23 Junio 2010 Seguir en 
Néstor Paz tiene dos pasiones inmensas en su vida: Dios y el fútbol (en ese orden). Para comprenderlo sólo basta cruzar un par de palabras con él. Hace cuatro años colgó los botines en el vestuario del club Juventud Unida, en el pueblo de Bandera Bajada (Santiago del Estero), y comenzó a disputar el partido de su vida, el espiritual. Aunque sus días transcurren entre estudios filosóficos y oraciones, los martes y los jueves vuelve a convertirse en el mismo volante pechador que conocieron las canchas de polvo de Añatuya. Por eso, sus compañeros de vida religiosa no dudan en calificarlo como el Messi de los picados entre seminaristas. El, humilde, se hunde en la silla de plástico e intenta taparse la cara con la trompeta. No pasa inadvertido: la camiseta en los hombros y el gorro arlequín lo delatan en el oscuro y poblado comedor del Seminario Mayor.
Faltan 15 minutos para que empiece el partido. Los pasillos solemnes están vacíos y el silencio tiene la fuerza de una trompada. Pero cuando se abre la puerta de un salón inmenso todo cambia. Unas 40 personas gritan y hacen sonar trompetas en la penumbra.
Néstor, como buen futbolero, tiene una cábala y se apresura a cumplirla: se sienta en la misma silla blanca que viene ocupando desde que empezó el Mundial. La pantalla gigante muestra al equipo que sale a la cancha y los futuros sacerdotes empiezan a aplaudir (el bullicio aturde cuando las cámaras enfocan a Verón).
Acaba de empezar el partido y los griegos ya muelen a patadas a "La Pulga". "¡Eh, hijo de p..., sacá una tarjeta!", le reclama alguien al árbitro ¿Sorprende? Está claro que ellos eligieron seguir a Dios, pero no por eso dejaron de ser humanos ni abandonaron la pasión del hincha. Incluso, los nervios traicionan al padre Melitón Chávez, rector del Seminario, que no puede quedarse quieto en la silla.
Néstor se lamenta de que los griegos marquen tan de cerca a Messi y hace sonar la trompeta. Recuerda que antes de ingresar al seminario estaba de novio con Ana. "Ahora los dos recorremos el camino de Dios: yo estoy acá y ella se hizo religiosa", explica justo antes de que un desborde de Agüero lo deje sin voz.
Corre el segundo tiempo y el santiagueño está impaciente: a "La Pulga" no le sale una. "¡Infeliz, largala!", le reclama. Y lo hace con la seguridad de quien sabe de qué habla. Al fin y al cabo, él también es campeón. El fin de semana estuvo de visita en Bandera Bajada y pudo jugar la final del torneo local: Juventud Unida se consagró.
Los mates ya se enfriaron y los músculos de todos están muy tensos. Córner. Le pega Demichelis y... estalla la locura. Saltos, empujones y gritos desaforados hacen del festejo una especie de pogo religioso que aturde a todos. Ni hablar del gol de Palermo. "Titán" es un ídolo en el Seminario y la celebración es un caos de pasión. No hay sotanas ni rosarios, sólo camisetas y corazones futboleros.
Néstor nació hace 24 años, cuando Diego conquistó el mundo como jugador. Ahora, sueña con verlo campeón siendo técnico. Por eso -afirma- vale la pena rezar por el fútbol de Argentina.
Faltan 15 minutos para que empiece el partido. Los pasillos solemnes están vacíos y el silencio tiene la fuerza de una trompada. Pero cuando se abre la puerta de un salón inmenso todo cambia. Unas 40 personas gritan y hacen sonar trompetas en la penumbra.
Néstor, como buen futbolero, tiene una cábala y se apresura a cumplirla: se sienta en la misma silla blanca que viene ocupando desde que empezó el Mundial. La pantalla gigante muestra al equipo que sale a la cancha y los futuros sacerdotes empiezan a aplaudir (el bullicio aturde cuando las cámaras enfocan a Verón).
Acaba de empezar el partido y los griegos ya muelen a patadas a "La Pulga". "¡Eh, hijo de p..., sacá una tarjeta!", le reclama alguien al árbitro ¿Sorprende? Está claro que ellos eligieron seguir a Dios, pero no por eso dejaron de ser humanos ni abandonaron la pasión del hincha. Incluso, los nervios traicionan al padre Melitón Chávez, rector del Seminario, que no puede quedarse quieto en la silla.
Néstor se lamenta de que los griegos marquen tan de cerca a Messi y hace sonar la trompeta. Recuerda que antes de ingresar al seminario estaba de novio con Ana. "Ahora los dos recorremos el camino de Dios: yo estoy acá y ella se hizo religiosa", explica justo antes de que un desborde de Agüero lo deje sin voz.
Corre el segundo tiempo y el santiagueño está impaciente: a "La Pulga" no le sale una. "¡Infeliz, largala!", le reclama. Y lo hace con la seguridad de quien sabe de qué habla. Al fin y al cabo, él también es campeón. El fin de semana estuvo de visita en Bandera Bajada y pudo jugar la final del torneo local: Juventud Unida se consagró.
Los mates ya se enfriaron y los músculos de todos están muy tensos. Córner. Le pega Demichelis y... estalla la locura. Saltos, empujones y gritos desaforados hacen del festejo una especie de pogo religioso que aturde a todos. Ni hablar del gol de Palermo. "Titán" es un ídolo en el Seminario y la celebración es un caos de pasión. No hay sotanas ni rosarios, sólo camisetas y corazones futboleros.
Néstor nació hace 24 años, cuando Diego conquistó el mundo como jugador. Ahora, sueña con verlo campeón siendo técnico. Por eso -afirma- vale la pena rezar por el fútbol de Argentina.







