Del bar "Mirasoles" hasta el restaurante "El Fondo". Mucha agua corrió para aplacar los ánimos en las 48 horas previas a la elección del rector. Este fin de semana, los apoderados legales de uno y otro sector en pugna decidieron abrir canales de diálogo, para dejar atrás el escándalo que envolvió a la UNT desde aquel lunes 10 cuando se difundió el video de la polémica. En la previa de la Asamblea, se conjeturó sobre una gran lucha callejera entre empleados de Construcciones (que responden al cerisolismo), estudiantes y sectores afines al rossismo.
Por obra y gracia divina, el fuerte operativo de seguridad se convirtió en una escenografía de otra película. El cerisolismo y el rossismo acordaron, en el bar del Parque Avellaneda, no movilizar y bajarle los decibeles a una campaña sucia, que nada tiene que ver con la vida universitaria. José Agustín Ferrari, por el rossismo, y Fernando Valdez, por el cerisolismo, fueron los interlocutores en aquel frío domingo donde también se decidió que José Luis Vázquez presida la Asamblea y que hayan dos secretarias identificadas con cada fórmula: Adela de Terraf y Judith de Babot, que sorprendió a extraños (entiéndase por propios a los asambleistas) porque justificó la decisión de que el voto sea secreto y no nominal, tal como el oficialismo había hecho bandera.
El cerisolismo temía que, si imponía su postura, la asamblea se podía quebrar, con eventuales ausencias rossistas, y, por ende, la elección quedaría abierta a cuestionamientos jurídicos por falta de legitimidad. En el fondo, se conjeturaba que el voto nominal implicaba una reforma parcial del estatuto del a UNT. La noche del lunes terminó con humo blanco. La mañana del martes fue en paz, sin batahola ni escándalos, como debió haber sido, desde un principio, las elecciones universitarias.
Juan Alberto Cerisola saboreó el triunfo en el restaurante de calle San Martín. "Hay que empezar a reconstruir la UNT", dicen que arengó a la tropa, sin mencionar que ese proceso no arrancó con aquel polémico video. En esta nueva etapa, es posible que haya pocos sobrevivientes en el gabinete cerisolista. Oxigenación le llaman los políticos. También es factible que la nueva gestión sea acompañada de una profunda reforma del estatuto de la UNT.
Por obra y gracia divina, el fuerte operativo de seguridad se convirtió en una escenografía de otra película. El cerisolismo y el rossismo acordaron, en el bar del Parque Avellaneda, no movilizar y bajarle los decibeles a una campaña sucia, que nada tiene que ver con la vida universitaria. José Agustín Ferrari, por el rossismo, y Fernando Valdez, por el cerisolismo, fueron los interlocutores en aquel frío domingo donde también se decidió que José Luis Vázquez presida la Asamblea y que hayan dos secretarias identificadas con cada fórmula: Adela de Terraf y Judith de Babot, que sorprendió a extraños (entiéndase por propios a los asambleistas) porque justificó la decisión de que el voto sea secreto y no nominal, tal como el oficialismo había hecho bandera.
El cerisolismo temía que, si imponía su postura, la asamblea se podía quebrar, con eventuales ausencias rossistas, y, por ende, la elección quedaría abierta a cuestionamientos jurídicos por falta de legitimidad. En el fondo, se conjeturaba que el voto nominal implicaba una reforma parcial del estatuto del a UNT. La noche del lunes terminó con humo blanco. La mañana del martes fue en paz, sin batahola ni escándalos, como debió haber sido, desde un principio, las elecciones universitarias.
Juan Alberto Cerisola saboreó el triunfo en el restaurante de calle San Martín. "Hay que empezar a reconstruir la UNT", dicen que arengó a la tropa, sin mencionar que ese proceso no arrancó con aquel polémico video. En esta nueva etapa, es posible que haya pocos sobrevivientes en el gabinete cerisolista. Oxigenación le llaman los políticos. También es factible que la nueva gestión sea acompañada de una profunda reforma del estatuto de la UNT.
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