Acoplados al poder del dinero

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 17 Febrero 2011
Los tiempos electorales se aceleran, pero él está tranquilo, pese a que su alrededor se pelean por acoplarse al proyecto de continuidad. Él sigue montado en esa generosa refinanciación de la deuda que le permitió a Tucumán estirar el pago del endeudamiento a 20 años. No hay otra preocupación que sostenerse en ese mar de dudas que es el kirchnerismo. Ella no da señales sobre qué pasará con ese proyecto llamado kirchnerismo. "No hay nada de nada", dicen ciertos allegados al gobernador José Alperovich. A él no le desespera ser compañero de fórmula de ella, la presidenta Cristina Fernández. "Ella quiere seguir", se arriesga un funcionario del minigabinete.

Él ya tiene decidido ser el número uno de una provincia que lo tuvo como gobernador en los últimos siete años y medio. Y eso no es lo mismo que ser el número dos en la Nación, con un poder de decisión casi nulo. Daniel Scioli y Julio Cobos pueden dar fe de ello. Nada crece políticamente debajo de los Kirchner. Y eso parece que no va a cambiar.

Juan Manzur está más cerca del retorno, se esperanza Alperovich. No hay plan B para la fórmula que el oficialismo quiere presentar el 28 de agosto próximo; o antes, si es que se define un adelantamiento de los comicios presidenciales. El ministro de Salud de la Nación es número puesto para la vicegobernación, como lo fue en 2007. Es la obsesión de Alperovich, por más que la imagen de ese postulante no sume votos al proyecto provincial. Y que el actual miembro del gabinete cristinista goce de cierta resistencia entre la dirigencia local. Nadie dice nada abiertamente; muchos comentan en tertulias políticas, donde se deciden acoples y estrategias territoriales. Manzur es el apellido del desvelo gubernamental; más que lo que pueden significar las peleas internas por el armado de las listas. En suma, esos enfrentamientos no son más que por ocupar espacios de poder en un mismo sector político.

La plata está

La liquidez financiera asfalta la campaña proselitista del oficialismo. Los $ 10.000 millones que figuran en el Presupuesto son más que suficiente para marcar el rumbo político de Alperovich. Las caminatas para supervisar, inaugurar y reinaugurar obras públicas continuarán a lo largo del año. Así estaba preestablecido desde el año anterior, luego del fallecimiento de Néstor Kirchner, y cuando se consolidó la idea de que el LearJet alperovichista no despegaría con destino nacional.

Los deseos de ascender en los espacios políticos e institucionales siguen latentes en el gobernador. Pero este no es el momento. "Hay que esperar que las aguas se calmen y hoy no es el tiempo", dicen quienes lo frecuentan.

Aún sin presupuesto nacional para este año, Cristina Fernández le garantizó a Tucumán el giro de unos $ 6.000 millones. Es una buena base financiera para transitar la campaña sin preocupaciones. El resto del dinero para cerrar el esquema fiscal de este año provendrá de la gallina de los huevos de oro: la Dirección General de Rentas.

El mandatario ya ha marcado el territorio. El martes le dijo a la cúpula de la Federación Económica de Tucumán (FET) que no está dispuesto a cambiar el esquema tributario que, en los dos primeros meses del año, le está garantizando un ingreso cercano a los $ 400 millones. "En otras provincias, la carga tributaria es más elevada", les retrucó a los empresarios, que aún aguardan gestos desde la Casa de Gobierno. Tras esa reunión, Alperovich comentó que, en definitiva, a los empresarios no les está yendo del todo mal. Y se asentó en el comentario que le hizo uno de los visitantes: sólo por tarjetas de crédito, en las fiestas de fin de año facturaron unos $ 200 millones. La Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) había anunciado que Tucumán fue la primera provincia con mayor movimiento comercial del país dentro de la promoción que impulsó esa entidad. Parte de ese dinero engrosó la recaudación del primer bimestre.

La inflación (negada por el Gobierno), el crecimiento de la actividad y el revalúo inmobiliario seguirán contribuyendo al aumento de los ingresos por el cobro de tributos. La mano de lana de esta gestión sigue siendo las moratorias, algo así como que el Estado aprieta, pero no ahora a los deudores.

Tucumán sigue siendo uno de los seis distritos electorales más grandes del país. Por eso la consideración financiera del poder central para captar votos en una provincia que aún responde al kirchnerismo. Alperovich sigue insistiendo en que la provincia no dejará de ser una gran vidriera política. Y, en materia fiscal, tiene mucho más peso que otras de la región. Por caso, en 2010, Tucumán gastó $ 2.000 millones más que Salta. Y, con el presupuesto actual, puede llegar a financiar las gestiones de Jujuy, Catamarca y Santiago del Estero juntos.

En esos distritos el poder del Estado es relativo y sus funcionarios creen que, para mejorar el nivel de vida de sus habitantes, con más ingreso de divisas y de empleo, es necesario sostener planes de promoción industrial. En Tucumán aquella vieja ley para impulsar ese programa sigue dormida. Tal vez alguna vez despierte y la base imponible se ensanche de tal manera que la presión fiscal no sea un elemento perturbador para la radicación de inversiones. Esas que se instalan permanentemente sin depender de resultados electorales.

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