No hubo mortal que haya estado cerca del cortejo al que no se le hayan aflojado las piernas ante tanta pasión. Es eso lo que despertó Néstor Kirchner entre los más jóvenes, que no se fueron a dormir por el solo hecho de rendirle tributo a líder. Esos jóvenes de hoy no conocieron al Perón del ayer. Sólo lo leyeron y se adoctrinaron. "Es el capital político del kirchnerismo. Es un oro en polvo", dice un ministro kirchnerista para definir ese acompañamiento juvenil. Lo que no pudieron con los dirigentes territoriales sí lo hicieron con los de menos edad: despertarle el bicho de la militancia. Por eso gritan en la plaza por su líder. Por eso despotrican contra los rivales de turno. Pueden ser los dirigentes de barricada de hoy y los funcionarios de mañana. Sin embargo, hay cierto temor frente a tanto amor: que la gestión se convierta en la de los impulsos juveniles. La reelección es uno de esos impulsos a los que los actuales operadores K intentan alimentar montados en la imagen y la mística del líder que ya no está.
Los tiempos corren, como esos chicos que lo hicieron al lado del féretro de Néstor Kirchner. Los tiempos agobian para aquellos que, entrados en años, saben los que son las batallas electorales. Esas que dejan secuelas y que pueden poner un punto y aparte a un proyecto político que ha perdido a su referente natural. Eso es lo que quiere evitar el gobierno de Cristina Fernández.
Los tiempos corren, como esos chicos que lo hicieron al lado del féretro de Néstor Kirchner. Los tiempos agobian para aquellos que, entrados en años, saben los que son las batallas electorales. Esas que dejan secuelas y que pueden poner un punto y aparte a un proyecto político que ha perdido a su referente natural. Eso es lo que quiere evitar el gobierno de Cristina Fernández.







