"Seguimos hablando de las mismas cosas"

Análisis.

Por Jorge Figueroa 09 Marzo 2010
"Seguimos hablando de las mismas cosas". Con estas pocas palabras sintetizó Ricardo Darín las relaciones entre "La historia oficial" y "El secreto de sus ojos", las dos películas argentinas ganadores de un Oscar. Históricamente, el filme de Luis Puenzo (premiado en 1986) se ubica inmediatamente después de los años de la dictadura militar y, se conoce, se trata de una mujer que comienza a preguntarse acerca de la verdadera identidad de su hija adoptada. Entonces, todo hizo suponer que, más allá de las calidades técnicas, la Academia había premiado la lucha política y el juicio a las Juntas Militares (1985); parecía un guiño al debutante régimen constitucional, apenas tres años después de las elecciones. "El secreto de sus ojos", por el contrario, se plantea en un tiempo previo al golpe militar: el guión de Eduardo Sacheri y Juan José Campanella, está ambientado en 1974-1975, los dos años previos a la última dictadura, cuando gobernaban el país Juan Domingo Perón (fallecido en 1974), y luego su tercera esposa, María Isabel Martínez de Perón: el período que marca el auge de la Triple A. Un atento crítico, Javier Porta Fouz (de la revista especializada "El amante") escribió en septiembre del año pasado: "es muy difícil no ver que por estos días el peronismo y el antiperonismo en sus variantes prepotentes, exasperadas, gritonas, crispadas y trasnochadas que están más que vigentes. Salvando las bienvenidas y enormes distancias entre las épocas, no es descabellado pensar que la llamativa reubicación del tiempo de los hechos que propone esta película es uno de los motivos de la conexión, consciente o inconsciente, con el alma de nuestro tiempo", agregó desde la publicación. Las "mismas cosas", al decir de Darín, no son otras que la represión, la tortura y el genocidio, temas que la sociedad no ha resuelto todavía, y por eso, al igual que le sucede a los protagonistas de "El secreto de sus ojos", aparecen como fantasmas del pasado; fantasmas que siempre están por-venir, que asechan aquí y allá y que, entre visibles e invisibles, impiden un duelo. Está claro, entonces, que, desde distintos abordajes políticos e, incluso, lenguajes cinematográficos, tanto Puenzo como Campanella han enfocado su cámara en la sociedad. Que Hollywood los haya premiado tiene varias lecturas, sobre todo en estos tiempos de imperio de lo políticamente correcto.

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