El que tiene el efectivo, gana

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 11 Agosto 2011
Las Bolsas del mundo se caen y luego se levantan. Las potencias parecen esas fichas de dominó que van cayendo una tras otra sin saber cuántas quedarán en pie y resistirán esta crisis que, al decir de los expertos, se asemeja a una tormenta perfecta. A los chinos se les acabó la paciencia oriental y ahora le reclaman a viva voz a Estados Unidos que honre sus deudas. Las calificadoras de riesgo le perdieron el respeto -y hasta la confianza- a esas naciones que se presentan como seguras para el inversor. Las pérdidas que se acumulan por los días oscuros en el mercado bursátil son de tanta magnitud que hasta resulta difícil contar los cero. En la Argentina, los funcionarios y los opositores discuten si el país está blindado o no y, en muchos casos, se pierde de vista que, en casi nueve años de crecimiento continuo de la economía, no hemos sido capaces de generar un fondo anticíclico que sirva de paraguas ante la gran tormenta mundial que está pronto a desatarse.

Los empresarios, en esas ruedas de café, suelen decir que no hay mejor cobertura que estar líquidos. Algunos han frenado -más que siempre- decisiones de inversión, algo propio de los años electorales. El miedo sigue latente a un cambio de humor a los ciclos económicos con un cambio desde la expansión o la estabilidad hacia lo recesivo, un término que ya se instaló en Estados Unidos y en Europa.

De la misma manera, la gente que mira las Bolsas como algo abstracto sigue preguntándose cómo los afectará esta gran crisis que viene de afuera. Con la inflación local, esto puede ser un cóctel muy peligroso. Sin embargo, todo dependerá del tamaño de la exposición. Hay expertos que sugieren que tanta volatilidad internacional puede significar un encarecimiento del crédito, con tasas más elevadas que las habituales. Por consiguiente, sugieren cancelar -cuanto antes y como se pueda- los resúmenes de las tarjetas de crédito y hasta los préstamos tomados para consumo. Claro está que dependerá de la espalda financiera del cliente en cuestión.

Todos a las urnas
La histeria bursátil tiene similitudes con la de los políticos argentinos que el domingo deberán rendir en las primarias para ver si es que pasan al mercado secundario de octubre y así establecer qué sucederá con sus acciones hasta 2015. Y el nerviosismo es más evidente en los oficialistas, que pasan por la Casa Rosada para acercar proyecciones, acordar alianzas y hasta pedir algo de dinero para solventar una campaña proselitista de fuste. El tucumano José Alperovich es uno de ellos. Esta semana se instaló en Buenos Aires y espera coordenadas para mover la tropa el domingo y prepararla para los comicios del domingo 28, ese que puede llegar a revalidar su título por cuatro años más de gestión.

Y las tensiones se acumulan. La Provincia está esperando otra cuota de la ayuda federal que le permitirá mitigar los incrementos salariales acordados con el sector público, particularmente el último, ese que benefició a la Policía. Esa asistencia extraordinaria alcanza a los $ 45 millones. Ahora, hay un poco más de alivio en el enfrentamiento con los médicos autoconvocados. Para solucionar un conflicto que se extendió por más de dos años, el Ejecutivo deberá erogar unos $ 13 millones mensuales, en la readecuación de la carrera sanitaria. Mucho tiempo perdido para una solución que siempre estuvo cerca y en la que faltó voluntad para el entendimiento. Está más que claro que, en un escenario de crisis financiera global, con apuros electorales y necesidades de cobertura, el que tiene el efectivo, gana. Una regla más política que económica.

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