"¡Qué duro es vivir con una inflación oculta!" "¡Más complicado es llegar a fin de mes con semejante carga impositiva!" "A mi presupuesto familiar le tengo que agregar a otro hijo: el Estado". Estos comentarios suelen escucharse en una rueda de café, entre quienes a diario van a comprar al almacén del barrio; también durante las colas para pagar las compras del supermercado y hasta en el colectivo. Inflación e impuestos forman parte del vocabulario familiar, términos que antes eran exclusividad o problema de los técnicos, hoy convertidos en verdaderas pesadillas para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero.
Si se toman en cuenta las cifras oficiales, la clase media puede resultar la más castigadas cada vez que hay una variación de precios o un reajuste en los tributos. De acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el ingreso mensual promedio de una familia de clase media ronda los $ 3.300. ¿Y en Tucumán? Bien, gracias. Alcanzar aquel promedio de ingresos mensual en el país es por demás difícil. De bolsillo, la remuneración neta de un empleado privado registrado ascendió a $ 2.146 mensuales durante el primer trimestre del año. Si se toma en cuenta ese monto, el gasto diario sería de unos $ 71,50 (un kilo de carne, una bolsa de fideos, otro kilo de pan, las compras en la verdulería, una gaseosa, un litro de leche, cuatro pasajes de colectivo para ir a trabajar y el gasto prorrateado del transporte escolar, y rogar que nadie de la familia se atreva a enfermarse porque el presupuesto no alcanza).
En materia de salarios, entre otras variables, las disparidades a nivel nacional son tan grandes como la distancia que hay que recorrer desde esta ciudad para llegar a la Patagonia, donde están los sueldos más altos de la Argentina. Ante la inflación, se acaban las asimetrías, aunque golpean más a los bolsillos de los más pobres, ese 30% de la población que al Indec le cuesta reconocer y que, si lo hiciera, el Gobierno podría focalizar más los subsidios sociales y las asistencias alimentarias. La inflación se cuela entre las capas sociales. Y avanza. La clase media es ahora otra de las más castigadas. Los aumentos salariales alcanzados en los últimos meses se esfuman de las manos -ni siquiera los billetes llegan al bolsillo- con la carga impositiva. La suba del mínimo no imponible de Ganancias es un claro reflejo del costo para sostener la mentira. Los asalariados alcanzados por el impuesto no pueden gozar del incremento en sus salarios porque el fisco les retiene, por más que se pasen dos o tres centavos del límite establecido por la norma.
Los tributaristas consultados por LA GACETA fueron claros respecto de un razonamiento colectivo: si el salario es producto del esfuerzo cotidiano de un trabajador, ¿por qué entonces el Estado lo considera como una suerte de renta o de una ganancia? La devolución de las deducciones será en amplias cuotas, pero no a precios reales, sino a valores históricos. Se quita poder adquisitivo a quien no tiene una actividad lucrativa.
Un reciente informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal da cuenta del peso de los impuestos en el costo de vida familiar. Tomando las alícuotas vigentes en la actualidad para los impuestos nacionales, provinciales y municipales en cada tributo considerado, se observa que la carga tributaria legal sobre el ingreso asalariado de familias que operan en la formalidad en la Argentina se encuentra entre un 45,5% y un 48,5% de sus ingresos totales, dependiendo del tramo de ingresos que se considere (en una banda que va desde los $ 3.000 y que llega a los $ 15.000 mensuales). De acuerdo con ese análisis, un argentino debería trabajar hasta el 26 de junio de cada año para tener todas sus obligaciones tributarias al día. Es lo que los expertos denominan como el Día de la Liberación de Impuestos. Está comprobado que, como mínimo, una familia tipo con ingresos considerados de clase media debe destinar no menos del 30% de los ingresos del grupo para atender los gastos alimentarios (en las clases menos pudientes la incidencia supera el 50%). Si a eso se le suma la carga fiscal total, estimada en otro 48,5%, es poco el margen de ingresos que queda para sobrevivir. Para llegar a fin de mes, hay que ser más que mago para enfrentar al ilusionismo fiscal argentino.
Si se toman en cuenta las cifras oficiales, la clase media puede resultar la más castigadas cada vez que hay una variación de precios o un reajuste en los tributos. De acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el ingreso mensual promedio de una familia de clase media ronda los $ 3.300. ¿Y en Tucumán? Bien, gracias. Alcanzar aquel promedio de ingresos mensual en el país es por demás difícil. De bolsillo, la remuneración neta de un empleado privado registrado ascendió a $ 2.146 mensuales durante el primer trimestre del año. Si se toma en cuenta ese monto, el gasto diario sería de unos $ 71,50 (un kilo de carne, una bolsa de fideos, otro kilo de pan, las compras en la verdulería, una gaseosa, un litro de leche, cuatro pasajes de colectivo para ir a trabajar y el gasto prorrateado del transporte escolar, y rogar que nadie de la familia se atreva a enfermarse porque el presupuesto no alcanza).
En materia de salarios, entre otras variables, las disparidades a nivel nacional son tan grandes como la distancia que hay que recorrer desde esta ciudad para llegar a la Patagonia, donde están los sueldos más altos de la Argentina. Ante la inflación, se acaban las asimetrías, aunque golpean más a los bolsillos de los más pobres, ese 30% de la población que al Indec le cuesta reconocer y que, si lo hiciera, el Gobierno podría focalizar más los subsidios sociales y las asistencias alimentarias. La inflación se cuela entre las capas sociales. Y avanza. La clase media es ahora otra de las más castigadas. Los aumentos salariales alcanzados en los últimos meses se esfuman de las manos -ni siquiera los billetes llegan al bolsillo- con la carga impositiva. La suba del mínimo no imponible de Ganancias es un claro reflejo del costo para sostener la mentira. Los asalariados alcanzados por el impuesto no pueden gozar del incremento en sus salarios porque el fisco les retiene, por más que se pasen dos o tres centavos del límite establecido por la norma.
Los tributaristas consultados por LA GACETA fueron claros respecto de un razonamiento colectivo: si el salario es producto del esfuerzo cotidiano de un trabajador, ¿por qué entonces el Estado lo considera como una suerte de renta o de una ganancia? La devolución de las deducciones será en amplias cuotas, pero no a precios reales, sino a valores históricos. Se quita poder adquisitivo a quien no tiene una actividad lucrativa.
Un reciente informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal da cuenta del peso de los impuestos en el costo de vida familiar. Tomando las alícuotas vigentes en la actualidad para los impuestos nacionales, provinciales y municipales en cada tributo considerado, se observa que la carga tributaria legal sobre el ingreso asalariado de familias que operan en la formalidad en la Argentina se encuentra entre un 45,5% y un 48,5% de sus ingresos totales, dependiendo del tramo de ingresos que se considere (en una banda que va desde los $ 3.000 y que llega a los $ 15.000 mensuales). De acuerdo con ese análisis, un argentino debería trabajar hasta el 26 de junio de cada año para tener todas sus obligaciones tributarias al día. Es lo que los expertos denominan como el Día de la Liberación de Impuestos. Está comprobado que, como mínimo, una familia tipo con ingresos considerados de clase media debe destinar no menos del 30% de los ingresos del grupo para atender los gastos alimentarios (en las clases menos pudientes la incidencia supera el 50%). Si a eso se le suma la carga fiscal total, estimada en otro 48,5%, es poco el margen de ingresos que queda para sobrevivir. Para llegar a fin de mes, hay que ser más que mago para enfrentar al ilusionismo fiscal argentino.







