Ese teléfono siempre está con línea abierta para el alperovichismo. Es hoy el que abre las puertas al mundo kirchnerista y el que, en breve, puede constituirse en la llave de la caja de la felicidad, esa que hoy se necesita para no caer en déficit, esa palabra que, hasta ahora, se conjuga como pretérito, pero que puede ser un tiempo condicional, si es que esa gran mano federal no se asoma en Tucumán.
Amado Boudou es el hombre clave que José Alperovich necesita para empezar el camino hacia el último período de gestión al frente del Poder Ejecutivo. Claro que para llegar a esa meta, la de 2015, cualquier administración de gobierno requiere oxígeno financiero. El tubo no se ha vaciado del todo, pero el reloj marca que se ha consumido la mitad y que, de no ser recargado, es posible que el paciente (Tucumán) llegue a fines de año con un déficit de $ 500 millones, algo impensado hasta hace algunos meses atrás. Días pasados, Alperovich visitó a Boudou y le pidió directamente una ayuda financiera. Testeó el ánimo del bolsillo kirchnerista y se dio cuenta de que sólo podía gestionar no más de $ 250 millones. Esa plata puede llegar a Tucumán a mediados del mes que viene. Fue la promesa de un ministro que -si Cristina Fernández define de una vez su postulación a la reelección- puede llegar a convertirse en una pieza fundamental en el andamiaje de la Casa Rosada. Hay algunos analistas políticos que lo sitúan como el futuro ministro todoterreno, con poder de decisión económica y también en la obra pública.
A los oídos de Alperovich también llegó el mismo comentario. Por eso cree que Boudou puede llegar a ser un aliado estratégico de la próxima gestión. Y más si se toma en cuenta que, a fines de año, se acaba el período de gracia del Plan de Desendeudamiento Provincial. Tucumán debe tener la suficiente autonomía financiera para afrontar, verdaderamente, sus compromisos. Pero esa autonomía hoy parece muy lejana: el 72% de las deudas (unos $ 3.941 millones declarados al 30 de septiembre pasado) tienen como acreedor a la Nación.
Hoy la evolución financiera da la sensación de que, en Tucumán, el Estado es rico, porque recauda a un ritmo de un 30% más que en el año anterior. Por caso, a falta de una semana de cerrarse el mes, las transferencias de recursos coparticipables ya son los mismos que un año atrás ($ 519 millones). Alperovich no se puede quejar: llega tranquilo, desde el punto de vista fiscal, a las elecciones provinciales que se harán dentro de 95 días.
Relajamiento
Las encuestas fueron dándoles la razón a las proyecciones oficiales. Pero hay problemas que aún la gestión no ha podido resolver. ¿Cómo es que, en dos áreas donde se han realizado inversiones permanentes, el Gobierno tenga frentes de conflictos? La salud y la seguridad siguen siendo un problema. Y no en la infraestructura, sino en el capital humano. Uno, el de seguridad, ha sido resuelto de manera coyuntural. El otro sigue gritando, desde las carpas instaladas en la plaza Independencia- que quieren ser parte de la distribución de la riqueza estatal. Y que, de una vez por todas, el aumento salarial les llegue. "Son situaciones puntuales, pero no se puede decir que el Gobierno esté débil", indica un influyente funcionario del gabinete.
Los primeros siete años de gestión no han sido tan desgastantes como el octavo que está transcurriendo. Pocas veces antes, Alperovich ha tenido que enfrentar a miembros kirchneristas que se oponen a su proyecto político. Hay un ala de la corriente patagónica que lo mira con más desconfianza que antes. En las próximas semanas, el gobernador tratará de romper el hielo, con gestos de apoyos rotundos a la Presidenta. Hasta entonces, referentes nacionales seguirán cascoteándole el rancho.
La gestión debe continuar, pero en estos tiempos, se han dado demasiadas muestras de relajamiento en algunos hombres que integran el gabinete. "Eso es distinto que dar signos de debilidad. Hay gestión, pero se ha sentido el impacto del momento que atraviesa nuestro conductor", remarcó un hombre cercano a Alperovich.
Visto con ojos políticos, los oficialistas consideran que una gestión que debe optar por tres o cuatro nombres para las intendencias contra uno de la oposición, no puede ser considerada decadente. Tampoco, desde esta óptica oficial, porque el referente más cercano a Alperovich en la intención de votos no alcanza el 15% en los sondeos encargados por la Casa de Gobierno.
El gobernador ya está delineando cómo será su futuro gabinete, pero hasta ahora no ha soltado prenda sobre cómo será su composición. Sólo atina a decir que es difícil preparar a un ministro. Algunos ya fueron sondeados acerca si están dispuestos a recorrer 12 años con ese cargo. Otros están en observación. También hay funcionarios que le han pedido un cambio de aire. Puede que la nueva gestión, si las urnas le dicen otra vez que sí al alperovichismo, encuentre al Poder Ejecutivo con tres o cuatro caras nuevas. El tiempo se encargará de definir esos cambios de rumbo.
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