21 Marzo 2010 Seguir en 
A los efectos de una captación mayor de fondos, distritos como Buenos Aires entendieron que los depósitos en cuentas corrientes debían ser tomados por el fisco, salvo si se prueba que no está sujeto a gravamen. Este sistema implica ’todo’ un trámite de impugnación y retención de impuestos. Los bancos retienen esa plata como si fueran operaciones de ingresos brutos. Tal vez se trate de otras transacciones o cambios de cheques y la mayor de las veces puede tratarse de compra de insumos y hasta pago de sueldos. ARBA retiene como si fuera ingresos brutos. Así se desvirtúa el principio de ese impuesto.
En las cuentas bancarias se está gravando todo esto, creándose un sinnúmero tremendo de créditos fiscales en favor de lo contribuyentes que no son reconocidos sino hasta que se comprueba que esos dineros son operaciones bancarias y no ingresos brutos. Lamentablemente, este sistema se está expandiendo hacia todas las provincias que se asemeja a una suerte de confabulación contra los contribuyentes.
Este sistema que aplica ARBA, en el que el contribuyente está obligado a hacer infinidades de alegaciones y probanzas, acarrea dos consecuencias: termina siendo una retención indebida y está devengando una serie de intereses que los fiscos no lo reconocen, mucho menos el lucro cesante o el daño emergente producido por el paso del tiempo. Estos sistemas, que deben ser eliminados, generan una maraña impositiva que convierten al contribuyente en un esclavo de las diligencias burocráticas por la sola comodidad del fisco para tomar dinero de una fuente que no le pertenece. Esto que puede terminar por perjudicar a las provincias tal vez termine con la eliminación de Ingresos Brutos y en su transformación en un impuesto de Patente. La retención no es más que una exacción ilegal que, en muchos casos, constituyen delitos de acción pública. (Especial para LA GACETA)
En las cuentas bancarias se está gravando todo esto, creándose un sinnúmero tremendo de créditos fiscales en favor de lo contribuyentes que no son reconocidos sino hasta que se comprueba que esos dineros son operaciones bancarias y no ingresos brutos. Lamentablemente, este sistema se está expandiendo hacia todas las provincias que se asemeja a una suerte de confabulación contra los contribuyentes.
Este sistema que aplica ARBA, en el que el contribuyente está obligado a hacer infinidades de alegaciones y probanzas, acarrea dos consecuencias: termina siendo una retención indebida y está devengando una serie de intereses que los fiscos no lo reconocen, mucho menos el lucro cesante o el daño emergente producido por el paso del tiempo. Estos sistemas, que deben ser eliminados, generan una maraña impositiva que convierten al contribuyente en un esclavo de las diligencias burocráticas por la sola comodidad del fisco para tomar dinero de una fuente que no le pertenece. Esto que puede terminar por perjudicar a las provincias tal vez termine con la eliminación de Ingresos Brutos y en su transformación en un impuesto de Patente. La retención no es más que una exacción ilegal que, en muchos casos, constituyen delitos de acción pública. (Especial para LA GACETA)
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