En los desfiles militares de comienzos del siglo que pasó, el público solía aplaudir con entusiasmo el paso del teniente coronel Cristóbal Araujo, a caballo y en uniforme de gala, con el pecho constelado de medallas. Fue Araujo el primer jefe y fundador del Cuerpo de Bomberos de Tucumán.
Santiagueño de origen, ni bien graduado de bachiller se radicó entre nosotros. Ingresó en 1892 como "soldado distinguido" al antiguo "Cuerpo de Vigilantes" o "Cuerpo de Seguridad", que custodiaba la Cárcel. Actuó con coraje en defensa de las autoridades, en la sangrienta revolución de 1893. En 1898, el gobernador Lucas Córdoba fundó el "Cuerpo de Bomberos", en el que refundió a los vigilantes. A su frente fue puesto Araujo, y lo llevó a un alto grado de eficacia y de organización. Más tarde, en 1903, se encargó de organizar el "Escuadrón de Seguridad". Fue un implacable perseguidor de criminales y de cuatreros.
Con riesgo de su vida, dirigió la lucha contra el fuego en grandes incendios, donde llegó a recibir heridas graves, y condujo memorables operaciones de salvataje. Fue reiteradamente condecorado y felicitado. Compuso un estudio comparativo de todas las unidades de bomberos del país, titulado "Cuerpo de Bomberos", que la Provincia editó en 1912. Verdadero ídolo de sus subordinados, que lo veneraban por su energía y por su comprensión, Araujo estuvo al frente de los bomberos hasta 1917. Falleció en Casilda, Santa Fe, el 14 de mayo de 1920. Sus restos se trajeron a Tucumán y fueron sepultados en una imponente ceremonia.
Una calle de nuestra ciudad debiera llevar el nombre de este distinguido servidor público, que fue un infatigable cumplidor de su deber.
Santiagueño de origen, ni bien graduado de bachiller se radicó entre nosotros. Ingresó en 1892 como "soldado distinguido" al antiguo "Cuerpo de Vigilantes" o "Cuerpo de Seguridad", que custodiaba la Cárcel. Actuó con coraje en defensa de las autoridades, en la sangrienta revolución de 1893. En 1898, el gobernador Lucas Córdoba fundó el "Cuerpo de Bomberos", en el que refundió a los vigilantes. A su frente fue puesto Araujo, y lo llevó a un alto grado de eficacia y de organización. Más tarde, en 1903, se encargó de organizar el "Escuadrón de Seguridad". Fue un implacable perseguidor de criminales y de cuatreros.
Con riesgo de su vida, dirigió la lucha contra el fuego en grandes incendios, donde llegó a recibir heridas graves, y condujo memorables operaciones de salvataje. Fue reiteradamente condecorado y felicitado. Compuso un estudio comparativo de todas las unidades de bomberos del país, titulado "Cuerpo de Bomberos", que la Provincia editó en 1912. Verdadero ídolo de sus subordinados, que lo veneraban por su energía y por su comprensión, Araujo estuvo al frente de los bomberos hasta 1917. Falleció en Casilda, Santa Fe, el 14 de mayo de 1920. Sus restos se trajeron a Tucumán y fueron sepultados en una imponente ceremonia.
Una calle de nuestra ciudad debiera llevar el nombre de este distinguido servidor público, que fue un infatigable cumplidor de su deber.







