ENTREVISTA / HORACIO CRESPO

"El biocombustible no será el sustituto del petróleo"

Los problemas medioambientales, la propia competencia con la producción de alimentos y los destinos de los recursos territoriales complican, en la visión del experto cordobés, el desarrollo de los combustibles derivados de cultivos como reemplazantes de los fósiles. Descarta la posibilidad de una OPEP alcoholera. Avizora el surgimiento de opciones menos costosas.
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En un mundo en el que se asumió que el desarrollo económico y la finitud de petróleo obligarán a buscar nuevas fuentes energéticas persiste una tendencia mayoritaria a sacralizar la importancia de los biocombustibles. Pero varios especialistas relativizan la conveniencia de producir combustibles derivados de alimentos. Es el caso de Horacio Crespo, experto en producción de azúcar, quien visitó Tucumán para dictar un curso de posgrado, invitado por el Doctorado en Ciencias Políticas de la UNT. En diálogo con LA GACETA, el catedrático dijo que avizora el surgimiento de alternativas más económicas y sustentables para sustituir a los combustibles tradicionales.

- ¿Qué ve sobre la evolución del azúcar en la Argentina y en los países que usted conoce? ¿El camino es el mismo? ¿Los objetivos?

- Me parece que hay una diversificación de problemas. En primer lugar, una crisis del viejo concepto de agroindustria azucarera como productora, estrictamente, de un edulcorante. Después de la Primera Guerra Mundial el azúcar de caña le gana una batalla secular al azúcar de remolacha, y parecía todo esto más o menos resuelto hasta que, en el caso mexicano, aparece un competidor: los edulcorantes con origen en la fructuosa del maíz. Los jarabes ricos en fructuosa, con un maíz que está totalmente subsidiado por Estados Unidos. Esto afectó notablemente las perspectivas de crecimiento, y con el libre comercio en América del Norte, afectó también las perspectivas de crecimiento con el azúcar de origen de caña a México y a toda la cuenca del Caribe. Se produjo un profundo perjuicio. El caso más notable es el de Cuba, que en los últimos dos o tres años sufrió un proceso de desacarificación, una disminución de la producción azucarera, de cinco millones a 1 millón de toneladas, prácticamente para el consumo interior, liberación de superficie de la caña, desmantelamiento de ingenios... ejemplo de la crisis de la industria cañera-azucarera. Luego el mercado se ha ido constriñendo. El azúcar ha sido satanizada también por problemas de salud con el uso de edulcorantes sintéticos. Todo esto configura una perspectiva pesimista, pero yo creo que sólo para cierto tipo de concepción de la industria, en su sentido más tradicional. En México se intentó diversificar intensamente. Hubo muchos intentos. Hasta que una diversificación real ya aparece, no para la agroindustria azucarera, sino para la producción cañera a partir del etanol. Eso generó polémicas, por las consecuencias ecológicas: la destinación de cultivos para la producción de combustible. Pero tenemos que pensar que son países que no tienen espacios abiertos, que no tienen frontera agrícola de apertura, como no es el caso de Brasil, que además tiene un abastecimiento de petróleo suficiente. En el resto de los países no se lo ve como una fuente energética alternativa. Esto, la producción de biocombustibles, en cambio, aparece más clara en otros países, y el modelo típico de esta producción es el brasileño. Y en la Argentina también se ha visualizado esta posibilidad como un remedio a los problemas de expansión de desarrollo de la caña.

- ¿Vamos hacia un mercado como la OPEP, pero alcoholero mundial encabezado por Brasil?

