La discreción del Comandante

Análisis. Isaac Risco - agencia DPA.

13 Agosto 2011
Hasta hace algunos años, pocos se hubieran imaginado una Cuba sin Fidel Castro. Omnipresente e infatigable en las primeras cuatro décadas y media de la Revolución, el histórico líder celebra su 85 cumpleaños sumido en un discreto segundo plano.

Castro se define como un soldado de las ideas desde que dejó de ejercer sus cargos políticos. En estos días, publicó pocas de sus habituales "Reflexiones" en la prensa. Aunque siempre fue irregular en sus escritos (en ocasiones con textos casi a diario y en otras, con largas pausas), los observadores no recuerdan ausencias tan prolongadas, salvo entre fines de 2006 y comienzos de 2007. Carismático orador, que solía pronunciar maratónicos discursos de hasta seis horas, no se deja ver en público.

Al mismo tiempo, su hermano cinco años menor, Raúl Castro, impulsa un proceso de reformas destinado a "actualizar" el modelo socialista de la isla. Aspira a corregir los errores del pasado para garantizar el futuro. "O rectificamos o nos hundimos", dijo el mandatario, y subrayó en varias ocasiones que Fidel sigue teniendo un papel central en la cúpula cubana.

Ambos se esfuerzan en destacar que hay consenso. Según Fidel, Raúl nunca dejó de presentarle ideas desde que llegó al poder, y el Presidente recalcó que las propuestas de su hermano son "el fundamento" de lo que se hace hoy en Cuba. Intelectuales como el escritor Leonardo Padura vislumbran cambios en la política y en la economía, como la apertura a la iniciativa privada y la libre adquisición de viviendas o autos.

"La impresión es que Fidel ha entregado su autoridad y poder a Raúl. Parece que no está acompañando muy de cerca el proceso de reformas pero, aparentemente, no ha habido desacuerdos importantes entre ambos", señaló desde Washington Michael Shifter, presidente del Inter American Dialogue, uno de los think tanks más influyentes sobre Latinoamérica.

Cuba intenta una etapa de cambios seguidos con una mezcla de esperanza, decepción y temores. Y Fidel no parece ser el gran estandarte que marca el paso.