18 Marzo 2010 Seguir en 
Con lo que cuesta la carne, los integrantes del plantel de Atlético ajustarán sus relojes y estarán más atentos a la hora. Tres futbolistas "decanos" pagaron una multa por impuntuales: un asado para todo el plantel.
Juan Pablo Pereyra, Matías Villavicencio y Fabio Escobar llegaron tarde la semana pasada y debieron comprar la comida y la bebida para que almorzaran todos. En total fueron 22 kilos (entre carne y pollo), tomate, lechuga, pan y dos fardos de gaseosas de tres litros. "No llevaron el postre, se olvidaron y quedaron en deuda. Espero que lo paguen", enfatizó un compañero, que prefirió mantenerse en el anonimato para no recibir "represalias".
El pago de una multa por llegar tarde a los entrenamientos fue impuesta por Héctor Rivoira. Los jugadores compraban sandwiches o masas para todo el plantel y comían en el vestuario. Y, como era de esperarse, en tiempos de inflación el castigó también se incremento.
La modalidad cambió y por sugerencia del entrenador, Mario Gómez, el castigo es un asado para todos. "En estos momentos difíciles sirve que los muchachos compartan más tiempo. El almuerzo fue una excusa para unir al grupo", destacó un colaborador del cuerpo técnico.
Salvador Mónaco y Ricardo Salomón fueron los asadores. La comida se sirvió a las 12 y a las 13.30 todos partieron, con la panza llena, a sus respectivos hogares.
Los "decanos" estaban acostumbrados a compartir este tipo de encuentros. Durante la temporada de la "B" Nacional las reuniones se realizaban en el albergue de Central Norte o en la casa de Salomón. Rivoira, sus ayudantes, el cuerpo médico y los auxiliares, también organizaban sus propios asados. Primero lo hacían en Unidad Sionista, y después en el Monumental.
"Lo pasábamos muy bien y ahora por suerte volvimos a hacerlo. Fue una buena excusa para estar juntos y, si llegamos a ganar, no tengo dudas de que la repetiremos", destacó un jugador.
Juan Pablo Pereyra, Matías Villavicencio y Fabio Escobar llegaron tarde la semana pasada y debieron comprar la comida y la bebida para que almorzaran todos. En total fueron 22 kilos (entre carne y pollo), tomate, lechuga, pan y dos fardos de gaseosas de tres litros. "No llevaron el postre, se olvidaron y quedaron en deuda. Espero que lo paguen", enfatizó un compañero, que prefirió mantenerse en el anonimato para no recibir "represalias".
El pago de una multa por llegar tarde a los entrenamientos fue impuesta por Héctor Rivoira. Los jugadores compraban sandwiches o masas para todo el plantel y comían en el vestuario. Y, como era de esperarse, en tiempos de inflación el castigó también se incremento.
La modalidad cambió y por sugerencia del entrenador, Mario Gómez, el castigo es un asado para todos. "En estos momentos difíciles sirve que los muchachos compartan más tiempo. El almuerzo fue una excusa para unir al grupo", destacó un colaborador del cuerpo técnico.
Salvador Mónaco y Ricardo Salomón fueron los asadores. La comida se sirvió a las 12 y a las 13.30 todos partieron, con la panza llena, a sus respectivos hogares.
Los "decanos" estaban acostumbrados a compartir este tipo de encuentros. Durante la temporada de la "B" Nacional las reuniones se realizaban en el albergue de Central Norte o en la casa de Salomón. Rivoira, sus ayudantes, el cuerpo médico y los auxiliares, también organizaban sus propios asados. Primero lo hacían en Unidad Sionista, y después en el Monumental.
"Lo pasábamos muy bien y ahora por suerte volvimos a hacerlo. Fue una buena excusa para estar juntos y, si llegamos a ganar, no tengo dudas de que la repetiremos", destacó un jugador.
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