22 Julio 2010 Seguir en 
Ya fueron al cine, al teatro, al circo, viajaron y se conocen de memoria todos los juegos de la computadora. En esta segunda y última semana de vacaciones muchos chicos están aburridos. No es para menos. La hiperactividad a la que se ven sometidos durante todo el año, con clases en la escuela, de inglés o de música, horarios y obligaciones desaparece de un día para el otro sin dejar rastro. Y cuando pasan varios días sin actividad, esta sensación de vacío comienza a molestarles.
El primer síntoma de aburrimiento es el malestar. Algunos lloran, llaman por teléfono a los padres que están trabajando y otros se pelean con los otros hermanos.
La psicóloga María Eugenia Rodríguez Rey sostiene que los chicos sobreestimulados con la tecnología son los que más tienden a aburrirse. "Vivimos en una sociedad donde los niños están acostumbrados a entretenerse con la televisión y los juegos electrónicos que limitan la creatividad, el buen desarrollo del cerebro y sus propios recursos", afirma. "Los niños llenos de imágenes, de juguetes y de videos parecen no tener lugar para el deseo, que es el generador de la creatividad", advierte.
María Laura González, máster en Educación Física, especializada en niños, coincide con la especialista. "Los chicos hoy están llenos de estímulos, lo que les resta posibilidades de armar sus propios espacio de juego. Se encuentran en un mundo donde todo está construido. No les ocurre lo que nos pasaba a los niños de generaciones anteriores que debían armar el juguete y después inventarle una historia. Hoy necesitan de un objeto para jugar", dice.
Sin embargo, aclara que los chicos juegan, pero de otra manera.
En este sentido, la intervención de los padres es más necesaria hoy que antes para ayudar a los chicos a recuperar sus espacios lúdicos. "Recuerdo que una vez con la Facultad de Educación Física creamos una ludoteca en un barrio de Alderetes. Los vecinos nos decían: ?aquí no van a venir los chicos?, pensando que ellos estaban muy ocupados en los juegos de video. Sin embargo, fue muy exitoso. Llegamos a tener entre 200 y 300 chicos cada sábado. Esto nos da la pauta que cuando se les ofrece un espacio y los recursos ellos aceptan con libertad", afirma.
Mal que les pese a muchos padres, los chicos de hoy necesitan más que nunca de las propuestas de los adultos para poder incentivar su ocio creativo. Una actividad compartida entre padres e hijos, aunque sea una hora al día, sirve para fomentar la creatividad, fortalecer los lazos afectivos, elevar la autoestima de los niños y disfrutar con alegría lo que queda de las vacaciones. No es poco.
"¡Socorro, que empiecen las clases!"
"Las vacaciones de julio deberían durar apenas una semana. A partir de la segunda, los chicos se vuelven insoportables. Les aburre la televisión, a los juegos de la computadora se los conocen de memoria y muchos de sus amigos están de viaje. Me atormentan llamándome al trabajo para decirme: ´mamá, estoy aburrido´", se queja Sandra, madre de Ignacio y Pedro, de cinco y ocho años. Por teléfono, ella les da ideas para jugar. Pero cuando se les acaba el entusiasmo, vuelven a llamar.
Cómo detectarlo
No sabe qué hacer. Abre y cierra la puerta de la heladera a cada rato y cambia de canales de televisión sin detenerse.
Está tirado en el sillón o en la cama mirando televisión todo el tiempo. Mira, incluso, los programas que lo aburren.
El aburrimiento puede generar inquietud. Es el caso del chico que lloriquea, protesta o pide cosas todo el tiempo a los adultos.
El malhumor y la agresividad son otros síntomas del aburrimiento infantil. Es común la pelea entre los hermanos.
El primer síntoma de aburrimiento es el malestar. Algunos lloran, llaman por teléfono a los padres que están trabajando y otros se pelean con los otros hermanos.
La psicóloga María Eugenia Rodríguez Rey sostiene que los chicos sobreestimulados con la tecnología son los que más tienden a aburrirse. "Vivimos en una sociedad donde los niños están acostumbrados a entretenerse con la televisión y los juegos electrónicos que limitan la creatividad, el buen desarrollo del cerebro y sus propios recursos", afirma. "Los niños llenos de imágenes, de juguetes y de videos parecen no tener lugar para el deseo, que es el generador de la creatividad", advierte.
María Laura González, máster en Educación Física, especializada en niños, coincide con la especialista. "Los chicos hoy están llenos de estímulos, lo que les resta posibilidades de armar sus propios espacio de juego. Se encuentran en un mundo donde todo está construido. No les ocurre lo que nos pasaba a los niños de generaciones anteriores que debían armar el juguete y después inventarle una historia. Hoy necesitan de un objeto para jugar", dice.
Sin embargo, aclara que los chicos juegan, pero de otra manera.
En este sentido, la intervención de los padres es más necesaria hoy que antes para ayudar a los chicos a recuperar sus espacios lúdicos. "Recuerdo que una vez con la Facultad de Educación Física creamos una ludoteca en un barrio de Alderetes. Los vecinos nos decían: ?aquí no van a venir los chicos?, pensando que ellos estaban muy ocupados en los juegos de video. Sin embargo, fue muy exitoso. Llegamos a tener entre 200 y 300 chicos cada sábado. Esto nos da la pauta que cuando se les ofrece un espacio y los recursos ellos aceptan con libertad", afirma.
Mal que les pese a muchos padres, los chicos de hoy necesitan más que nunca de las propuestas de los adultos para poder incentivar su ocio creativo. Una actividad compartida entre padres e hijos, aunque sea una hora al día, sirve para fomentar la creatividad, fortalecer los lazos afectivos, elevar la autoestima de los niños y disfrutar con alegría lo que queda de las vacaciones. No es poco.
"¡Socorro, que empiecen las clases!"
"Las vacaciones de julio deberían durar apenas una semana. A partir de la segunda, los chicos se vuelven insoportables. Les aburre la televisión, a los juegos de la computadora se los conocen de memoria y muchos de sus amigos están de viaje. Me atormentan llamándome al trabajo para decirme: ´mamá, estoy aburrido´", se queja Sandra, madre de Ignacio y Pedro, de cinco y ocho años. Por teléfono, ella les da ideas para jugar. Pero cuando se les acaba el entusiasmo, vuelven a llamar.
Cómo detectarlo
No sabe qué hacer. Abre y cierra la puerta de la heladera a cada rato y cambia de canales de televisión sin detenerse.
Está tirado en el sillón o en la cama mirando televisión todo el tiempo. Mira, incluso, los programas que lo aburren.
El aburrimiento puede generar inquietud. Es el caso del chico que lloriquea, protesta o pide cosas todo el tiempo a los adultos.
El malhumor y la agresividad son otros síntomas del aburrimiento infantil. Es común la pelea entre los hermanos.
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