EDITORIAL

El ejemplo de la Batalla de Tucumán

Compartir

Hace 198 años, el general Manuel Belgrano, al frente del Ejército del Norte, derrotó al invasor español. La victoria de la Batalla de Tucumán frenó el avance de las tropas de Pío Tristán y tuvo una importancia vital para consolidar la Revolución de Mayo porque fue el primer triunfo argentino en el norte sobre los realistas.

El creador de la Bandera había llegado a Yatasto (Salta) a fines de marzo de 1812 para tomar el mando del Ejército del Norte, derrotado y desmoralizado. Los soldados apenas llegaban a 1.500 y de ellos, la cuarta parte estaba hospitalizada y la artillería era mínima. Estableció en mayo su cuartel general en Jujuy. Por orden del virrey de Lima, Tristán, bien pertrechado y con más de 3.000 hombres, avanzó sobre las provincias del norte. Ante el peligro y la inferioridad de condiciones, Belgrano arengó al pueblo jujeño; ordenó que quemaran todo lo que podía ser útil al enemigo y le pidió que siguiera al ejército patriota. Se produjo entonces el "Exodo jujeño". El poder central ordenó al creador de la Bandera retirarse desde Jujuy hasta Córdoba, si los españoles ocupaban Salta, como finalmente sucedió.

El 3 de septiembre el invasor español cargó exitosamente sobre la retaguardia en las inmediaciones del río Las Piedras. Pese a los esfuerzos del teniente coronel Eustaquio Díaz Vélez, los realistas tomaron prisioneros a un centenar de soldados y se apoderaron de dos piezas de artillería. Pero Belgrano, que no se hallaba lejos, contraatacó y puso en fuga al enemigo, tras matar a 25 hombres, tomar prisioneros, armamento y rescató gran parte de sus soldados capturados. Este combate resultó clave para levantarle la moral a la tropa. Luego de la acción, Belgrano meditaba sobre sus próximos pasos. Buenos Aires le ordenaba la retirada a Córdoba, pero obedecerlas implicada dejar a todo el norte en poder de los realistas. Se trataba de una difícil decisión. Cambió su ruta e hizo creer a los realistas que no se detendría en Tucumán. El Cabildo envió una comisión a Belgrano para persuadirlo de que se quedara en nuestra ciudad. Un grupo de vecinos, encabezado por Bernabé Aráoz, se dirigió al campamento de La Encrucijada. Cuando Belgrano les comentó la cantidad del dinero y de hombres que necesitaba, le aseguraron que aportarían el doble. Escribió entonces a Buenos Aires: "La gente de esta jurisdicción ha decidido sacrificarse con nosotros. Es de necesidad aprovechar tan nobles sentimientos, que son obra del cielo, que tal vez empieza a protegernos para humillar la soberbia con que vienen los enemigos". Belgrano decidió dar batalla y derrotó a los realistas el 24 de septiembre de 1812.

Desde la época de la colonia, los tucumanos eran devotos de Nuestra Señora de la Merced y el 24 de setiembre se efectuaba la procesión que en esa ocasión no pudo realizarse. Belgrano, como su tropa y los vecinos, elevaron a la Virgen pidiéndole que los ayudara en la batalla. La victoria multiplicó el fervor religioso. La procesión se realizó el 27 de octubre y llegó hasta el campo de batalla, donde Belgrano hizo bajar la Virgen hasta su nivel y le entregó el bastón que llevaba en la mano.

Decisión, coraje, amor propio, fe y el deseo de ser independientes fueron seguramente algunos de los móviles que condujeron al ejército patriota a derrotar al invasor español hace 198 años. Pero sobre todo, prevaleció la unión del pueblo detrás de un objetivo común porque esta es indispensable para que una proeza colectiva sea posible. Una lección que aún no hemos aprendido del todo los argentinos, siempre más dispuestos a confrontar que a buscar las coincidencias para seguir avanzando en beneficio de toda la nación. Sería bueno que alguna vez nos uniera el amor y no el espanto, como bien lo entendió Manuel Belgrano aquel 24 de septiembre.

Más como esto