Palabras y abrazos apaciguan los miedos de los más pequeños

El temor a la oscuridad es el más frecuente durante la infancia. Los padres deben acompañar a los hijos hasta que esos puedan superar esas emociones. Incidencia de los cambios intensos.

29 Julio 2010
Los miedos infantiles son las emociones que expresan los niños frente a una situación peligrosa, sea real o imaginaria. Según la edad, los chicos pueden manifestar temor a lo desconocido o extraño, sin importar si conlleva o no un peligro real.

"Cada etapa de la vida puede verse invadida por algunos miedos. Y los más comunes durante la infancia son el miedo a estar solos, a la oscuridad, a las personas extrañas, a ruidos fuertes, a la muerte, a ciertos animales, a la lluvia y en la mayoría de los casos también a las tormentas, a los fantasmas, monstruos, brujas", enumera Rosina Duarte, psicóloga infantojuvenil coordinadora del Primer Programa Argentino de Formación en Primera Infancia y Crianza.

"Ya sean estímulos reales o imaginarios, los niños pueden ser afectados por estos sentimientos que están cargados de intensidad y por eso producen una sensación de temor", agrega la especialista. El programa es organizado por la Fundación Buenos Aires y la Asociación Civil Argentina de Puericultura.

Son saludables

La mayoría de los miedos, indica la profesional, van evolucionando de manera gradual durante el transcurso de la vida. Eso, en principio, es saludable para la vida de cada niño, porque le da la oportunidad de enfrentar diferentes situaciones de la cotidianidad y adquirir esa experiencia.

Sin embargo, hay miedos que pueden transformarse en patológicos y constituyen lo que se denomina fobias. Estas tienen una excesiva carga emocional, pueden imposibilitar el normal desarrollo de la vida diaria y se convierten en una fuente de sufrimiento constante. "Si estos miedos aumentan en intensidad y se prolongan en el tiempo, es necesario consultar con un especialista", advierte Duarte.

Mundo imaginario

El miedo a la oscuridad, por ejemplo, es una emoción completamente normal cuando los niños son pequeños. Esto se debe a que tienen un mundo imaginario y fantaseado muy grande, y temen que los monstruos, fantasmas, extraterrestres, brujas, duendes u otra figura imaginaria que pueda aparecer cuando la luz se apaga. En algunos casos, un cambio intenso en sus vidas -como una mudanza o la separación de sus padres- también puede disparar este temor.

"Este miedo -explica Duarte- está relacionado con lo que implica el desapego de los padres a la hora de dormir. De ahí que el poder dormir solos sea un aprendizaje. Entonces tenemos que acompañar y ayudar a nuestros hijos a que este temor ceda".

Hasta a los perros

Cuando son más pequeños, le temen a las lluvias o tormentas, debido al ruido que hacen y al desconocimiento de por qué se producen. "Es necesario que los padres estén cerca, los abracen, les hablen y les expliquen que no hay por qué temer". Esto también suele suceder cuando suena un timbre. Entre los dos y los tres años suele aparecer el miedo a los perros. Duarte aconseja que para superarlo "es muy positivo que el niño vea que los padres no le temen a los perros y que los acarician y les hablan sin temor alguno".

Los padres pueden ayudar contando su experiencia

Los padres deben ser los contenedores y sostenedores de los niños en las situaciones de miedo -aconseja la psicóloga Rosita Duarte- ya que ellos son el sostén, les brindan seguridad y confianza en sí mismos para disminuir estos temores. La presencia de los padres otorga coraje al niño y seguridad en ese contexto temeroso.
Sería bueno compartir con los niños los temores que los adultos tenían durante su infancia y el modo en que lo fueron superando. Así, el niño evitará la vergüenza y sabrá que sus miedos se irán, como les sucedió a sus padres.
Otra herramienta eficaz es usar el juego para ir hablando sobre los temores. Cuando un niño teme a la oscuridad, por ejemplo, se puede jugar durante el día a que es de noche y mostrarle al niño que nada malo sucede en la oscuridad. "La paciencia de los padres -sostiene Duarte- es la mejor herramienta para utilizar en este período de miedos infantiles".

Una buena comunicación contrarresta los sentimientos de soledad que suelen sufrir los niños

Cuando el bebé está aprendiendo a caminar aparece el temor a caerse.
Es importante que los padres les den la mano, estén cerca y los alienten a caminar sin miedo.
El temor a estar solos aparece temprano y se relaciona con la separación física de los padres. Para que el temor desaparezca en forma gradual, el niño debe tener internalizadas las figuras familiares que le dan seguridad.
Es importante la compañía de los padres en los momentos cuando el pequeño siente miedo.
Es necesario que el niño sienta que no está solo y que puede compartir sus sentimientos con los adultos responsables.
La comunicación es la herramienta principal para erradicar los miedos infantiles.
Es importante dejar que el niño exprese libremente sus temores o miedos.


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