La escasez de geriátricos en Tucumán

27 Dic 2010

En los últimos 50 años, se produjo un incremento de longevidad en el ser humano, gracias al avance de la medicina y de la ciencia. La Organización Mundial de la Salud señala que la esperanza media de vida al nacer se ha aumentado en términos mundiales en cerca de 20 años, pasando entre 1950-1955 y 2002, de 46,5 a 65,2 años. Ello representa a nivel planetario un aumento equivalente a cuatro meses por año durante dicho período.

El crecimiento de la longevidad durante la primera mitad del siglo XX en los países desarrollados se atribuye al resultado de un rápido descenso de las tasas de mortalidad, en particular de la maternoinfantil y de la atribuible a enfermedades infecciosas en la infancia y en la primera etapa de la edad adulta. También influyó el acceso a la vivienda, a servicios de saneamiento y a una educación de mejor calidad, la tendencia a formar familias más reducidas, los mejores ingresos y la adopción de medidas de salud pública, como la inmunización contra diversas enfermedades infecciosas.

Si bien el aumento de la esperanza de vida es celebrado por la medicina y por las personas, hay algunas cuestiones a considerar que tienen que ver con aquellas referidas a la calidad de vida y a la atención de aquellos que requieren cuidados especiales. Se produce una mayor demanda de servicios geriátricos. Las estadísticas indican que en cada generación el número de personas mayores de 80 años aumenta casi el doble que el resto de la población de 65 años. Se calcula que en 2020 este grupo de población alcanzará la cifra de 58 millones de personas en los países desarrollados.

En la Argentina, la esperanza de vida es de 80 años aproximadamente. Son casi 2,8 millones las personas mayores de 70 años, lo cual representa un 6% de la población. Se estima que el 10% de los habitantes integra lo que se denomina la tercera edad y se calcula que en 2050 esa cifra subirá al 25%. Ello significa que cada vez menos jóvenes deberán mantener a una mayor cantidad de ancianos.

De acuerdo con los primeros cómputos del censo 2010, Tucumán tiene 1.448.200 habitantes. Se sabe que sólo el PAMI local cuenta con unos 120.000 afiliados, pero no todos los adultos mayores están bajo su órbita. En toda la provincia, sólo hay 14 geriátricos autorizados por el Siprosa; el de mayor capacidad es el San Alberto, de Tafí Viejo, que posee 87 camas. Se estima que otros funcionan ilegalmente como pensiones. Según un gerontólogo local, hay carencia también de auxiliares y profesionales capacitados para atenderlos. Otro hizo hincapié en que a mayoría percibe jubilaciones vergonzosas y pasa privaciones que nadie merece. "En el sur tucumano, la población de personas con más de 70 años carece de servicios geriátricos. Para paliar la situación, el Siprosa habilitó una sala especial en el hospital de Medinas, donde brindan atención médica y alimentación. Los que poseen discapacidades motrices, pero que están en buen estado de salud y no pueden ser atendidos por sus parientes, disponen del Hogar de Paz y Bien que depende del Obispado de la Santísima Concepción. La institución no puede recibir ni una persona más porque su capacidad es para 30 internados. Si la persona está enferma no puede ingresar porque tienen tres enfermeras, pero no médicos permanentes.

Una sociedad que maltrata a sus niños y viejos, en particular, condiciona su pasado, su presente y su futuro. El Estado debería comenzar a trabajar ya en el diseño de una política integral, teniendo en cuenta el futuro que se vendrá. Con las jubilaciones indignas que percibe más del 70% de los adultos mayores resulta imposible acceder a un geriátrico que les asegure bienestar, razón por la cual seguramente proliferan los clandestinos.

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