LA HUMILLACIÓN DUELE MÁS QUE LOS GOLPES

"Humillarse ante Dios es un verdadero acto de humildad"

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"Humillarse frente a Dios es un acto de humildad, desde el aspecto religioso o de la fe. Una persona humilde es como un rey. No necesita nada de nadie más. La humillación, en la vida diaria, denota falta de autoestima y de autovaloración en quien la padece", sostiene el psicólogo y catequista Jesús Manuel Reyes.

"La humildad ayuda a conquistar los corazones de los demás y nos hace sentirnos cómodos con nosotros mismos. A la persona humilde nunca le faltan amigos que lo ayuden en cualquier circunstancia y él nunca faltará cuando debe ayudar a los demás", agregó

El pastor Darío Pastrana, también considera el humillarase ante el Señor como un acto de humildad. "Es como la llave que abre cualquier puerta que en algún momento se cerró, es lo que no deja que tu cerebro se conforme con lo que ya sabe, sino que busca aprender algo nuevo de quien sea cada día, es la que te ayuda a crecer como persona", aseveró.

"La palabra de Dios nos descubre que todos los males del hombre le vinieron por su alejamiento de Dios, empezando por el primer pecado. Por soberbia, el hombre se cree autosuficiente, se niega a obedecer, y vuelve la espalda a Dios, siguiendo sus propios caminos, que lo alejan progresivamente de la vida, de la paz y de la alegría", afirma el religioso Mario Tejada.

"Pero, Dios -acotó- no se conformó con esperar en casa al hijo pródigo, sino que, de común acuerdo con el hijo mayor, salió a buscarlo, aún a costa de su vida y de su honra. Si la humildad es la verdad en el hombre, Jesús -el hijo de Dios- fue considerado como el hijo del hombre, y además fue humillado hasta ser tratado como blasfemo. De este modo, por la humildad y la humillación de Jesús podemos ser curados de nuestra soberbia y volver a él".

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