¿Puede la economía causar el milagro estadístico de hacer desaparecer el desempleo y la pobreza? Definitivamente, no. Eso es sólo en los cálculos del Indec.
Si uno analiza los indicadores socioeconómicos del tercer trimestre, se dará cuenta de que hay inconsistencias. Las mujeres de hasta 29 años siempre tuvieron inconvenientes para incorporarse al mercado laboral. El Indec ha mostrado que, en el caso tucumano, los milagros son posibles y que la desocupación femenina bajó del 20% a tan sólo un 8,6%. Por lo tanto, la escena de largas filas de personas pidiendo empleo que, usted lector, observa cada vez que sale al centro (de cada tres solicitantes una es mujer) es un espejismo a los ojos del Indec. La precariedad laboral también es un fantasma que merodea en el futuro de los jóvenes. Sin experiencia, no pueden conseguir algo estable. Están condenados al trabajo en negro. Sin admitir la inflación real, esa que todos los días enfrenta el ama de casa cuando va a hacer las compras, el Indec también afirma que la pobreza prácticamente está desapareciendo en el país. Hasta la Iglesia se plantó y le dijo al Gobierno que, al menos, el 30% de la gente es pobre. Las estadísticas oficiales son favorecidas por los planes sociales, útiles ante las necesidades de trabajo. Pero eso también puede ser un espejismo si esos beneficios no se convierten en empleo genuino.
Si uno analiza los indicadores socioeconómicos del tercer trimestre, se dará cuenta de que hay inconsistencias. Las mujeres de hasta 29 años siempre tuvieron inconvenientes para incorporarse al mercado laboral. El Indec ha mostrado que, en el caso tucumano, los milagros son posibles y que la desocupación femenina bajó del 20% a tan sólo un 8,6%. Por lo tanto, la escena de largas filas de personas pidiendo empleo que, usted lector, observa cada vez que sale al centro (de cada tres solicitantes una es mujer) es un espejismo a los ojos del Indec. La precariedad laboral también es un fantasma que merodea en el futuro de los jóvenes. Sin experiencia, no pueden conseguir algo estable. Están condenados al trabajo en negro. Sin admitir la inflación real, esa que todos los días enfrenta el ama de casa cuando va a hacer las compras, el Indec también afirma que la pobreza prácticamente está desapareciendo en el país. Hasta la Iglesia se plantó y le dijo al Gobierno que, al menos, el 30% de la gente es pobre. Las estadísticas oficiales son favorecidas por los planes sociales, útiles ante las necesidades de trabajo. Pero eso también puede ser un espejismo si esos beneficios no se convierten en empleo genuino.
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