Espejos que reflejan a los ignorados por los dioses - LA GACETA Tucumán

Espejos que reflejan a los ignorados por los dioses

El escritor leyó, ante una multitud, fragmentos de su último libro, en el que rinde homenaje a los que no tuvieron voz en la historia. La convocatoria superó las expectativas. Muchos quedaron afuera del teatro y debieron conformarse con ver al autor por TV

27 Oct 2010
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LA PALABRA QUE SEDUCE. Galeano lee de modo pausado un párrafo y deja a la multitud pensativa, ávida de más reflexiones profundas. LA GACETA / HECTOR PERALTA

Las minorías, las mujeres, los muros mudos y los muros que gritan, los homosexuales, la guerra del agua en el México profundo, la mirada que exhuma ya no el Irak de Abu Ghraib, sino la Persia milenaria que dio el primer poema de amor; el "todos somos negros" que indica que Africa fue la cuna del primer Adán y de la primera Eva.

Dicho por el propio Eduardo Galeano, "Espejos: una historia casi universal", el libro con el que el escritor sedujo ayer a una multitud en el Teatro Alberdi, es "la tentativa de devolver la voz a los que tienen voz, a los que hacen la historia sin saber que la hacen".

La convocatoria superó hasta las expectativas más optimistas: desde las 15, centenares de jóvenes comenzaron una fila que a las 20 ya abrazaba la manzana del Alberdi. Fueron muchos los que quedaron afuera, y que tuvieron que seguir por las pantallas dispuestas en el exterior del teatro la presentación del autor de ese clásico de la producción de los años 70 que fue "Las venas abiertas de América latina", y que es referencia ineludible en cada encuentro de Galeano con sus lectores de todo el continente. Precisamente, ayer, el autor repitió lo que dice siempre: que le gustaría que ese libro sea depositado en un museo, como pieza arqueológica, "porque eso significaría que las cosas han cambiado en América Latina".

El escritor uruguayo vino invitado por la librería "El Griego" y por la editorial Siglo XXI, con auspicio de la Municipalidad capitalina.

Ayer inició un encuentro con el público tucumano que continuará mañana, a las 18, cuando dialogue con sus lectores y firme ejemplares de sus obras en la librería anfitriona de Muñecas al 200.

Ayer, la excusa para la cita fue la lectura de fragmentos de su último libro, "Espejos", que editó Siglo XXI, y en el que el autor montevideano recurre a la técnica de la narración breve, fragmentada, para "contar la Historia a través de pequeñas historias", como le gusta repetir.

Luego de una introducción de Miguel Frangoulis (dueño de la librería "El griego"), Galeano se sumergió en la lectura de sus "Espejos" previa dedicatoria de la velada al militante Mariano Ferreyra, recientemente asesinado por patotas sindicales.

"¿Cómo hubiera sido la guerra de Troya contada desde el punto de vista de un soldado anónimo, un griego de a pie, ignorado por los dioses, silenciado por los buitres que sobrevuelan las batallas, un campesino metido a guerrero, cantado por nadie, un hombre cualquiera, obligado a matar, y sin el menor interés de morir por los otros...? ¿Había presentido ese soldado lo que Eurípides confirmó después, que Helena nunca estuvo en Troya, que sólo su sombra estuvo allí? ¿Que diez años de matanza ocurrieron por una túnica vacía?", leyó el escritor, en uno de los textos seleccionados.

En poco más de una hora, desfilaron en la voz de Galeano las historias de mujeres decapitadas por la guillotina "por haber cometido la malvada insolencia de meter la nariz en los masculinos asuntos de Estado"; o aquellas que contaban de una tradición mexicana en la que los ombligos de las recién nacidas "eran enterrados bajo las cenizas de la cocina, para que temprano aprendieran cuál es el lugar de la mujer". Con su particular arte para contar, para decir sus historias, el escritor también habló de las constituciones rengas, fundacionales de los estados americanos; del racismo de ese clásico del cine que fue "El nacimiento de una Nación" (un controvertido elogio del Ku Klux Klan de David Griffith), de los destinos trágicos de muchos hombres y mujeres olvidados a los que Galeano, con sus "Espejos", quiso rendirles homenaje, permitiéndoles "ser contados".

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