"Si toca Juanjo, pido tocar primero. Porque después de él nadie va a querer escuchar nada", cuenta con humor el tucumano Juan Falú en su libro "Ridiculum vitae", aludiendo a la notable capacidad digital de Juanjo Domínguez. Nacido en Junín en 1951, el guitarrista vuelve al ruedo con un CD editado por Epsa. Se trata de una selección de 25 piezas que grabó a lo largo de una década en el sello discográfico, en la que recorre el folclore, el tango, y algunas piezas de la música latinoamericana (vals peruano, choro, polka, joropo), del fado portugués y la canción napolitana. Tal vez las virtudes más importantes de Domínguez haya que buscarlas en su sentido infalible del ritmo, la limpieza del sonido y en la rauda digitación que se percibe, por ejemplo, en el choro Dedo Duro, de Oscar Alemán, un precursor de la guitarra argentina o en Odeon, del brasileño Ernesto Nazareth. Aunque su facilidad para abordar diferentes géneros de la música popular es llamativo, pareciera sentirse mejor expresado en el tango. Sus versiones de La Trampera, Boedo o El Choclo (secundado por Julio Pane en bandoneón) se hallan entre los puntos altos de este registro. El oyente disfrutará esta hora quince de música en las seis cuerdas de uno de los mejores guitarristas argentinos.
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