Esta es hora de las fotos. La imagen de ayer en el Salón Sur de la Casa Rosada es un emblema de la lealtad kirchnerista. Daniel Scioli, José Alperovich y Jorge Capitanich, componen -hoy por hoy- la triada más representativa de la estructura oficialista. Ellos fueron ayer a recoger los frutos de tantas luchas electorales en favor del matrimonio presidencial. En política todo se paga. Hoy con gruesos billetes que alimentan las posibilidades de continuar ejerciendo un poder político territorial. Mañana no se sabe...Jorge Taiana, el ex canciller, puede dar fe de ello y de lo inconcebible que resulta convertirse en desleal, de la noche a la mañana, en el particular mundo kirchnerista.
A Alperovich le importa el hoy y el mañana. El martes a las 11, cuando le sonó el teléfono no hizo ni una mueca de descontento cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le transmitió que debía dejar Bahía (Brasil) y tomar el primer vuelo que uniera Río de Janeiro con Buenos Aires. En la madrugada de ayer, el gobernador y algunos de sus colaboradores estaban en camino. El descanso de medio año no fue tan reparador como lo será el escenario fiscal para los próximos tres años. El gobernador proyecta que su futuro sigue y seguirá atado a Tucumán. Por eso acordó con la Nación, Programa de Desendeudamiento mediante, que el año de gracia será tan benévolo para las cuentas públicas provinciales que no será necesario apelar a la mano federal para encarar esas obras que tanto contribuyen a ganar una elección. Ese es el análisis presente que hace el alperovichismo sobre el "pasto hachado" con vistas a las generales de 2011.
Alperovich también volvió a los oráculos de las encuestas de opinión para saber qué le puede deparar el futuro. El mandatario está acostumbrado a que el sociólogo Hugo Haime le transmita tan sólo buenas noticias. Alperovich vino a Tucumán con los resultados de un sondeo que, según algunas voces de la Casa de Gobierno, le adjudican hasta un 80% de imagen positiva y sólo un 8% negativa. El mandatario mide a los costados y también a la vereda del frente. Por caso, esas mismas encuestas llegan a decirle que la senadora Beatriz Rojkés o el actual ministro de Salud Pública de la Nación, Juan Manzur, pueden tener chances de encabezar o integrar la fórmula del oficialismo si el mandatario no va por la re-re. Y hasta el intendente capitalino, Domingo Amaya, pelea cabeza a cabeza en esos sondeos.
De la oposición, en la sede del Poder Ejecutivo siguen con atención a dos referentes: al actual senador radical, José Cano (en la encuesta oficial tiene una imagen positiva del 11%) y a alguno de los hermanos Bussi (Ricardo y Luis José). En este último caso, precisan algunas voces oficialistas, el apellido es el que tiene un 7% de intención de voto.
Haime vendrá a Tucumán antes de que la jefa de Estado llegue a presidir los actos del Día de la Independencia. Su llegada está vinculada con la intención del gobernador por alinear la tropa. El encuestador puede llegar a plantear, ante intendentes, legisladores, concejales y delegados comunales, cuáles pueden ser las alternativas de cara a 2011.
Milagro distributivo
Alperovich está exultante. "Tener este nivel de imagen positiva después de siete años no es poca cosa", exclamó ayer ante sus colaboradores cuando se revelaron los datos finitos de la encuesta.
Las cifras siempre han sido el desvelo del gobernador. Entre los indicadores que analiza periódicamente está el del nivel de desempleo. Se sabe, de boca del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), que en el Gran Tucumán-Tafí Viejo la desocupación afecta a cerca del 9% del total de la población ocupada. Unos 31.000 habitantes no consiguen un puesto y esa es una tendencia histórica que fluctúa en 3.000 casos, hacia arriba o hacia abajo. Alperovich cree en el milagro inclusivo y distributivo del Plan Argentina Trabaja y se entusiasma cuando sus funcionarios le proyectan que en el segundo trimestre de este año, el desempleo puede llegar a estabilizarse y bajar hasta el 8%. Claro que son suposiciones de unas estadísticas oficiales vapuleadas por los retoques que ciertos funcionarios avalan y que han significado, incluso, la pérdida de credibilidad del trabajo del Indec.
Alperovich se entusiasma cuando habla del futuro de las finanzas públicas. Recuerda que, cuando asumió la gobernación de Tucumán, en octubre de 2003, predijo que los tucumanos dejarían de hablar de la fecha de pago de los sueldos estatales. Y ahora se anima a sostener que, en seis años, la población dejará de hablar de la deuda pública, como ese viejo estigma o mochila que sepultó las gestiones de varios gobernadores que lo precedieron y que llegó a hipotecar el futuro de los tucumanos, condenados a pagar cada vez más impuestos por un aumento insostenible del gasto público.
