Pichones de crack

22 Junio 2010
El césped está seco y es escaso. Pero para ellos es mejor que el de cualquier estadio sudafricano. Cada vez que la única pelota que tienen sale de la cancha por el límite norte, la deben buscar en el corazón de unos arbustos con más espinas que hojas. No les importa. En realidad, sólo les interesa aprender a acariciar cada día con más dulzura a la redonda, esa que alimenta el sueño (¿quién no lo tuvo?) de consagrarse en el fútbol.

Desde hace tres meses, Julio Gordillo (un ex jugador de La Florida y de Villa Mitre que está desempleado) entrena a 25 chicos de entre seis y 14 años en el club Río Nío. Cuenta con un par de zurdos que la mueven, un arquero chiquitito que tapa todo (les atajó un penal a los chicos de 180 Viviendas de Villa Mariano Moreno) y varios muros que no dejan pasar a nadie. Todos juegan y todos sueñan.

Para que estos chicos adquieran competitividad hace falta ayuda: en primer lugar, necesitan algunas pelotas más, porque con una no hacen nada. Además, un juego de camisetas les vendría bien. Pero lo más importante es conseguir un medio de movilidad para que viajen a otras localidades. Gordillo reconoce que hasta ahora jugaron pocos partidos, porque cada traslado es un gol en contra al bolsillo de los padres. Deben conseguir un colectivo (en la capital) y alquilarlo (cuesta unos $ 500). El técnico quiere que el equipo ingrese en algún torneo infantil de la zona. De esa manera, los chicos jugarán una vez a la semana. Pero para concretar estos anhelos hace falta un buen centro solidario.

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