El pacto de silencio se respetó. Nadie dio pistas certeras acerca del vice de CFK. A tal punto que, quienes estaban en las principales sillas ubicadas en Olivos apostaban a que aquel que estuviera de saco y corbata sería el elegido. Lealtad ha sido ayer la acción que mejor cotizó en el mercado de decisiones kirchneristas. Y Amado Boudou pagó buenos dividendos. La experiencia Cobos había llevado al default a la relación del binomio oficial. Cristina Fernández sacó viejas facturas acerca de cuál debe ser el comportamiento de sus colaboradores hacia adelante.
Boudou tiene una excelente relación con los gobernadores (más de una vez José Alperovich lo llamó "el amigo de Tucumán"); también con la descolocada CGT y con las Madres de Plaza de Mayo. Pero, su pasado liberal (CFK dejó de lado la ideología al momento de elegir) lo condena ante el PJ residual que responde al oficialismo, que -en cierta medida- ha dado una tregua hasta octubre.
Puede que Boudou tenga manejo financiero, más no político y sobre todo en el recinto del Senado en donde recalan aquellos dirigentes con trayectoria. Viejos lobos de mar que pondrán a pruebas al ministro del Rock and Roll si gana las presidenciales de octubre.
Si lo de Boudou fue un premio a la gestión económica, está claro entonces que el gran enemigo de la batalla electoral sigue siendo la inflación, no los opositores. Esa misma inflación oficial que, según el hasta hoy ministro, es sólo un problema para la clase media-alta de la Argentina.
En la Casa de Gobierno de Tucumán hay algarabía por la designación de Boudou. No sólo tienen una buena relación con Alperovich (que hace poco le fue a pedir plata para cubrir las subas salariales), sino también con el ministro de Salud Pública, Juan Manzur. Hechos curiosos que tiene la política. El gobernador tiene el mismo síndrome que la Presidenta: la falta de confianza en muchos de sus colaboradores. Por eso volvió a eligir a Manzur como compañero de fórmula, por la lealtad y el silencio del vice, casi al borde de la sumisión.
Boudou tiene una excelente relación con los gobernadores (más de una vez José Alperovich lo llamó "el amigo de Tucumán"); también con la descolocada CGT y con las Madres de Plaza de Mayo. Pero, su pasado liberal (CFK dejó de lado la ideología al momento de elegir) lo condena ante el PJ residual que responde al oficialismo, que -en cierta medida- ha dado una tregua hasta octubre.
Puede que Boudou tenga manejo financiero, más no político y sobre todo en el recinto del Senado en donde recalan aquellos dirigentes con trayectoria. Viejos lobos de mar que pondrán a pruebas al ministro del Rock and Roll si gana las presidenciales de octubre.
Si lo de Boudou fue un premio a la gestión económica, está claro entonces que el gran enemigo de la batalla electoral sigue siendo la inflación, no los opositores. Esa misma inflación oficial que, según el hasta hoy ministro, es sólo un problema para la clase media-alta de la Argentina.
En la Casa de Gobierno de Tucumán hay algarabía por la designación de Boudou. No sólo tienen una buena relación con Alperovich (que hace poco le fue a pedir plata para cubrir las subas salariales), sino también con el ministro de Salud Pública, Juan Manzur. Hechos curiosos que tiene la política. El gobernador tiene el mismo síndrome que la Presidenta: la falta de confianza en muchos de sus colaboradores. Por eso volvió a eligir a Manzur como compañero de fórmula, por la lealtad y el silencio del vice, casi al borde de la sumisión.
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