del levantamiento armado y la leche vale el doble.

Libia está dividida dos. Las fuerzas pro Gaddafi controlan el territorio entre Sirte (a 450 kilómetros de la capital) y el interior del desierto en el sur, con un foco de resistencia en Sabha. El resto está bajo el control de los insurgentes, que mantienen su base en Bengazi. En el puerto de Zuwara, un barco con municiones para los rebeldes explotó, y los insurgentes acusaron a saboteadores oficialistas. Al mismo tiempo, anunciaron que controlan el principal paso con Túnez y el aeropuerto internacional capitalino, y que ganaron más terreno en su ofensiva.

El CTN y los países occidentales que lo respalda desde hace cinco meses, con los ataques de la OTAN, están conscientes de que deben evitar que el país caiga en un caos como el que vivió Irak por años tras la invasión de Estados Unidos en 2003. Con fuertes reservas observan el proceso los aliados de Gaddafi en África (beneficiarios de su generosidad financiada por el petróleo y simpatizantes de una política exterior autocalificada de anticolonial), que se suman a la renuencia de grandes potencias como China, Rusia y Brasil. Para ellos, europeos y a estadounidenses quieren dominar el país por sus recursos energéticos. (Especial-Reuters-AFP-DPA)

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