Están al margen de la ley, pero cada vez son más

La avenida Wenceslao Posse es una de las arterias preferidas para los precarios puestos que comenzaron a instalarse hace una década . Los operarios defienden su labor como una fuente de ingresos, mientras los concejales admiten que resulta difícil erradicarlos. Video.

16 May 2011

Una aspiradora, dos tachos, una manguera, dos rejillas, un cable, dos enchufes, una bomba de agua, dos cepillos, un balde, dos franelas, una esponja y dos operarios. Eso es suficiente para montar un lavadero en la vía pública. Por tratarse de un negocio de baja inversión, los lavaderos clandestinos proliferan en toda la ciudad, especialmente en las anchas avenidas.

Una de las primeras, y también la preferida, es la avenida Wenceslao Posse, en el barrio Ex Aeropuerto. En esa espaciosa arteria de pavimento que alguna vez fue la pista de despegue y aterrizaje de los aviones, se calcula que hay más de dos centenares de puestos de lavaderos.

Se trata de una actividad al margen de las ordenanzas municipales, como los llamados "trapitos" (limpiaparabrisas en los semáforos) o los vendedores ambulantes en zonas prohibidas del microcentro. Sin embargo, hay tantos puestos que para la Municipalidad de la capital cualquier intento por erradicarlos parece una utopía.

Los primeros se instalaron con los mínimos elementos, pero con el tiempo llegaron más y más. Entonces aumentó la competencia y varios apostaron a equiparse con hidrolavadora y conexión eléctrica para mejorar los servicios y aumentar la clientela. Se convirtió en un negocio tan redituable que, inclusive, algunos cuentan con seis operarios.

Entre los usuarios de estos puestos a lo largo de la avenida Wenceslao Posse pueden observarse vehículos utilitarios, camionetas 4x4, camiones de gran porte y, por supuesto, taxis (únicos privilegiados en el precio del lavado). Pero también hay clientes que llegan en sus automóviles de alta gama, con vidrios polarizados.

La imposibilidad de insertarse en el mercado laboral -según advierte José Blunda, especialista en Gestión de Recursos Humanos- los empuja a buscar el modo de supervivencia en la informalidad y la precariedad (Ver "El paradigma...).

Territorio político

Los propios concejales admiten que hay tantos puestos y están desde hace tanto tiempo que resulta difícil erradicarlos. "Eso ya se intentó tantas veces, porque los vecinos dicen que se quedan sin agua en verano, pero tampoco hay otra salida laboral", señala Teresa Felipe de Heredia (PJ). El barrio Ex Aeropuerto es un territorio político en el que disputan sus quilates la concejala Heredia y el legislador Carlos"Alito"Assán.

Desde la avenida pueden verse las pintadas proselitistas de ambos candidatos del PJ. Teresa de Heredia detalló que conversó con el titular de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT), Alfredo Calvo, a fin de buscar una solución. "Son muchos y se han ido agregando más y más. Ese tema ya lo conoce el gobernador José Alperovich y hablé con el interventor de la SAT -dijo-, porque se pensaba hacer una napa superficial para que los vecinos no se queden sin agua. Hay que encontrar soluciones, pero acompañando a esta gente. Son pobres y tienen familias", advirtió.

Con recelos

Al observar la llegada de LA GACETA algunos operarios se inquietan. La mayoría desconfía porque consideran que, en caso de hacerse pública su presencia, quedarán expuestos al intento de desalojo. Otros, en cambio, aceptan hablar de su realidad. Juan Carlos Jiménez tiene 20 años y una esposa que cobra una "Asignación Universal por Hijo" gracias a su pequeña beba.

Dice que si pudiera trabajar en otra cosa sería albañil. Hace cinco años se instaló en la avenida Wenceslao Posse con su amigo Rodrigo Gutiérrez, de 19 años. Juntos trabajan en horario corrido de 8 a 20, como en el resto de los puestos.

Uno de ellos carga un balde con jabón, mientras el otro prepara glicerina para los neumáticos. De cerca, otros dos amigos observan la escena y le hacen bromas por la entrevista en video para LA GACETA. "Ahora te van a llamar de Hollywood, changó... -dice gritando-. Andá preparando bombacha y corpiño como Los ángeles de Charly".

Ante la cámara, Juan Carlos relata su historia (ver video en LAGACETA.com), mientras detrás circulan micros de larga distancia, que se mezclan con taxis, autos y motos. En el lavadero vecino uno de los operarios sale al pavimento y hace girar una rejilla húmeda como si fuese un ventilador. Esa es la forma de llamar a los clientes.

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