El rechazo, la burla o los aplazos consecutivos dejan marcas para toda la vida

Docentes reconocen que, además de las burlas entre los chicos, hay profesores que erróneamente utilizan apodos y frases peyorativas cuando se comunican con algún alumno. Un estudio de Unicef-Argentina desmitifica la creencia de que en escuelas públicas ocurren los mayores actos de humillación.

22 May 2011
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LA GACETA / OSCAR FERRONATO

"Pillín herrumbrado"; "traga de m...", "cuatro ojos", "gorda bachicha", son algunos de los cientos de calificativos que se gritan los alumnos en el recreo o a la salida de la escuela. Otros, mucho más agresivos, referentes a un defecto físico ("rengo de m...), o a una situación familiar o social determinada (negro, pobretón, villero) influyen en la personalidad de los chicos, en su autoestima, y en el rendimiento escolar. Pueden, incluso, de acuerdo con estudios, determinar la fuga involuntaria de los alumnos del sistema educativo.

Los pedagogos y psicólogos coinciden en que los adultos son responsables de construir nuevos modelos de convivencia. "En la escolaridad, la autoestima se ve profundamente afectada por los éxitos y los fracasos de la vida del niño: el ser rechazado por sus compañeros, los aplazos consecutivos, la ausencia de un adulto confiable y sensible, la ausencia del reforzamiento positivo por parte de un adulto cuando el niño se esfuerza o cumple una meta, impactan profundamente en su autoestima", sentenció la psicóloga Teresa Rodríguez de Del Carril.

Un estudio que realizó Unicef-Argentina hace una semana arrojó como resultado que el 66% de los alumnos del secundario conoce sobre situaciones constantes de humillación, hostigamiento o ridiculización entre compañeros. Más que las agresiones físicas, estos son los casos más frecuentes de violencia en las escuelas bonaerenses. El trabajo se basó en una encuesta a 1.690 alumnos de ambos sexos (ciclo 2009), que concurren a 93 escuelas públicas y privadas, cuyos directivos fueron también entrevistados. La muestra es representativa de los más de 600.000 estudiantes de la Ciudad y el Gran Buenos Aires. Mientras los directores de escuelas privadas y los padres creen que hay mayor conflictividad y violencia en el ámbito de las escuelas públicas, los hechos demuestran otras realidades. En el nivel privado, el 13,2% de los chicos dice que más de una vez sus compañeros fueron crueles con ellos (en escuelas públicas, 4,3%); el 17,1%, que más de una vez dijeron en público cosas feas sobre él o ella (en públicas, 11,3%); el 15,1% que se burlaron por alguna característica física (12,9% en escuelas públicas). "Los chicos no tienen temor a manifestar si son ellos los agresores o forman parte de conductas violentas. Esto habla de un fuerte proceso de discriminación", concluyó Elena Duro, la especialista de Unicef, que coordinó la investigación.

Las burlas por cuestiones étnicas, raciales o religiosas, por la vestimenta o la apariencia, también son más frecuentes en los colegios pagos, y por parte de adolescentes de nivel socioeducativo más alto. En las escuelas del Estado, en cambio, según los chicos, hay más peleas con golpes entre alumnos (71,5%, frente al 69,3%). En cambio, cuando se compara entre escuelas de la Ciudad y del conurbano, son las primeras las que muestran mayores niveles de agresión física.

Reacciones violentas

Tucumán no es la excepción aunque no tenga estadísticas. La docente María Eugenia Muro, con años de trayectoria en la educación primaria, sostiene que los descalificativos, las bromas, los apodos ofensivos, provocan serios efectos en los chicos, y que la reacción, por lo general, termina en violencia. "En la escuela Mitre, los docentes de 6º grado estamos aplicando un proyecto sobre las bases del respeto a la vida, al ser humano, a las diferencias, de tolerancia y de diálogo. Los docentes estamos haciendo esfuerzos para revertir este tipo de situaciones", dijo.

Muro admitió que, lamentablemente, en muchos casos, la humillación proviene del propio docente. "Sin darse cuenta, o acostumbrados a otras formas de comunicación con los alumnos, algunos profesores suelen llamar a los chicos por sus apodos, o utilizar frases, como ?no aprendés porque no te da la cabeza?, o ?si no estudiás vas a ser un burro?.

Para Josefina Ferrer, miembro de la Comisión de Padres, la peor humillación es la que ejerce el sistema, que todavía tiene una impronta autoritaria y exclusiva. "Se trata del incumplimiento a las leyes de protección de la infancia, a los niños con capacidades diferentes, y a los derechos de las familias a que sus hijos se eduquen en establecimientos dignos", agregó.

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