"Aquí les dan de todo, y lo único que les piden es que no vuelvan más a la calle"

Un grupo de adolescentes que asiste al Centro de Día del Ministerio de Desarrollo Social cuentan cómo cambiaron. María dejó las drogas, y ahora se dedica a cuidar a su hija. Chicho no quiere hablar del pasado, y disfruta la computadora.

EN EL TALLER. Los chicos que concurren al local de avenida Francisco de Aguirre al 600 llevan a cabo tareas manuales o aprenden algunos oficios. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
EN EL TALLER. Los chicos que concurren al local de avenida Francisco de Aguirre al 600 llevan a cabo tareas manuales o aprenden algunos oficios. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
15 Marzo 2010
El pelo teñido de rubio, las cejas prolijamente depiladas y muy finitas, las uñas impecables, las zapatillas de marca... María ya no es la misma adolescente que limpiaba los vidrios en los semáforos de la avenida Mate de Luna. "Ya no me drogo, como lo hacíamos todos los que andábamos por ahí. Ahora me dedico a mi hija, que tiene tres años, y trato de que no le falte nada. A la calle no vuelvo ni atada. Se corre mucho peligro", afirma con voz segura la joven madre, a quien, hace algunos años, Pablo Buabse invitó a integrar el equipo de la revista "Volantín", que ahora se llama "Barrilete".

En avenida Francisco de Aguirre al 600 funciona el centro de día del Programa de Chicos en Situación de Calle, de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social. Desde allí, 18 operadores salen todos los días a buscar chicos que limpian vidrios, venden baratijas o piden limosna. Con estrategias de acercamiento se los invita al centro, que funciona de 8 a 22, en dos turnos, para que participen de los talleres de artesanías, periodismo, arte, cocina y vivero, entre otros.

En el local, los chicos reciben las cuatro comidas y una beca de $ 250 por mes a cambio de que no vuelvan a la calle. "Aquí te dan de todo, hasta los cospeles, para que te manejés sin problemas. Además siempre te están dando cosas para llevar", cuenta María a la salida del taller, después de almorzar. "Ahora llego a mi casa, estoy con mi hija y la ayudo a mi mamá en las cosas de la casa. ¿Trabajar? No, para nada", dice con una sonrisa serena.

"El objetivo es que los chicos vuelvan a la casa y a la escuela, por eso también trabajamos con la familia. A veces necesitan que les gestionen el DNI, un plan social o una pensión", explica la directora de Niñez y Adolescencia, Fátima Forte. "Muchas veces el niño no quiere volver a la casa porque hay violencia. Entonces, hablamos con los padres y buscamos una alternativa para que el chico no esté en la calle; puede ser la casa de un pariente o de un vecino. Cuando no es posible, y en última instancia, se acude a un instituto de menores, que no es lo ideal", aclara.

El programa se inscribe dentro de la línea de acción "Restitución de derechos y cuidados en ámbito familiar alternativo o institucional".

A veces los operadores son alertados por vecinos a través de la línea 102 del Niño. "Nos avisan que hay un chico drogado o golpeado, tirado en la vereda, y nos movilizamos inmediatamente. Se lo traslada hasta el centro de salud más cercano, donde es revisado y, si hace falta, es internado para su desintoxicación. Si no se encuentra a la familia, se lo aloja en un instituto provisoriamente", detalla Forte. "Cada fin de semana hay dos o tres ingresos a los hogares", revela.

"Es indomable"

Los hermanos David y Rafael, de 12 y 14 años, respectivamente, saben lo que es caminar días y días sin rumbo fijo y dormir en cualquier lado. No van a la escuela. "Una vez andaba caminando yo solo por el cerro. Parece que alguno me había visto, y ahí nomás ha llamado a la policía. Me han llevado a la comisaría", cuenta David, mirando de reojo la cara que ponían los demás al escuchar el relato, al tiempo que pintaba un garabato sobre la mesa de dibujo. En la terminal de ómnibus él y su hermano conocieron al "chico de la paloma", un adolescente de 14 años y aspecto de niño. Suele sentarse en la vereda de la iglesia de San Francisco o en la peatonal Muñecas a jugar con un ave que le camina el cuerpo hasta la cabeza. El público se para a mirarlo. Ultimamente se lo veía con un patito. "Ese chico estuvo aquí, pero se escapó. Tiene familia, pero le gusta la calle, es indomable", comenta un operador del programa

Víctor tiene 18 años y pinta entusiasmado un dibujo. "Yo me perdía, porque andaba drogado por ahí, hasta que me trajeron para acá. Estoy aprendiendo albañilería; me gusta la construcción. Pero no me hablés de la escuela, no sirvo para eso", sonríe.

