La fórmula de las especulaciones

El Gobierno le encontró la vuelta al financiamiento de la campaña, pero no está nada seguro acerca de la propuesta electoral oficialista.

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 16 Septiembre 2010
Las elecciones están a la vuelta de la esquina, a un año calendario, pero con la velocidad que sólo la política le puede imprimir a la vida de los argentinos. El kirchnerismo ha demostrado que no tiene pruritos para ponerle más cara de "Roca" al futuro. La mayor emisión de billetes, prevista para 2011, el año electoral, desnuda la estrategia oficial de que la inflación no es una ocupación de corto y mediano plazo para la gestión. Sí para los asalariados que observan, al menos en este año, cómo la inflación se come un 25% de su poder adquisitivo.

La política va en la búsqueda de su destino, mientras la economía se agazapa y, cautelosa, aguarda lo que puede llegar a suceder antes de las elecciones. El después aparece algo complicado. El kirchnerismo tratará de poner toda la carne al asador, aun calentando el gasto público de tal modo de asegurarse una buena elección. ¿El después? Qué importa el después, responden, casi con lógica tanguera, los kirchneristas. Si todo sale según lo previsto, se corregirán las desviaciones fiscales, sino la fiesta electoral tendrá que pagarla la próxima gestión, sea kirchnerista u opositora. Los empresarios, a su vez, no quieren arriesgar. Hay proyectos de inversión que se frenaron a la espera de que se vislumbre el panorama político. Al mercado, en tanto, sólo le interesa saber quién será el ganador de los comicios para decidir operaciones, apuntan los analistas bursátiles. Entre todo este escenario está el usuario, el consumidor o el asalariado, que temen que sus ingresos sigan cayendo por el golpe inflacionario.

Mientras tanto, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le moja la oreja a la clase media, esa misma franja social a la que no logra seducir ni el representante K en Tucumán, José Alperovich. Cada vez que el gobernador ordena una medición de intención de votos, la clase media -particularmente la de la capital- no le sonríe. Y es una preocupación de la Casa de Gobierno porque, en definitiva, ese electorado es el que puede llegar a definir bancas en la Legislatura. No es la única. Juan Manzur, el elegido como compañero de fórmula en la carrera electoral del año que viene, está cada vez más lejos de la meta. Y del calor alperovichista. El gobernador lo seguirá "bancando" hasta donde pueda frente a un conflicto patrimonial, con ribetes judiciales, que hacen retardar -tal vez peligrar- el futuro político del actual ministro de Salud de la Nación. Por ahora son especulaciones, pero pocas veces antes tuvieron tanto cuerpo en la casa del poder. El binomio no goza de buena salud. Pero Alperovich mira al frente y a sus costados y no encuentra reemplazante. Tampoco las encuestas de Hugo Haime le resuelven el dilema. La esposa del gobernador, Beatriz Rojkés, seguirá siendo senadora nacional, como también Sergio Mansilla (que está en el lote de los de abajo del sondeo oficial). Domingo Amaya -otro de los mejores posicionados en el ranking oficial de candidatos, ya dejó en claro que quiere seguir siendo intendente de la capital. Algunos miran al ministro del Interior, Osvaldo Jaldo, como una potencial opción. Tapados no habrá, dicen otros que frecuentan al gobernador. Y siguen los rumores...

Lo que no está en riesgo es el financiamiento del oficialismo, montado en todo el aparato del sector público. Si el Gobierno nacional encuentra reparos en el Congreso para el tratamiento del proyecto de Presupuesto 2011, esas eventuales trabas pueden significarle un retaceo de unos $ 600 millones, que es el monto de las partidas discrecionales que se estiman que se girarán el año que viene para acelerar la inauguración de obras públicas, esas que le sirven a la administración para captar votos. Esa plata puede que no venga, pero el Poder Ejecutivo no descuidará el esquema de trabajos públicos, de aquí hasta las elecciones provinciales de agosto, y más allá: las presidenciales de octubre de 2011.

La gestión de Alperovich tiene liquidez, debido a tantos años de sentarse en la caja y generar ahorros de hasta un 15% del total de gastos anuales. Pero también porque el crecimiento económico y los controles impositivos le reportaron, al menos, un 25% más de ingresos de los previstos originalmente.

Alperovich tiene definida la fórmula financiera para encarar las elecciones. Su dilema, como se dijo, pasa por confirmar la fórmula electoral. Nada más, nada menos.

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