Gladys siempre será una estrella

Tinelli, Susana, Mirtha, su éxito, la intimidad y los sueños que nunca la abandonan

JARDINERA. Ama las plantas y les dedica mucho tiempo. LA GACETA / FOTOS DE FRANCO VERA
JARDINERA. Ama las plantas y les dedica mucho tiempo. LA GACETA / FOTOS DE FRANCO VERA
Por Natalia Viola 18 Agosto 2011
¡Vamos Gladys, despertate! ¡Dale, ya están tocando la canción! Eran los 90. La fiebre de la música tropical la tenía como protagonista absoluta. "La Bomba" llegaba a presentarse en 20 escenarios diferentes cada fin de semana. "Tuve el récord de presentaciones en una sola noche", recuerda hoy, lejos de la locura. En la combi se desmayaba del cansancio; entonces no quedaba otra que cachetearla tiernamente para que despertara. Le retocaban el maquillaje. La banda ya comenzaba a tirar las primeras notas. Ella tomaba aire -a veces hasta lloraba y le recriminaba a su manager con un "me voy a morir"-, pero sonreía y salía a entregar lo que ese público reclamaba: ¡Gladys, Gladys!

No hay manera de errarle, la casa grita su nombre desde la entrada. Es rosa, rosa. Cuando entramos reniega desde la cocina porque se acaba de manchar el vestido. "¡No sé qué me tiré!" es la frase de bienvenida, mientras se seca con el secador de pelo. Está impecable. Se lo decimos.

En la sala tiene embalados dos juegos de living de cuero blanco. "Es para mi nuevo boliche", cuenta. De las paredes cuelgan pedazos de su historia: discos de oro y platino ("de cuando en verdad se vendían millones de discos. No ahora que todo es piratería") y retratos con Diego Maradona, Marcelo Tinelli, "El Potro" Rodrigo y Daniel Agostini.

Sobre la mesa del comedor está su presente. Las fotos con su hijo Santiago Ariel (de su matrimonio con "El Príncipe" Ariel) y con su nuevo amor, Gabriel Gordillo, un psicólogo que le cambió la vida. También sus pequeñas obras de arte: una lámpara con flores, figuras de yeso pintadas y una jarra. "Amo pintar, algún día voy a organizar una exposición para que la gente conozca esa otra parte mía", revela.

La dueña de "La pollera amarilla" no extraña ésa época. "Al contrario, estoy feliz de haber sido partícipe. Nadie podrá sentir lo que los artistas de cumbia vivimos en los 90. Llegábamos a los últimos bailes como a las 9 de la mañana. Estábamos muertos y en un estado de inconsciencia total. Hoy no lo volvería a hacer". Si la noche era agitada, el día también. Siempre estaba invitada a algún programa. "El productor de Susana Giménez me amaba, a lo de Mirtha fui miles de veces, igual que a lo de Tinelli. Jorge Guinzburg me quería muchísimo", relata.

¿La clave? "Ser natural, nunca me la creí ni me subí al caballo. Jamás tuve que dar algo a cambio por ser quien soy. El casting sábana no existía", agrega. Tanto trabajo posibilitó que hoy, con 25 años de carrera y después de 15 años sin grabar pueda trabajar igual ("o más", dice) que en sus años dorados.

Si tiene que elegir, la cocina es uno de sus lugares favoritos. "Amo cocinar y amasar pan casero y empanadas", apunta. En el fondo hay un horno de barro a gas natural y una pequeña huerta con lechugas y perejil (Uma, su perra boxer, acaba de romperle los perejiles. "¡¿Por qué me hacés esto?!", le recrimina)

Después del city tour hogareño y las fotos, acostada en su gran cama blanca, volvemos a la cocina para retomar la charla, café de por medio. "No soy del mate, prefiero el café con leche o el capuchino". También es obsesiva de la limpieza y no tiene problemas para agarrar el trapo y limpiar... sobre limpio.

No se molesta, o sí. Quizás le incomoda que le pregunten cómo hizo para bajar tanto de peso. "¡Yo nunca fui gorda!", remata al vuelo. "Lo de Bomba fue porque soy explosiva e hiperquinética sobre el escenario", aclara. "La televisión no me favorece, si tengo dos o tres kilos de más ahí parecen ocho". Así, explosiva, confiesa que ama Tucumán y que nunca dejará de decirle "gracias" por tantos años de amor. "¡Soy muy tucumana, amo esta provincia. Podría estar viviendo en Buenos Aires y, sin embargo, elegí quedarme acá", resalta.

Tan tucumana que en 1999 la tentaron para ser candidata a legisladora por el peronismo. "No me da vergüenza recordarlo, pero la verdad es que ahora que pasó el tiempo me doy cuenta de que me usaron", confiesa. Le entusiasmó estar en contacto con la gente y conocer sus necesidades, pero rápidamente le dejaron en claro que en la política las cosas eran de otra manera. Su ingenuidad la llevó a la completa desilusión. "No descarto que algún día, cuando abandone la música me dedique a hacer algo, pero no desde un cargo político, sólo como Gladys", apuesta.

¿Cuál fue tu gran rival? "Siempre me enfrentaron con Lía Crucet, pero la verdad es que ella vendía algo muy opuesto a lo mío. Ella era una ?mujerota? y yo salía de short y dos colitas". Esa rivalidad casi forzada, a la larga, terminó concretándose. "Nos invitaban juntas y ella, a veces, decía que no quería cruzarse conmigo en los programas. Y, bueno, yo hice lo mismo", explica. Pero le gana el genio y dice: "lo mismo la quiero y la considero mi colega. A ella". Ese último "a ella" hace suponer que las nuevas caras de la movida no lo son: "cuando tengan 20 años de carrera, ahí hablamos. ¡Hay que mantenerse, mi amor!"

Salpicado

Los 90
"No quiero terminar así"
La muerte de Gilda fue un quiebre porque sintió que a ella podría haberle pasado. "Todos vivíamos así. Su chofer era el mío también. Estuve dos meses sin trabajar, con depresión y tuve que ir al médico". Ahí tomó conciencia y decidió no hacer tantos shows por noche. ¿Era difícil aguantar el ritmo sin drogas o alcohol? "No te niego que en el ambiente había mucho de eso, pero siempre fui muy sana y elegí rodearme de gente como yo".

El 9 de Julio
"Ese día confirmé el amor"
La noche que cantó "Luna Tucumana" en la plaza Independencia marcó una bisagra en su carrera. Fue el 9 de julio del año pasado. "Ese día confirmé lo que ya sospechaba: que los tucumanos me aman y yo a ellos". La emoción hizo que hasta se olvidara parte de la letra. "¡Quisiera tener otra oportunidad!", reclama.

Sus amores
"Me costó encontrar el compañero"
Se define como la dueña del control remoto, muy independiente. Pero está en pareja desde hace un año y afirma que su vida cambió. "Con él me imagino el resto de la vida", resumió. Y hasta intercambiaron alianzas. Cuando habla de su mamá, a Gladys se le llenan los ojos de lágrimas. "Creo que por mí se separó de su marido, porque no estaba nunca. Ella me acompañaba a las giras y cuidaba de Santiago, porque nunca quise niñeras. Mi hermana, Olga, también me ayudó mucho". Su hijo Santiago, simplemente, es su vida.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios