Las fotos están desparramadas en el escritorio. Los funcionarios que ocupan esa oficina de la Casa de Gobierno no tienen dudas de que el azúcar es acopiada por un selecto grupo de personas ligadas a la actividad azucarera. Son las pruebas de que hay galpones con bolsas de azúcar, pero no de la especulación con el precio. Por eso no se pegó -antes- el grito en el cielo cuando comenzaron las denuncias por desabastecimiento. Algunos miembros del gabinete recuerdan que ya en mayo o en junio de este año habían advertido a ciertos referentes de la industria azucarera de lo peligroso que sería para la actividad el desembarco de Guillermo Moreno en Tucumán. Hoy, pese a que hay una tregua desde el martes, el polémico secretario de Comercio Interior de la Nación puso su lupa en la provincia. Y habla permanentemente por teléfono con algunos funcionarios para preguntar qué pasa por estos lugares. "Si nosotros tenemos estos datos, imaginate los que tiene Moreno", dijo, algo preocupado, un colaborador del gobernador José Alperovich. Moreno es un perro de presa que no ha tenido reparos a la hora de ajustar las tuercas cuando algún sector trató de subir los precios.
La ley de Abastecimiento sobrevoló la actividad azucarera y aún permanece en la atmósfera como esa nube amenazante de una futura tormenta.
El azúcar no es un elemento imprescindible, pero sí ineludible en la mesa de los argentinos. Puede ser sustituido, pero nunca igualado. La presión a la suba en su precio puede llegar a mover la inflación. Y esa es la preocupación de Moreno, un hombre que cuenta con mucha información sobre la actividad económica y que también tiene todo el apoyo político para aplicar sus pocos diplomáticas acciones de presión. El titular de Comercio Interior - a su modo- controlará de que a las palabras azucareras no se las lleve el viento. Sus inspectores merodearán el mercado. A él no le inquieta que los industriales azucareros amenacen con importar la producción para abastecer el mercado interno. Para el comercio exterior argentino, el azúcar no es un factor determinante. Sólo representa una gota en el mar de las exportaciones, un 0,03% del volumen total del país.
Mensaje presidencial
El martes, por la tarde, José Alperovich viajó nervioso hacia Buenos Aires. Una llamada a pleno mediodía del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, le incomodó. Creyó que la convocatoria estaba relacionada con el tema azucarero. No se le anticipó el tema hasta que pisó territorio porteño. El alma le volvió al cuerpo cuando se enteró de que debía asistir a un acto encabezado por la presidenta Cristina Fernández. "Tucumán es la provincia más beneficiada", dijo ayer en cadena nacional la jefa de Estado al referirse a los beneficios que tendrán los trabajadores temporarios, muchos de ellos enrolados en la actividad azucarera.
El mensaje presidencial cayó, por un lado, como un bálsamo para la gestión de Alperovich, que necesita de toda la ayuda nacional para poder transitar el año electoral, sin grandes contratiempos. Pero también se ha constituido en una suerte de espada de Damócles, al exponer políticamente al gobernador a las críticas opositoras y propias. Los celos políticos se esconden detrás de una eventual candidatura a vicepresidente de la Nación. Nada concreta, por cierto. Nada segura, en definitiva.
Alperovich necesita plata para gestionar. Y la moratoria que se lanzará en enero es otra vuelta de tuerca -más efectista que efectiva- a la hora de captar ingresos. Hay más de 20.000 contribuyentes que pueden dejarle al fisco -en un plazo estimado en 48 a 60 meses- cerca de $ 30 millones por obligaciones impagas. Curiosamente esa es la misma cifra que el Ministerio de Economía computa como deuda de los ingenios por impuestos vencidos. El año que viene se aguzarán los controles fiscales. Es posible que el Poder Ejecutivo apruebe la contratación de medio centenar de inspectores (hoy Rentas tiene cerca de 100) para que fiscalicen la conducta fiscal de los grandes contribuyentes. Para los pequeños se prevé una suerte de mediación tributaria, una herramienta menos onerosa que el juicio. En 2011, Tucumán se convertirá en una tierra de controles y de experimentos político-electorales.
La ley de Abastecimiento sobrevoló la actividad azucarera y aún permanece en la atmósfera como esa nube amenazante de una futura tormenta.
El azúcar no es un elemento imprescindible, pero sí ineludible en la mesa de los argentinos. Puede ser sustituido, pero nunca igualado. La presión a la suba en su precio puede llegar a mover la inflación. Y esa es la preocupación de Moreno, un hombre que cuenta con mucha información sobre la actividad económica y que también tiene todo el apoyo político para aplicar sus pocos diplomáticas acciones de presión. El titular de Comercio Interior - a su modo- controlará de que a las palabras azucareras no se las lleve el viento. Sus inspectores merodearán el mercado. A él no le inquieta que los industriales azucareros amenacen con importar la producción para abastecer el mercado interno. Para el comercio exterior argentino, el azúcar no es un factor determinante. Sólo representa una gota en el mar de las exportaciones, un 0,03% del volumen total del país.
Mensaje presidencial
El martes, por la tarde, José Alperovich viajó nervioso hacia Buenos Aires. Una llamada a pleno mediodía del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, le incomodó. Creyó que la convocatoria estaba relacionada con el tema azucarero. No se le anticipó el tema hasta que pisó territorio porteño. El alma le volvió al cuerpo cuando se enteró de que debía asistir a un acto encabezado por la presidenta Cristina Fernández. "Tucumán es la provincia más beneficiada", dijo ayer en cadena nacional la jefa de Estado al referirse a los beneficios que tendrán los trabajadores temporarios, muchos de ellos enrolados en la actividad azucarera.
El mensaje presidencial cayó, por un lado, como un bálsamo para la gestión de Alperovich, que necesita de toda la ayuda nacional para poder transitar el año electoral, sin grandes contratiempos. Pero también se ha constituido en una suerte de espada de Damócles, al exponer políticamente al gobernador a las críticas opositoras y propias. Los celos políticos se esconden detrás de una eventual candidatura a vicepresidente de la Nación. Nada concreta, por cierto. Nada segura, en definitiva.
Alperovich necesita plata para gestionar. Y la moratoria que se lanzará en enero es otra vuelta de tuerca -más efectista que efectiva- a la hora de captar ingresos. Hay más de 20.000 contribuyentes que pueden dejarle al fisco -en un plazo estimado en 48 a 60 meses- cerca de $ 30 millones por obligaciones impagas. Curiosamente esa es la misma cifra que el Ministerio de Economía computa como deuda de los ingenios por impuestos vencidos. El año que viene se aguzarán los controles fiscales. Es posible que el Poder Ejecutivo apruebe la contratación de medio centenar de inspectores (hoy Rentas tiene cerca de 100) para que fiscalicen la conducta fiscal de los grandes contribuyentes. Para los pequeños se prevé una suerte de mediación tributaria, una herramienta menos onerosa que el juicio. En 2011, Tucumán se convertirá en una tierra de controles y de experimentos político-electorales.







