Dramaturgos: Tucumán tiene quien le escriba

Aunque los autores coinciden en que no hay una dramaturgia autóctona, la provincia y sus hombres se cuelan en distintos textos

12 Ago 2011
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DEFINICIONES. Los autores Guillermo Montilla Santillán, Mario Costello, Verónica Pérez Luna, Rafael Nofal, Martín Giner y Pablo Gigena. LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO

El teatro tucumano viene contando historias que, aunque universales, están escritas en este territorio y hasta tienen un color local; algunas más, otras menos. La mayoría de los teatristas consultados coincide en que no puede hablarse de una dramaturgia propiamente tucumana, es decir, con un estilo y un modo de ser particulares; pero en muchas obras no es difícil reconocer relatos y personajes que identificamos rápidamente. Lo cierto es que además de los incluidos en este informe, la producción dramatúrgica es prolífica, ya desde quienes fueron algunos de sus pioneros, como Julio Ardiles Gray y Oscar Quiroga, o, más cercanos en nuestros tiempos, Carlos Alsina (en el exterior), Leonardo Goloboff o Nicolás Aráoz. Los escritores más jóvenes, como los que trabajan en los grupos Teodora Ciega Caníbal, Gente No Convencida o Índigo, entre otros, no les van a la zaga. Pero hay que aclarar que a la par de aquellos que escriben libros, están los que defienden y practican la llamada dramaturgia de actor; en otras palabras, hacen teatro sin un texto definido, entendido este en términos clásicos. El grupo Manojo de Calles es un claro testimonio de estas prácticas, que prefieren crear no desde un texto, sino desde sus propios cuerpos, a partir de tres o cuatro conceptos. Por ese camino también transitan numerosos colectivos, incluso Teodora Ciega Caníbal, Índigo y Suvastateatro.

Hay otro sector, no obstante, que apuesta a las adaptaciones de los clásicos, y en ese gesto hay todo un trabajo de creación y recreación.

La dramaturgia en Tucumán no solamente es prolífica, sino también variada: se escribe desde distintos lugares y posicionamientos ideológicos. En las obras "Papel, papel" (Pablo Gigena) y "Popesku debe morir" (Guillermo Montilla Santillán), por ejemplo, la problemática social y situaciones propias de la provincia se cuelan sin disimulo; difícil no saber de qué y de quiénes se está hablando, y con nombre y apellido. Y qué decir de otros textos de Alsina ("Limpieza" y "Por las hendijas del viento"), y "Coser para afuera, un oficio de alto riesgo", de Goloboff. "Punto final", de Crack Teatro, por ejemplo, también puede situarse en esa línea. Hace unos meses el grupo La Vorágine compiló una serie de textos en un libro cuyo título ya es toda una definición: "Made in Tucumán", y en su introducción Gigena efectúa una serie de aportes a estos debates.

Pero "La verdadera historia de Antonio", de Gente No Convencida, u otros trabajos del grupo Brillovox, se orientan en otra dirección, en donde lo tucumano, por llamarlo así, aparece más mediado o tamizado.

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