- No. Yo creo que hay constricciones muy fuertes para disponer de superficies muy amplias de cultivo. Por eso digo, en el caso de Brasil, que tiene posibilidades elevadas, aunque con un alto costo medioambiental, de ampliar las fronteras agrícolas, hay una perspectiva muy interesante para el biocombustible. Pero son situaciones muy específicas. Quizás la Argentina se puede plantearse una expansión de este tipo. Pero en México, por ejemplo, sería impensable. Además, creo que habría un alto grado de contradicción con los cuidados del medio ambiente. Además, hay competencias importantes, como de las oleaginosas, que pujarán por los recursos naturales. Es difícil considerar a mediano plazo una expansión que convierta al biocombustible como una alternativa efectiva. Se va a pensar en otras alternativas, en las cuales habrá un segmento de biocombustible, pero no creo que sea el sustituto a futuro del petróleo.

- ¿Por qué no?

- No. Definitivamente, creo que no. Por estas razones que expongo, que no son estrictamente técnicas, sino más complejas, de uso de recursos territoriales, de problemas medioambientales, y por la propia competencia con la producción de alimentos. En este caso, Cuba, que es un país pobre, se plantea reciclar el uso de terrenos cañeros a la producción de alimentos, no de biocombustibles. No sé qué grado de autoridad le puede dar uno a la opinión de (Raúl) Castro en términos económicos, pero desde el punto de vista de las expresiones de un país estrictamente cañero, él se ha opuesto a la producción de biocombustibles.

- Pero nosotros hemos escuchado mucho que el biocombustible es la alternativa real al mundo petrolero, que el mundo petrolero se acaba más temprano que tarde, y que en 20 años vamos a consumir mucho más alcohol que petróleo, y Brasil lidera esa empresa, por eso le preguntaba sobre un mercado común de biocombustibles...

- No. Insisto en que no. Puede haber un segmento en el abastecimiento energético por parte del biocombustible. En el caso de un rápido y progresivo agotamiento petrolero, cosa que también es polémica, creo que habrá otros sustitutos energéticos, que no sean tan costosos desde el punto de vista del medio ambiente.

- En relación con la Argentina, ¿qué perspectivas le ve al mundo azucarero?

- Es una economía azucarera interesante. Junto con la mexicana, son de las grandes economías azucareras vinculadas al mercado interno, y no a la exportación. En estas dos economías azucareras la exportación siempre ha sido coyuntural. Durante un largo período han sido y son economías azucareras protegidas, lo que por un lado permitió la expansión de cierta economía de escala regional, pero que a la vez configuraron problemas. Es decir, cuando se rompen, o bien, cuando se abandona esa tendencia hegemónica a la protección de los mercados, aparecen problemas de competitividad. Ahí vienen las costumbres, las inercias de los mercados protegidos o los subsidios, que dificultan la readaptación más o menos rápida a otras formas competitivas. No es que me ponga en contra de las protecciones, pero si se abandonan estas formas de protección, los reflejos no competitivos empiezan a conspirar para las reconversiones de las economías regionales.

- ¿Qué sugiere usted?

- Dos cosas: no abandonar la industria azucarera, por razones económicas, culturales, de trabajo, es un mundo desde todos estos puntos de vista. Hacer una agricultura cañera mucho más intensiva, porque la posibilidad de tener el mismo tipo de producción final, con una superficie afectada mucho menos, y las tierras liberadas dedicadas a otras actividades, por ejemplo la producción de flores, en Morelos (México). La reconversión de muchas hectáreas de riego, en ese caso, en un porcentaje muy importante.

- Pero acá eso sería muy complicado. Además, aquí el precio del azúcar es bueno...

- Claro, yo le estoy poniendo un ejemplo. Es casuístico. Antes había como una especie de panorama mucho más general. Con la emergencia de la coyuntura, a partir de 1980 o las dificultades, los altibajos en serrucho del mercado, lo que hay que hacer es particularizar los problemas y no hay una solución general. El problema azucarero de República Dominicana no es el mismo de Tucumán. Pero, en todo caso, aunque el precio del azúcar es bueno, se debería ir considerando, y nunca es malo esto, la diversificación productiva, los canales diversos, la reconversión de segmentos a otros productos. Creo que en Tucumán algo de esto se ha hecho y se debería continuar así.

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