Marcela, de 18 años, promete inscribirse este año en la escuela (quizás desconociendo que las clases ya comenzaron). Luce un pearcing en la nariz, se ha maquillado prolijamente y ha peinado a lo flogger. Cuenta que tiene 13 hermanos, de entre 22 años y un año y medio, y que de las siete chicas que van al centro, es una de las dos que no tiene hijos. Las demás tienen entre 18 y 21 años y ya son madres de uno o dos hijos. "Yo trabajo un día a la semana en una casa de familia, y el resto del tiempo hago talleres y cuido a mi hermanita que tiene Síndrome de Down", dice con cierta formalidad, como si estuviera rindiendo examen.

Su hermano, tan "producido" como ella, espera el turno de su entrevista. Una parte del pelo le cae lacio sobre la frente, hacia un costado, y en la coronilla, se levantan las puntas engeladas. Un aro le brilla en la oreja, y en los pies, un par de zapatillas que serían la envidia de cualquier chico de barrio Norte. Chicho reconoce que hay dos cosas que le gustan del centro de día: el taller de periodismo y manejar la computadora. De su vida en la calle, prefiere no hablar.

María no entiende cómo hay chicos que salen corriendo cuando ven la trafic de la Dirección de Familia: "creen que los van a encerrar. No saben que aquí les dan de todo, y que lo único que les piden es que no vuelvan a la calle. Pero ellos ya están curtidos, yo también era así... tienen miedo".

Beneficios y otros detalles
Las mismas caras.- "Hay muchos hermanos o primos. Tenemos identificadas entre 25 y 30 familias que mandan los chicos al centro o a las avenidas. El número es fluctuante. Varía entre 140 (el total del relevamiento realizado por la Dirección de Niñez y Adolescencia) y 200, aunque nunca llegan a reunirse todos. El número crece en ciertas épocas del año, como las Fiestas. De los 140 chicos, un 60% está en la calle permanentemente" (Fátima Forte).

Drogadicción .- Cuando los chicos tienen problemas de adicción son reticentes a dar sus datos personales. Los adictos son derivados al hospital.

Articulación.- La Dirección de Niñez y Adolescencia trabaja en un proyecto de articulación con el CAPS, la escuela y las organizaciones más significativas de cada zona para formar una red de contención.

Diferencias.- "Siempre que hay un niño aparece el adulto por atrás. Esto hace que uno tenga que empezar por la familia, y enfrentar una cuestión cultural, que pasa de generación en generación. Con el adolescente es diferente. Le ofrecés murga, baile y es más fácil que acepten la propuesta de salir de la calle, porque manejan muchos códigos grupales, entonces si entra algún referente, los demás también. En el caso del adulto que está detrás del chico, está presente el intercambio. ’No lo mando a la calle, pero me tenés que cumplir tal cosa’". (Ana Véliz)

Contraprestación.- Se ayuda a las familias con subsidios, pero se les pide, como contraprestación, que los chicos no estén en la calle. Se les hace firmar un acta, pero a menudo los chicos vuelven a la calle, y los operadores deben volver a hablar con la familia y se la intima a cumplir el contrato. Cuando la familia insiste en su actitud, se envía el caso a la Justicia.

Más subsidios, menos plata.- Hasta enero 25 chicos recibían de la Provincia $ 350 por mes. A partir de este año cobrarán $ 250 de la Nación. Los beneficiarios serán 70.

u Restitucion de derechos.- El Programa Chicos en Situación de calle se enmarca en la línea de acción "Restitución de derechos y cuidados en ámbito familiar alternativo o institucional".

u procedencia.- Un estudio realizado por la Dirección de Niñez y Adolescencia detectó que los chicos provienen de los barrios Alejandro Heredia (15 niños), Aguas Corriente (12 ), Costanera Norte (20), El Bosque, de Alderetes (3), El Sifón (20), La Bombilla

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