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Lunes, 12 de Julio de 2010
MUSICA

A su juego lo llamaron: si hay festival, el "Chaqueño" no falla

Los artistas tucumanos debieron tocar en un espacio anexo al escenario principal, una medida antipática. Bien por Koki y Pajarín Saavedra y "El Mono" Villafañe. Algo de rock
MULTITUDINARIO. El público colmó la plaza en la jornada de cierre de la Gran Fiesta de la Independencia. Fueron dos jornadas exitosas y emocionantes.
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Algo distinto tiene que haber. Algo diferente, una historia, una canción, algo. Pero la realidad se encargó de darle una cachetada a la obsesión periodística de encontrar la novedad. Era previsible que así ocurriera y finalmente sucedió: el salteño afable se robó la noche. Sin variar su repertorio habitual, sin moverse demasiado por el escenario, sin sorpresas, el "Chaqueño" Palavecino dejó en claro que las miles de personas que habían pasado la tarde de pie en la plaza Independencia lo esperaban a él. Así lo dictó la lógica festivalera.

Cerca de las 16.30 comenzaron a desfilar los artistas por el escenario. Hasta las 19 la mayoría eran turistas y transeúntes. Incluso, el rock de Karma Sudaca quedó un poco descolocado en una plaza que miraba a los músicos como una atracción al pasar. Para destacar: Karma le dio toda su potencia al recital y, obviamente, sus seguidores le hicieron el aguante.

El sol bajó y Orozco & Barrientos subió al escenario. El dúo mendocino (cuyo último disco fue producido por Gustavo Santaolalla) atacó con su folclore heavy y muchas bromas. Pero nada: el público -que ya era bastante- quería algo más cercano, más conocido, más sencillo (ojo: no por la calidad de la música). Y eso les dio Julio Palacios y sus Cañas Mágicas.

Quizás sea un impulso de provincianismo, pero hay que decirlo: dio bronca ver a los músicos tucumanos (salvo a Gladys) tocando en un apéndice del escenario, ubicado a la izquierda de la Casa de Gobierno. El sector central estuvo reservado para los artistas principales (muchos de los cuales eran desconocidos para gran parte del público). Sin embargo, desde ese rincón, Palacios arremetió con "El negro José" y "El humahuaqueño" y anticipó algo de la alegría que iba a hacer explotar el "Chaqueño".

Lo de Koki y Pajarín Saavedra fue para aplaudir de pie. Los hermanos santiagueños abrieron con las primeras estrofas de "Doña Ubenza", pero el canto no fue mucho más allá, porque la fusión de danzas folclóricas y contemporáneas se robó el espectáculo. Uno de los momentos más impactantes fue cuando Koki y tres bailarinas hicieron del escenario un bombo gigante y le pusieron ritmo de chacarera golpeándolo con boleadoras. Para la ovación.

Otra vez en el apéndice, La Zapada hizo gala de sus voces y emocionó con su versión de "Me muero lejos de ti". Y finalmente llegó ella: Gladys, "La Bomba Tucumana", con un sombrero texano blanco, botas y un conjunto de cuero demasiado ajustado. Ella le puso calor a una noche cada vez más fría con "La pollera amarilla", "La Peineta" (esa que dice: pedile a San Antonio que te mande un novio) y la dudosa versión tropical y en castellano de "I will survive", de Gloria Gaynor. Se deshizo en lágrimas de emoción y repitió hasta el cansancio: "los amo".

Pero entre esas lágrimas la media hora estipulada para cada artista se iba acercando a los 40 minutos y el "Mono" Villafañe esperaba de pie en el apéndice. El taficeño demostró por qué es el abanderado de la zamba tucumana: su versión de la "Zamba del grillo" borró de la memoria el recuerdo todavía fresco de "La Bomba" y su melosa emoción.

Pura generosidad

A las 21.50 -más temprano de lo previsto- terminaron las (poquísimas) sorpresas. El "Chaqueño" se despachó con "Juan de la calle" y "Amor salvaje" y hasta los árboles comenzaron a temblar. Sus detractores tienen muchas críticas (algunas ciertas), pero lo que no se puede negar es que es generoso. Y no sólo con la fiesta que le regala al público, sino también con sus colegas. Hizo subir a La Yunta (habían tocado cuando casi no había nadie en la plaza), a Noralía Villafañe y a Daniela Torres. Con ellos cantó un "enganchado" de zambas tucumanas y "La Otumpeña".

Y si faltaba algo para que la noche se convirtiera en una versión del Trichaco (el festival solidario que organiza todos los años) fue el mensaje que dio antes de la última canción: "me dicen que Diego Maradona nos está viendo a todos y que quiere que cantemos otra vez Amor Salvaje". Listo. Se terminaron las palabras. Fue la fiesta de Palavecino. Y está bien que haya sido así; es la lógica festivalera.


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