Cristina Fernández de Kirchner le ha dado a Alperovich un regalo que, a 20 años como está planteado el plan de desendeudamiento federal, puede ser un borrón y cuenta nueva para las gestiones venideras. Pero también puede convertirse en una bomba de tiempo, si los políticos deciden financiar las fiestas electorales con mayores gastos y con emisiones desmedidas de títulos públicos. El final de esa película es por todos conocidos.
A Alperovich le importa el hoy y el mañana. El martes a las 11, cuando le sonó el teléfono no hizo ni una mueca de descontento cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le transmitió que debía dejar Bahía (Brasil) y tomar el primer vuelo que uniera Río de Janeiro con Buenos Aires. En la madrugada de ayer, el gobernador y algunos de sus colaboradores estaban en camino. El descanso de medio año no fue tan reparador como lo será el escenario fiscal para los próximos tres años. El gobernador proyecta que su futuro sigue y seguirá atado a Tucumán. Por eso acordó con la Nación, Programa de Desendeudamiento mediante, que el año de gracia será tan benévolo para las cuentas públicas provinciales que no será necesario apelar a la mano federal para encarar esas obras que tanto contribuyen a ganar una elección. Ese es el análisis presente que hace el alperovichismo sobre el "pasto hachado" con vistas a las generales de 2011.
Alperovich también volvió a los oráculos de las encuestas de opinión para saber qué le puede deparar el futuro. El mandatario está acostumbrado a que el sociólogo Hugo Haime le transmita tan sólo buenas noticias. Alperovich vino a Tucumán con los resultados de un sondeo que, según algunas voces de la Casa de Gobierno, le adjudican hasta un 80% de imagen positiva y sólo un 8% negativa. El mandatario mide a los costados y también a la vereda del frente. Por caso, esas mismas encuestas llegan a decirle que la senadora Beatriz Rojkés o el actual ministro de Salud Pública de la Nación, Juan Manzur, pueden tener chances de encabezar o integrar la fórmula del oficialismo si el mandatario no va por la re-re. Y hasta el intendente capitalino, Domingo Amaya, pelea cabeza a cabeza en esos sondeos.
De la oposición, en la sede del Poder Ejecutivo siguen con atención a dos referentes: al actual senador radical, José Cano (en la encuesta oficial tiene una imagen positiva del 11%) y a alguno de los hermanos Bussi (Ricardo y Luis José). En este último caso, precisan algunas voces oficialistas, el apellido es el que tiene un 7% de intención de voto.
Haime vendrá a Tucumán antes de que la jefa de Estado llegue a presidir los actos del Día de la Independencia. Su llegada está vinculada con la intención del gobernador por alinear la tropa. El encuestador puede llegar a plantear, ante intendentes, legisladores, concejales y delegados comunales, cuáles pueden ser las alternativas de cara a 2011.
Milagro distributivo
Alperovich está exultante. "Tener este nivel de imagen positiva después de siete años no es poca cosa", exclamó ayer ante sus colaboradores cuando se revelaron los datos finitos de la encuesta.
Las cifras siempre han sido el desvelo del gobernador. Entre los indicadores que analiza periódicamente está el del nivel de desempleo. Se sabe, de boca del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), que en el Gran Tucumán-Tafí Viejo la desocupación afecta a cerca del 9% del total de la población ocupada. Unos 31.000 habitantes no consiguen un puesto y esa es una tendencia histórica que fluctúa en 3.000 casos, hacia arriba o hacia abajo. Alperovich cree en el milagro inclusivo y distributivo del Plan Argentina Trabaja y se entusiasma cuando sus funcionarios le proyectan que en el segundo trimestre de este año, el desempleo puede llegar a estabilizarse y bajar hasta el 8%. Claro que son suposiciones de unas estadísticas oficiales vapuleadas por los retoques que ciertos funcionarios avalan y que han significado, incluso, la pérdida de credibilidad del trabajo del Indec.
Alperovich se entusiasma cuando habla del futuro de las finanzas públicas. Recuerda que, cuando asumió la gobernación de Tucumán, en octubre de 2003, predijo que los tucumanos dejarían de hablar de la fecha de pago de los sueldos estatales. Y ahora se anima a sostener que, en seis años, la población dejará de hablar de la deuda pública, como ese viejo estigma o mochila que sepultó las gestiones de varios gobernadores que lo precedieron y que llegó a hipotecar el futuro de los tucumanos, condenados a pagar cada vez más impuestos por un aumento insostenible del gasto público.
Cristina Fernández de Kirchner le ha dado a Alperovich un regalo que, a 20 años como está planteado el plan de desendeudamiento federal, puede ser un borrón y cuenta nueva para las gestiones venideras. Pero también puede convertirse en una bomba de tiempo, si los políticos deciden financiar las fiestas electorales con mayores gastos y con emisiones desmedidas de títulos públicos. El final de esa película es por todos conocidos.







